sábado, 31 de enero de 2009

¿HASTA DONDE ESTÁS DISPUESTO A LLEGAR?

¡Es la cabeza! Dicen los mentalistas. ¡Es su físico, ese privilegio! Clama la evidencia. ¡Es su mirada! ¡Es el peso de su bola! ¡Es el Tío Toni! ¡Es…! Es otra batalla ganada. Esta vez, la batalla más larga de la era Open en Australia. Y Verdasco, por supuesto, ha dicho que está orgulloso de su contribución. Es evidente que dos no agonizan si uno no quiere. Lo mismo le pasó a Federer en Wimbledon. Un parecido orgullo ¿Y se acuerdan de Guillermo, aquel fantástico Coria en la final de Roma 2005, posiblemente la batalla más agónica de la historia de la tierra batida? ¿Recuerdan aquel quinto set, con Rafa perdiendo 3-0, en el que todo parecía a favor del argentino? Bueno, no mencionemos mucho aquello… Hasta entonces hablábamos de Guillermo II de Argentina, aquel aspirante a conquistar la tierra de forma natural durante algunas campañas…
Una vez recuperadas las pulsaciones. Una vez guardados en la retina esos intercambios (de nuevo) imposibles, esas carreras de lado a lado, esos gestos de rabia, de alegría, de felicidad o agonía. Una vez resuelto el abrazo y apagados los focos tras otra cruzada (¿cuántas quedan?), les pido por favor que vengan a este lado de la red un instante. Se lo pido porque es el único lado lógico. Formen parte, será sólo un momento, de la estética del perdedor. Esta vez, Fernando. Ayer Coria. Casi siempre Roger. Sí, Roger, también tú. El domingo le podrás ganar un partido de tenis, pero difícilmente una batalla. Repite conmigo: Ave Nadal, los que solamente pretenden jugar un partido…
Ahora rápido, ¡rápido! No pierdan más tiempo. Vuelvan al lado de Rafa, participen de la épica. ¿Ya? Dibujen su media sonrisa, inclinen algo la cabeza, pongan los brazos en jarras, suban una ceja. Quietos. Ya lo tienen. Pero, por favor, no vayan más allá. Si lo hacen, les garantizo que se harán daño.

Diario Público, 31 enero 2008

jueves, 29 de enero de 2009

SEMIFINAL ESPAÑOLA EN AUSTRALIA

Mi cuñado francés siempre me gana al squash, pero eso a ustedes no les importa, y a Simon y Tsonga no les consuela. Hablemos entonces de la semifinal de mañana. Y primero de personas. Rafa acaba de decir a la prensa que fuera de la pista es un miedoso. A Fernando, sin embargo, casi siempre lo vemos subido en coches de alta potencia y cuidada línea estética. A Rafa tienen que robarle fotos con su novia de la pandilla en sitios inaccesibles, mientras Fernando aparece a menudo vestido de gala, mostrándose junto a bellezas en concurridas veladas. Arriesguemos. Como persona es evidente que Nadal pretende ser Rafel, mientras Fer quiere ser todo un Verdasco.
Bajemos a la cancha, allí donde no hay personas, sino niños resolviendo conflictos a raquetazos. ¿Cómo juega Rafel al tenis? Todos lo sabemos, porque jamás hubo nadie tan transparente como él sobre la pista. Cada uno de sus gestos es un derroche de potencia y de presencia, sin apenas interferencias entre nuestros sentidos y su corazón. “Vamos Rafa”, le animan; “soy Nadal –parece contestar- un respeto, por favor, que vengo a ganar un partido”. ¿Y los miedos? Ahora no, seamos serios: estamos jugando al tenis. Verdasco, mientras tanto, no aparentaba quejarse demasiado cuando le acortaban su nombre de pila tenística: “ánimo Fer, nadie juega como tú”. “¿Cómo estáis tan seguros?” Parecía querer transmitirnos con algún fallo a destiempo, y alguna mueca de impotencia.
Y entre juegos, sets, y partidos, Nadal llegó hasta el número uno, mientras Fer aterrizó en Mar del Plata. El premio para Rafa han sido una camiseta con mangas, y una nueva responsabilidad. Ahora, además de parecer imbatible, deberá serlo. El premio para Verdasco, un recuerdo de Copa Davis que guardó en su cabeza, en el lugar de sus dudas. Y nuestro premio de mañana, una semifinal entre dos hombres muy diferentes, y dos niños prácticamente inmejorables con una raqueta en la mano.

Diario Público, 29 enero 2008

miércoles, 28 de enero de 2009

LA ALTURA DE LA EXPECTATIVA

Un caluroso día de agosto en la sierra de Madrid, en el cambio de siglo, se jugaba la fase previa del torneo de El Espinar. En una pista vacía, Nacho Truyol, entonces un jugador emergente, le daba una clase a un jovencísimo Verdasco –más adelante fue su entrenador, uno de tantos-, hasta meterle la famosa ‘bicicleta’, un doble 6-0 en contra, en menos de una hora. Entre pelotazos de Fernando todavía sin control, me encontré con Vicente Ramos (ex jugador de la Selección Española de baloncesto en los años 60-70). Resulta que Fernando es mi sobrino, me dijo. Vaya repaso, ¿no? Apunté sin molestar. Sí, pero como Fernando juegan muy pocos al tenis, respondió; los que saben dicen que va a ser buenísimo.
Y Fernando creció. Y ‘los que saben’ a los que se refería Vicente, tenían que seguir apuntalando cada paso delante de los incrédulos. ¡Ay, si se lo creyera! Pero si es un top-50. Ya, pero su tenis es de top-15. Vale, pues ya está el 14. Sí, pero pierde lo importante. Pero jugará la Final de la Davis. Ya, pero sin Nadal…
Y ahora que ‘todos sabemos’, parece evidente la causa de su crecimiento tenístico: el partido de Mar del Plata. Le propongo que se prepare una respuesta enérgica que evite tanta reiteración ¡Evidentemente todo cambió aquel día en Mar del Plata… pues por fin uno de mis resultados llegó a la altura de vuestra expectativa! Por ejemplo.

Diario Público, enero 2009

lunes, 26 de enero de 2009

JOAN CREUS: UN TIPO DE FIAR

El relato breve más famoso del mundo, dice así: “cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Mientras a los demás nos daba tiempo a nacer, crecer, y jubilarnos, Joan Creus seguía allí. Veinticinco años como jugador profesional de baloncesto, más que una carrera deportiva es un ejemplo de vida. Y sus estadísticas acumuladas (20.217 minutos en cancha, cerca de 10.000 puntos sumando Primera División y ACB, 1.503 asistencias, 780 partidos jugados…)* podrían ser elevadas a unidad de medida. ¿A ti qué tal te fue? Bien, no me quejo, me quedé a 18 años, siete mil y pico puntos, y más de 1000 asistencias de ser Creus. ¿Y tú?
Pasé una mañana escuchándole hablar de su etapa de jugador. Sus primeros años los definió como los más competitivos de su carrera y los últimos como años de buen competidor. En ellos, se convirtió en un jugador mucho más eficiente. Dejó de obsesionarse con el objetivo final -que no estaba en sus manos-, dejó de pelearse con los rivales por la cuestión estadística, y centró todas sus energías en jugar minutos de óptima calidad física y mental. En su última etapa, por tanto, Creus era capaz de centrarse tanto en su tarea que tenía la sensación de que su juego fluía con la mitad de esfuerzo que cuando era más joven. Así de sencillo.
Con esta misma sencillez, ha venido ayudando a la selección nacional en verano a ganar diferentes metales, y nos ha enseñado desde la televisión a no perder detalle de lo que puede ocurrir en una cancha de baloncesto ACB. Ahora, asume la responsabilidad de manejar el futuro del Barcelona de baloncesto, y su primera decisión estratégica ha sido quedarse con un entrenador recién llegado, y gastarse mucho dinero en que Navarro se olvide de nuevos retos en la NBA.
Ramón Trecet nos dejó hace años una frase admirativa sobre la figura de Miguelo Betancor, aquel gran dinosaurio del arbitraje español. “¡Si lo ha pitado Miguelo, es que es falta!”. Pues eso: si lo ha decidido Joan Creus... Y reconozco que mi razón principal es una sincera admiración por la persona y el deportista.

Diario Público, junio 2008
(Lógicamente, el Barça 08-09, con Joan a los mandos de la nave, funciona como un reloj)


*fuente: wikipedia.

EL BALONCESTO A CIEN PUNTOS

En el siglo pasado tuvimos en España una revista llamada Nuevo Basket con la que muchos crecimos deportivamente. Aquello era orfebrería pura. La obsesión de un genial italiano llamado Franco Pinotti. Años después, la revista echo el cierre, pero duró lo suficiente para dejar poso en una generación entera de adolescentes. Supongo que muchos de ellos son los que de vez en cuando evocan los primeros partidos NBA retransmitidos por Ramón Trecet -aquellas noches ‘Cerca de las Estrellas’-, aunque Nuevo Basket era todavía anterior.

Su formato se prestaba al modelo americano de largas entrevistas, artículos enjundiosos y análisis estadísticos de páginas enteras: en definitiva, un placer para gente ávida de un mundo nuevo; el baloncesto de aquí y allá. En la revista de Pinotti algunos descubrimos las primeras fotos, noticias, crónicas y estadísticas de aquel mágico elemento, hoy tan cercano. Y uno recuerda detalles que llaman poderosamente la atención: por ejemplo, la cantidad de partidos que se jugaban con ambos equipos por encima de 120, 130, incluso 140 puntos en la ‘regular season’ NBA de los años ochenta.

Ese baloncesto ‘indefenso’, se replicaba por supuesto en España, con la llegada de mágicos restos de serie (Essie Hollis, Nate Davis, o Eddie Phillips, por citar tres nombres de culto) entrenados para atacar, como único modo de entender la profesión. Fueron años en los que los equipos vivían obsesionados con el aro contrario, y una regla curiosísima resumía su espíritu: al recuperar la pelota en fuera de banda o de fondo en el campo defensivo, podía ponerse en juego sin que el árbitro la tocara.

La semana pasada, el Madrid se fue hasta 114 puntos contra el Valladolid, y el Joventut ha vuelto a pasar de los cien anteayer. Como en Badalona parece estar de moda el estilo ofensivo de los ochenta, la gente de marketing de la Penya podría sugerir a Rudy que jugara un partido con los pantalones ceñidos y el pelo de pincho, como homenaje a Villacampa, la joven promesa que Nuevo Basket definía entonces como lo más parecido en España a un escolta NBA.

Diario Público, marzo 2008.

(P.s: lo recupero porque la Liga ACB acaba de batir su récord de puntos en esta jornada de 25 de enero de 2009)
TAU-Unicaja
100-90 Estad. Crónica Vídeo
Kalise G.C.-A.G. Fuenla
92-85 Estad. Crónica Vídeo
Pamesa V.-Regal Barça
61-80 Estad. Crónica Vídeo
CB Murcia-MMT Estu
78-99 Estad. Crónica Vídeo
DKV Jov.-ViveMenorca
92-74 Estad. Crónica Vídeo
iurbentia B.-Ricoh M.
97-93 Estad. Crónica Vídeo
Cajasol-Granada
73-65 Estad. Crónica Vídeo
R. Madrid-Bruesa GBC
110-100 Estad. Crónica Vídeo

sábado, 24 de enero de 2009

GASOL Y TEX WINTER

El baloncesto español solamente tiene un entrenador campeón de Europa absoluto de selecciones (por la gracia de Holden, ese ‘ruso’ de Pittsburgh que nos aguó la fiesta el verano de 2007). Se llama Manolo Coloma, y consiguió el título en Italia, hace tres lustros, dirigiendo a doce mujeres. Manolo morirá entrenador, aunque ahora no ejerza, y su pelo está adquiriendo un largo que refuerza su categoría de sabio en excedencia. Escucharle, por tanto, aparte de ser un placer es también una clase que sus amigos podemos recibir por lo que cuesta un café italiano, como le gusta tomarlo.
Comentábamos sobre entrenadores y su experiencia, cuando me dejó una perla que merece la pena contar. “Pablo, -me dijo-, los americanos nos siguen aventajando en una cosa: su respeto por el ‘staff’ técnico. A veces, la ‘arriesgada’ apuesta por un primer entrenador inexperto, tiene una solución muy sencilla. De los dos ayudantes, por lo menos uno ha de tener el pelo blanco y una vida en los banquillos”.
A finales de los 80, Cuando Gasol apenas tenía 10 años, Tex Winter, el mítico ayudante de Phil Jackson, y ‘obsesivo aplicador’ (que no inventor, como bien recalcó en un artículo Vicente Salaner) del triángulo ofensivo que ahora dominamos todos, tenía la edad de un jubilado y acumulaba seguramente más fracasos que éxitos en su carrera. Entonces, los Bulls ofrecieron el trabajo de primer entrenador a Jackson, que sólo había sido asistente NBA un par de años -pero jugador en la Liga más de diez- y le pusieron a Winter al lado. El objetivo era curioso: tenían que conseguir que Michael Jordan fuera campeón de una puñetera vez. Pero más curioso fue la manera en la que se distribuyeron el trabajo. Winter pintó el sistema ofensivo que llevaba más de cuarenta años perfeccionando, y Jackson se encargó de que MJ estuviera cómodo en él. Casi 20 años después, los libros y los piropos que recibirá Gasol seguirán siendo cortesía de su primer entrenador, pero la pizarra del perfecto ataque de los Lakers la seguirá emborronando, con 84 años ya, un veterano ayudante de pelo blanco.

Diario Público, marzo 2008

viernes, 23 de enero de 2009

LAS MANGAS, EL CUADRO, LA FORMA

Desde que el Open de Australia forma parte de la futura gloria del tenista, cosa que ocurre hace menos de dos décadas, los top del ranking empiezan la temporada con un nivel de estrés muy poco recomendable: necesitan ganar los partidos antes de alcanzar la forma. Y en tenis, la forma –sobre todo mental- es prácticamente lo único que acaba separando a los buenos de los muy buenos, y a éstos, de los mejores.
Se supone que diciembre y mitad de enero conforman la pretemporada del mundo del tenis. Y en el diseño de una pretemporada profesional, sobre todo en los tiempos que corren, está obligatoriamente incluida la participación activa del deportista en la campaña de marketing de sus patrocinadores. Pero si Nadal, o Federer, o Djokovic, se detienen diez minutos más de lo imprescindible a pensar en el color de la camiseta que les han dejado en el vestuario, con o sin mangas, saben que llegará Murray… o Roddick, o Tsonga, o Davydenko… o cualquiera del cuadro, y les quitará uno de los cuatro torneos que forman parte de su liga fantástica.
Cuenta McEnroe, en la biografía que lo recuerda como un gran personaje del tenis, que mientras Ivan Lendl se entrenaba como un poseso en diciembre y en Australia, él dedicaba ese mes a la familia, a la música y a la cerveza. Evidentemente, si hubiera un ranking de carisma en la profesión, el checo Lendl andaría muy por detrás de Big Mac, pero resulta que el ranking que cada vez se utiliza más para valorar la carrera deportiva de un tenista es el del número de torneos de Grand Slam conquistados, y en ese Lendl le aventaja por ocho (dos en Australia) a siete.
Por tanto, una vez finalizada la votación de las mangas de Rafa, los fans, recién salidos de las fiestas familiares, podemos analizar el cuadro del primer Grand Slam imbuidos del espíritu McEnroe, es decir con una cerveza en la mano y sin la necesidad de poner el contador a cero. La opinión, entonces, es que Nadal llegará fácilmente hasta semifinales. Pero el número uno no quiere oír hablar ni de rivales, ni de pronósticos. Lo único que quiere es imbuirse del espíritu de Lendl, para encontrar rápidamente es forma mental que lo separa del resto.

miércoles, 21 de enero de 2009

EL TENIS Y LA ILUSIÓN

Tengo que jugar el partido de tenis de los martes como sea. Es mi ilusión de cada martes. Una vez, en medio de mi recuperación de las rodillas, en una de las charlas con Leo, me explicó esa particular teoría de la ilusión. Yo creo que no es un término científico, pero se me quedó muy grabado. Me convenció de que cada día, cuando me levantara de la cama, el primer pensamiento obligatoriamente debía de ser sobre algo que me ilusionara. Le había contado que durante todos los años en los que me dolieron las rodillas, cada mañana lo primero que hacía era pensar en ellas, sentirlas, tratar de averiguar si ese día concreto me iban a dejar un poco en paz los dolores. Por lo visto, cuando actúas así, el resto del día está muy mediatizado por ese pensamiento. Durante años me levantaba con dolor, y todo alrededor era dolor. No siempre la gente lo notaba, por supuesto, y no todos los días sucedía, pero sí que me ocurría en una gran mayoría de ellos. Ahora, por ejemplo, los martes casi siempre me levanto pensando en el tenis, y en el partido que voy a jugar. Ah, una cosa importante, la teoría de la ilusión funciona cuando lo que creas por la mañana, ese primer pensamiento de algo que quieres hacer, o sobre alguien a quien apetece ver, o lo que sea, eres capaz de cumplirlo. Por eso, cada martes, muevo lo que haya que mover, negocio con quien haya que negociar, para cambiar la comida por ese partido de tenis. Por cierto, debo confesar que casi todos los días pierdo. Me fastidia, desde luego que me fastidia, aunque luego llego a casa y me encuentro estupendamente. ¿Cuál es tu ilusión?

HACIA HOSPITALET

(Enero de 1989. Un pívot y un base de 17 años van hablando en el autobús que les lleva hacia el torneo de Hospitalet)
-Menos mal que no vienen los del CAI que están con el Senior. –Pues no sé por qué, me gustaría que estuvieran. Con ellos también les ganaríamos. –Ni de coña. ¿Cómo pararíamos a Miguel Hernández? Es mucho más fuerte que Pajarón –Pues el año pasado le paramos con la zona de ajustes de Pepu. Además, seguir hablando de esto es perder el tiempo. Ni Hernández ni Dani Álvarez vienen… y tampoco viene Pepu. Por cierto, ¿no ves a Javi algo nervioso? –Yo no. Supongo que le habrán dado ánimos antes del viaje. ¿Crees que se llenará el campo? – En las semifinales y en la final, sí. – A ver si nos metemos. – Pero no seas tan agorero, tío, que el año pasado teníamos peor equipo y al final ganamos. – Vale, vale: pues a ver si repites MVP también. – Pues tú pásame dentro, y tendré posibilidades. – ¿Y qué hago con Alfonso? Si te parece le digo que te las voy a pasar para que ten den el trofeo… y definitivamente me parte un brazo. – Pues creo que no es al único al que tienes mosca; ‘Joe’ y Pajarón le han dicho a Corcelles que cuando juega Carlos también reciben más balones. - ¿Y qué quieres que haga? Si a Carlos no le mola tirar es su problema: yo, cuando puedo, me las chupo como todo el mundo, ¿o es que los bases no podemos tirar? – Yo no he dicho eso. A mí como si te las tiras todas, tú sabrás, si Javi te deja… - El que me han dicho que se está saliendo es Esteller en el IFA… y eso que es del 72. – Ya, pues Galilea también es del 72 y te hizo un traje la semana pasada. – No me vas a picar. Me las metía porque los de dentro no ayudabais nunca en los bloqueos. Por cierto, Tomás te cogió 7 rebotes en ataque y no he dicho nada. – A mi no, listo, que le defendió más Alfonso que yo. – Bueno, ya vale. ¿No te molaría un huevo ganarlo otra vez? Y luego a por el Campeonato de España… ¿¡¡Jefe, cuándo llegamos!!?

Diario Público, enero 2008

domingo, 18 de enero de 2009

EL LISTÓN DEL NÚMERO UNO

El tenis y el golf viajan de la mano en cuatro momentos concretos de sus respectivas temporadas, sus torneos “Grand Slam”, que sirven para concentrar al espectador alrededor de la gloria. En ellos, la victoria es mucho más que un trofeo y un gran cheque. Ganar Wimbledon, por ejemplo, eleva la clase social del jugador para siempre, con detalles como ese exclusivo vestuario de campeones al que Nadal aspira a entrar en pantalones-pirata.
En ambos casos está muy definido además el concepto de ‘cuarto grande’. En el golf le corresponde al Open de la PGA y en tenis al recién finalizado Abierto de Australia. Su paralelismo es todavía mayor, pues normalmente se distinguen por lanzar nuevos nombres a la arena de aspirantes a número uno. Sucedió con Sergio García en 1999, cuando, con 19 años, puso en aprietos a Tiger Woods en la última jornada de un PGA recordado por aquel golpe imposible detrás de un árbol, y acaba de suceder en Melbourne, con la sorprendente eliminación de Federer y Rafa en semifinales. Aprovechando su victoria, Djokovic ha reivindicado el sitio que le corresponde en la foto, mientras Tsonga, cuyo físico de Mohamed Ali es un regalo de marketing para la ATP, se posiciona al lado de Murray y Gasquet como raquetas al acecho de un grande.
Frank Deford, uno de los mitos de la revista Sports Illustrated, dice en uno de sus últimos artículos que “en el deporte, el presente está jugando permanentemente contra el pasado”. E históricamente, tanto en tenis como en golf, se aprovechaban estos picos del calendario para actualizar el debate sobre la sucesión al trono del número uno. Un debate que Federer había cerrado con llave los tres últimos años, y Woods prácticamente desde su nacimiento. Estamos, según Deford, “tal vez ante los dos mejores individuos que jamás hayan empuñado una raqueta o cogido un palo de golf entre sus manos”. Dos atletas tan capacitados que al final de sus carreras dejarán el listón a una altura de vértigo para las siguientes generaciones. Como dice Deford. “A veces, no es que los hagan como los de antes, es que los hacen todavía mejores”.

Diario Público, enero 2008

sábado, 17 de enero de 2009

TIRAR Y METER

¿Cuál es la diferencia entre un buen jugador de baloncesto y uno malo? Prueben a realizar la pregunta delante de un número representativo de entendidos de nuestro deporte. Podrían garantizarse un amplio número de respuestas: les aporto una, por si quedó fuera del amplio espectro. “La diferencia entre un buen jugador y uno malo, es que el bueno normalmente tira y mete, y el malo normalmente tira y no mete”. Les aseguro que cuando me tocó responder, hace años, ni se me pasó por la imaginación: y eso que ya me pagaban por jugar. En mi descarga diré que tuve que responder después de una derrota, y supongo que las excusas no me dejaron ver el norte. Me acuerdo que luché por imponer mi criterio sobre las causas de un mal partido. Quizá empecé hablando de un mal arbitraje, para seguir por los errores del entrenador, antes de cerrar el catálogo de posibles justificaciones con algún pívot incapaz de finalizar un ataque, o con el alero que desperdiciaba balones. Seguramente todo era verdad, pero mi interlocutor seguía en sus trece: “tirar y meter, o tirar y no meter, Pablo; no te enrolles, esa es la diferencia: el bueno tira y mete”.
Y entonces me hablaba de Larry Bird, el ídolo de tantos que soñaron siempre con un juego simple, incompatible con cualquier excusa de aquellas que pretendían justificar un mal partido. Y es que la historia de aquel rubio alto, lento, serio, incapaz de elevarse por encima de nadie, comienza por una canasta en un pueblo de Indiana en la que ni siquiera se podía botar el balón en el suelo; sigue en el silencio de los pabellones vacíos en horarios intempestivos, y termina en la soledad del vestuario tras la estúpida derrota, o la tranquilizadora victoria.
Un jugador, solo, ante un objetivo concreto: lo demás son conservantes y colorantes.

miércoles, 14 de enero de 2009

LOS EMPAREJAMIENTOS Y BILL MURRAY

Nos lo tomamos a broma, aviso de que seguramente no seré el único que haga la referencia, y pido perdón de antemano pues una parte importante de la aportación de alguien que –supuestamente- sabe de algo debe estar basada en la originalidad del comentario.
Pero no me digan que el próximo sorteo de los emparejamientos de la Copa del Rey no quedaría perfectamente contado por aquel gran Bill Murray que, en la película El Dia de La Marmota, se levantaba cada mañana con el mismo escenario –y las mismas escenas- del día anterior. Comprenderán, comprendemos, que por mucho esfuerzo que se ponga no es posible vender el enésimo partido de primera ronda Madrid-Barcelona como el cruce del siglo. Bill pondría esa cara que sólo sabe poner él, e inexpresivamente comentaría: amigos, es otro Madrid-Barça. Disfrútenlo. Y seguro que sale bueno, porque La Copa, ese gran invento, lo potencia todo. ¿Será mejor el Cruce de la Marmota que el Tau-Pamesa, o que ese nostálgico Estudiantes-Joventut que a todos nos traerá recuerdos del pelo largo? Pregunten en otra columna, porque en esta no lo sabemos. De hecho, algún año, y por qué no éste, una franquicia bien plantada en ‘su’ liga (y que las comillas sustituyan ese indefinido concepto tan español de los equipos grandes/pequeños; pongan al Gran Canaria donde les apetezca), pasará la primera ronda, y pasará la segunda, y ganará la final. Pero el mismo hecho (ese ‘fact’ que emplean en USA ante los grandes acontecimientos deportivos) dice que este es el torneo de Aíto, que en Unicaja lo saben, y que los demás no sólo lo saben… sino que lo temen. Entiendan, por último, que no se debe entrar en análisis de mucha más enjundia a 13 de enero, sobre una cosa que sucederá el 19 de febrero. Lo mismo de aquí a la semana del torneo el Estudiantes gana todo lo que juega y a Murray lo vuelven demente.

Diario Público, 13 enero 2009

domingo, 11 de enero de 2009

EL HOMBRE QUE SABIA DEMASIADO

“Pablo, la razón es narrativa”, me solía apuntar cuando –como es habitual- me iba por las ramas, y supongo que lo seguirá haciendo porque no creo que perdamos el contacto. Al fin y al cabo, sólo se ha retirado del baloncesto, pero no parece sencillo que pueda dejar de ser mi hermano. Hay cosas, menos mal, que no dependen ni de su voluntad, ni de mis méritos. Gonzalo Martínez, Gonzalito para los de Estudiantes, o G-MAN en Gran Canaria (hay vestuarios más modernos que otros), se ha vuelto a adelantar a los acontecimientos: esta vez, se adelantó a su último contrato deportivo. Vio más allá –como es habitual-, analizó el problema, y tomó una decisión. Seguramente de nuevo la correcta. Es la historia de su vida, qué se le va a hacer. La historia de un privilegiado individuo que ha venido utilizando montones de herramientas sobre las que apoyarse y no dejar de crecer. Y uno, que le ha podido seguir de cerca, que se tiene por curioso y que además lo admira, a veces se preguntaba: ¿no se le quedará escaso este superficial juego del baloncesto? La respuesta era evidente. No, porque siempre lo supo vivir del modo correcto. Gonzalo ha sido uno de esos pocos elegidos capaces de jugar y disfrutar con el baloncesto cuando tocaba jugarlo y disfrutarlo; de sufrirlo, estudiarlo y usarlo como una prueba de superación cuando las lesiones venían de visita y decidían quedarse muchos meses en casa; de sacarle rendimiento profesional cuando llegaba el momento, sin ocupar entonces ni un minuto más del preciso en recordar lo que terminaba, ni uno menos del necesario para descodificar el nuevo reto. Y esa ¿inteligencia emocional? Sí, esa (vayan a Wikipedia y verán, si no me creen) ha sido la que, evidentemente, ha terminado provocando reacciones de admiración y de culto por un jugador capaz de calar en la profesión como pocos. “No ha habido un base como él en las dos últimas décadas en Estudiantes”, se lee la red. Y se supone que están hablando de baloncesto. Pero, resulta, que están hablando de algo más cuando otro aficionado recuerda cómo lo felicitó después de un partido ganado fuera de casa, y Gonzalo, sonriendo, respondió: “no hombre, no, es nuestro trabajo; gracias a ti por haber venido a vernos”. Tanto una imagen como la otra son, seguramente, sucesos agrandados por el paso del tiempo, a los que Gonzalo no prestaría demasiada atención, por irreales. Si me dejan hacerlo por él, les diré que ambos, en realidad, se están refiriendo a lo mismo: a su capacidad de hacer lo correcto en el momento preciso, y esa capacidad, queridos futuros deportistas, sirve tanto para meter las 10 o 15 canastas con las que sus equipos lo han tenido que sacar a hombros durante su carrera deportiva al ser, tal vez, el mejor jugador de últimos minutos –libra por libra- en el baloncesto español de estas dos décadas (a mi que me registren, y que le pregunten a Creus, que era el que gritaba en televisión que por favor lo entrevistasen después de evitar el descenso de Estudiantes con la victoria frente al Menorca; su último servicio al colegio que lo educó), como para darse cuenta de su papel dentro de una institución deportiva, que lo llevaba a comportarse sin alardes (“¿tú puedes entender, Pablo, como es posible que un jugador que mete una canasta, se gire a la grada y se la dedique a su prima del quinto anfiteatro…cuando tiene cuatro compañeros en el campo y seis en el banco que llevan meses pasándolas canutas junto a él, coño?”) pero sin ausencias ante el reclamo de aquellos que pagan por el espectáculo (su concentración en el campo, con sus compañeros, y fuera de él, hacia sus aficionados, era exactamente la misma).
Os dejo con la mejor noticia de todas, para cualquier futuro jugador que quiera cogerla al vuelo: “los privilegios se consiguen a base de esfuerzo y constancia, Pablo”. Jamás me lo ha dicho así, pero soy su hermano y sé que lo está pensando.

PRIVILEGIADOS.

Ganarse la vida jugando al baloncesto es sin duda un privilegio. El juego es uno, pero las especialidades varias. Los que más suelen disfrutar son los mete-puntos. Y eso que desde hace tiempo escasean estadísticas como la de Rudy del sábado: 34 puntos con 23 tiros a canasta; quién los pillara. Anotar se complica cada vez más, aunque los niños, en los entrenamientos, supongo que seguirán soñando con tirar mucho y meter siempre. En un segundo nivel de privilegio deberíamos colocar a los que organizan. Sobre todo cuando el entrenador delega claramente los galones con mando en cancha. Quizá este tipo de jugador no siempre lo pase tan bien como el que tira cuando quiere, pero les aseguro que se puede disfrutar bastante con ese desempeño.
En un tercer peldaño necesariamente aparecen los que se pegan dentro y fuera. Los fuertes. Aunque fuertes ahora están todos, nos estamos refiriendo a los que cobran fundamentalmente por rebote, bloqueo, defensas de máxima exigencia, y otros trabajos de grueso trazo. La camiseta de todos estos jugadores es la que más pesa al final de cada partido, porque a veces el privilegio hay que sudárselo.Finalmente, quedaría un cuarto tipo de jugadores, encuadrados en alguno de los tres niveles anteriores, pero que acaban por ser reconocidos en la profesión por un cometido muy específico. En USA los llaman ‘Clutch Players’. Los ‘gana-partidos’, en dos palabras. En mi caso, crecí soñando con ser Isiah Thomas, o Dennis Johnson, dos de los más reconocidos en la mítica NBA. Pero nunca imaginé que uno de esos privilegiados acabaría siendo mi hermano Gonzalo, base de Estudiantes, que lleva 13 años en ACB siendo el mejor aliado de sus entrenadores en los minutos de vida o muerte. Su penúltima aportación, la canasta ganadora y el robo de balón en los últimos 5 segundos del Estudiantes-León, parecen haber cambiado la racha de su equipo, que ha ganado también esta semana en Menorca, con otra remontada de infarto. Como es bajito y pesa poco, lo mismo algún día lo sacan a hombros de un pabellón.

Diario Público, enero 2008

APRENDER A GANAR

Lo más difícil del baloncesto, sin duda. Lo más difícil de cualquier deporte. ¿Se puede enseñar a un jugador a ganar un partido? Se le puede enseñar la técnica del juego, la defensa, el ataque, el pase o el tiro, pero sólo unos cuantos privilegiados consiguen entender el cómo y el porqué de una victoria.
Esos jugadores valen mucho dinero. Cuando se da la circunstancia de que se juntan varios en el mismo equipo, difícil será para el contrario. Estos jugadores tienen una cualidad que los distingue del resto: su concentración permanente en el juego. Desde que ponen el pie en el parqué, sólo tienen un objetivo. Sin más. Sin muchos adornos, sin concesiones al lucimiento más allá de las estrictamente necesarias, pero con la idea muy clara; qué hacer para que el equipo gane.
Ser un buen jugador de baloncesto no significa tener esta cualidad ni mucho menos. Es más, en un deporte tan estético como el nuestro, no todo el mundo es capaz de valorar esta especial virtud. Para definir a un jugador se suele utilizar una serie de hechos tangibles que aporte al juego. Por ejemplo que es muy buen tirador, que es un excelente pasador porque va el primero en asistencias, que su defensa es magnífica y además sin faltas, que tiene un sentido para el rebote como pocos -lleva trece por partido-...
Y sin embargo, en todas estas definiciones referidas a la estadística, o a la estética dentro de la pista, que también se utiliza (me encanta como juega, nadie tiene un tiro tan bonito, es muy elástico –sí, sí, leen bien: “¿Qué tal es fulano?” “Es muy elástico”, fue la respuesta-, es un placer verle jugar...), sin embargo, digo, casi siempre se echa en falta esa referencia a la capacidad del jugador para ganar los partidos. Pocas veces uno escucha, dentro de los análisis más complejos, algo que debería resultar clave para la valoración de un jugador: si ese jugador sabe cómo y por qué se gana un partido.
En teoría todos los jugadores, al menos los de primer nivel, deberían saber qué es lo que está ocurriendo sobre la pista, y cuál debería ser su aportación para el único objetivo final. Pero entonces esta cualidad tan especial ya no sería valorable. En la práctica, solamente unos cuantos privilegiados son capaces de adelantarse a un partido, gracias a su impagable concentración y a su despego por todo lo que no sea importante. Y como lo único realmente importante para ellos es ganar, pues para eso se ponen al servicio del equipo. Sin ellos el equipo será bueno o malo, con ellos, además, ganará partidos. Son pocos, pero realmente privilegiados. Y necesarios.

Publicado hace algunos años en Sportsya.com

HUELVA EN MIS RECUERDOS

Una de las cosas más bonitas que puede suceder en esto del deporte profesional, es ésta: imaginad que, trascurrido un tiempo, pasada ya la página de ponerse las zapatillas todos los días, para ganarse mal que bien los duros tratando de ordenar en la cancha a cuatro compañeros –cosa que costaba un mundo, por cierto-, le piden a uno escribir unas palabras para recordar una experiencia imborrable, o para saludar a toda una afición inmejorable y a una ciudad en la cual fui feliz; que todo eso fue Huelva para mí.
Pues eso me ha pedido un gran amigo. A ver si soy capaz de poner en un pedazo de papel algo que nunca se me olvidará; los seis meses que pasé junto a vosotros. A la historia, por lo menos a la que yo tengo en mi recuerdo, habría que cambiarle el epílogo. Si un guionista americano de esos que siempre acaban con sus finales llenos de felicidad, se hubiese encargado de la película, ni yo me hubiese lesionado, ni John Williams nos hubiese metido ese ‘churro’ en el último segundo del último partido del último playoff del... Pensándolo bien... ¡es que el guionista era de Granada! No se me ocurre otra explicación.
Pero yo os propongo algo más convincente que ese revés de guionista malvado. Propongo partir de una cita que de vez en cuando me recuerda mi hermano, el pequeño, el ‘Vílchez’ del Estudiantes. Él suele decir algo así como que lo bonito de un viaje no es llegar a la posada, sino que es el camino hasta ella. De ese corto viaje por la ACB, pueden y deben recordarse muchas cosas aparte del desgraciado final.
Por ejemplo, lo que costó arrancar. Esos equipos ya asentados que no daban opción a nada, o esos partidos donde la victoria caía del otro lado sin saber ni cómo ni por qué. En realidad era el cómo y el por qué de una competición al nivel máximo, de esas que piden el DNI antes de dar una victoria a cambio. Era el mes de Noviembre cuando me subí al tren viajero. No fue fácil. Pero tenía una ventaja: iba lleno de ilusión. Acababa de llenar el depósito de ella. Para los jugadores que estaban desde el inicio quizá era algo más duro. No veían una recompensa al trabajo. Para los que estabais en la grada lo mismo.
Se ganaba en Manresa ¡al después equipo campeón! Y se perdían muchos partidos de nuevo. Y se iba Sergio Valdeolmillos, y aterrizaba Oleart, el hombre tranquilo. Manolo dejaba la presidencia, y llegaba Antonio López. Entre tanto vaivén, alguna victoria caía. Y qué bien nos sentaba a todos. Cuando se ganó al Orense, ¡ya no éramos últimos!, cuando se ganó en Valencia, vaya cabreo que se cogió Vukovic. Se iba consiguiendo fastidiar al personal, requisito mínimo para ganarse un respeto por esas canchas algo más asentadas que la nuestra.
Más asentadas, vale. Pero con una afición más volcada, pocas. Por no decir ninguna. Y eso ayudaba. A pesar de que Forrest no lo hacía. Y llegó la última oportunidad. Era el último cambio de americano. Supongo que debió haber más de una exclamación de sorpresa por las pintas de Devin Davis. ¡La hubo dentro del equipo, como para que no la hubiera en la grada! “¡Qué nos has traído, José Carlos!” Y José Carlos había traído un gran profesional vestido de Bob Marley. A partir de entonces pensamos que era posible que nos aceptarán como miembros de pleno derecho en los pabellones ACB. Davis venía a trabajarse una carrera por encima de quien fuera. Jimmy Oliver cuando su mujer le dejaba, ¡vaya con la pequeñita!, soltaba la mano como el grandísimo jugador que podía haber sido. Granger tiraba de recursos, de los pocos que le quedaban. Mergin Sina era... Mergin Sina, y los nacionales, pues como se suele decir... fenomenales... por lo menos lo intentábamos.
Y en esas estábamos, cuando llegó el guionista del Granada y lo estropeó todo. Pero como uno es amante del estilo del “continuará...”, siempre he pensado que a esa ciudad se le debía un segundo intento. Me atrevo, desde Madrid, a enviaros la primera frase de la segunda parte del guión. Y como me dedicasteis una vez un aplauso que me sobrecogió, espero poder aplaudir junto a vosotros algún día la nueva oportunidad. Como aficionado, por desgracia, vi el último partido de mi equipo de Huelva en la ACB, y como aficionado, si hay suerte, espero verlo de nuevo ahí arriba.
“El viaje continúa. El CB Huelva de nuevo en la Liga ACB.....”. Sería bonito. Lo será. Un abrazo, y mucha suerte.

INERCIAS

“One day, one dollar, another day... another dollar”. Lo aprendí con 20 años. Fue prácticamente lo primero que les oí a los americanos del equipo. En aquel momento me pareció la típica estupidez que no servía para nada. Hoy, sin embargo, lo utilizo para iniciar opiniones. Como cambian los cuentos. En la ACB hay un equipo de moda. Todos los años pasa. Cuando la competición se inicia, los pronósticos vuelan por doquier. Este año, tal cosa... y los argumentos ocupan páginas enteras. Pero después la realidad suele ser más simple: hay equipos que comienzan la liga con un objetivo, y cada uno pone exactamente lo que el conjunto necesita para llegar a cumplirlo. “one day... el que tiene que meter los puntos, se dedica con profesionalidad y competencia”. “Another day... el que se sienta en el banquillo genera las rotaciones y la confianza en su trabajo que sus doce jugadores esperan para cumplir lo ordenado”.
Este año la frase se cumple por el norte. Volvió el Aguilas de Bilbao, o el Kas, con ese curioso nombre de Iurbentia... seguros, claro. El baloncesto competente, sin adornos ni colorantes. Tras unos años en los que el método 'prueba-error' les sirvió para medir su regreso a la elite, los del bocho han ajustado la dosis en la probeta. Y uno que escuchó conversaciones de los que tenían que mandar por ahí arriba, jamás podría hablar de sorpresa en este caso. Chucho, Jota Davalillo, Chus Vidorreta, gente del mismo centro de Bilbao a los que pocas milongas se les puede contar a propósito de sus lentejas.
Aquí, un negocio: hay que meter una más que el contrario, o en aproximadas palabras de Chucho Sanz: “Pablo, esto de la ACB no tiene más vuelta de hoja, gana el más listo, y lo demás es parafernalia” Allí unos ejecutivos: profesionales que han ido entendiendo como asentar un proyecto aprovechando cada mínimo resquicio por el que colarse hacia la elite. No sé como se dirá en vasco lo del dólar, pero lo que es un hecho es que en Bilbao hay un equipo de baloncesto que se está ganando el sueldo cada semana, cogiendo la inercia que lleva directamente al cumplimiento del contrato... con todas sus primas por objetivos. Así de sencillo, así de simple, así de admirable.

Diario Público, dic 2007

ARTISTAS

Curar lesiones puede ser un arte. Me contaron la historia de un ‘artista’ que llegaba a utilizar la ilusión del paciente como herramienta de curación. “Desde ahora, y durante los treinta próximos días, tienes una tarea obligatoria: tu primer pensamiento al despertar será forzosamente sobre algo que desees hacer ese día… ¡y tendrás que cumplir con ello! ¿Estamos?” Y sí, parece que el paciente estaba. Por lo menos el que me lo contó, lo hizo. Y funcionaba. El ‘artista’ lo llamaba pomposamente ‘La Teoría de La Ilusión’. Nada menos.
La puesta en marcha era simple. Ring del despertador, y objetivo al canto: “esta tarde me compro el directo de Dylan en el Royal Albert Hall de Londres en 1966. De hoy no pasa”. La búsqueda podía durar horas, pero había que cumplir el objetivo. Y así durante treinta días, con sus treinta ilusiones, y una filosofía detrás: cambiar la forma de pensar sobre las cosas. Entrenarse en positivo, Eliminando la senda dolorosa que puede llegar a cronificar cualquier lesión y volverla irrecuperable.
¿Nos vamos esta tarde al baloncesto? Es una pregunta que seguro se ha hecho todo aficionado en alguna ocasión. Cada año la ACB ofrece las estadísticas de asistencia a los pabellones. Y hay que detenerse en lo que ocurre en los alrededores de Barcelona. Resulta que Badalona ha invertido la tendencia y la gente vuelve al Olímpico los fines de semana. El Barça, en cambio, viaja colista descolgado en esta particular clasificación de la Liga ACB. De 7.409 asientos del Palau llena de media 3.942. Que es como decir que de cada 1.000 posibles apenas acuden 500, por cada 100 unos 53... “¿Nos vamos esta tarde a ver al Barça, Josep?” “Ve tú solo, que yo me voy al centro a comprar discos”, podría ser la respuesta. Volviendo a Dylan, aquel día, el genio americano decidió por su cuenta y riesgo transformar un espectáculo hasta entonces acústico en puro Rock and Roll. Entonces le gritaron Judas, pero siempre ha llenado sus conciertos. A veces a un equipo de baloncesto puede que no le quede otra que cambiar de ritmo para que la gente acuda a presenciar sus partidos. Porque al fin y al cabo, el deporte-espectáculo finalmente también es cuestión de artistas, y de ilusiones.

Diario Público, dic 2007

A PARTIDO PASADO

Cada vez que alguien me ha hablado de posibles limitaciones de Felipe Reyes como jugador de primer orden, me viene a la mente su imagen persiguiendo victorias sin atender a razones. Entrenábamos juntos un día en 1997, con el equipo B de Estudiantes, cuando hacia el final de la práctica al entrenador se le ocurrió pitarle en contra dos faltas. En qué momento. A la siguiente escena le faltó únicamente la cabina telefónica en la que entraba Clark Kent y salía Superman. Felipe abrió el grifo de la testosterona, y de repente la cancha se tornó tira de cómic, con el ‘pequeño Reyes’ arrinconando a cinco circunstanciales rivales para darle vuelta a un vulgar partido de entrenamiento, como si le fuera la vida en ello.
Esa actitud en cualquier profesional competente suele recibir elogios a punta de pala. Porque además es contagiosa. Y uno piensa que entre las numerosas armas del Madrid de Plaza, con Felipe de capitán, el grifo de testosterona ha sido uno de los recursos que en ciertos partidos cuesta arriba les ha funcionado de maravilla, elevando la autoestima del equipo, y subiendo su umbral de rendimiento colectivo. Al Madrid le tocaba visitar esta semana dos canchas con ambientes cargados, y escaso tiempo de reposo entre partidos. El jueves había que dar la cara ante el actual campeón de Europa, y dos días después tocaba salir a la cancha de un Unicaja que esperaba ‘helenizado’ para ganar o morir. Son partidos para dar la cara, podía leerse en las previas. Pero dar la cara no siempre significa elevar la tensión del partido. Y menos jugando de visitante. Porque los demás también tienen grifos. Hay ocasiones en que la victoria hay que buscarla manteniendo necesariamente las pulsaciones bajas y aprovechando la tensión del rival. Usando un símil tenístico, en ocasiones sólo es posible restar un saque que viene a doscientos por hora quedándose quieto y poniendo la raqueta en el momento justo, aprovechando la fuerza de la pelota del rival. Y dicho esto, está claro que es más fácil escribir una columna a partido pasado, que ganar de visitante al Panathinaikos o a un Unicaja enchufadísimo. Lo aclaro por si después de estas líneas ha quedado alguna duda…

Diario Público, dic 2007

DEL BASE TOTAL AL BASE GLOBAL

Si traducimos literalmente Point Guard, obtenemos un punto que guarda, que custodia… el bajito de toda la vida, o sea. En el baloncesto americano se decía que los bases podían ganar partidos, pero eran los pívots quienes ganaban campeonatos. Con la aparición de Oscar Robertson en los 60, y sobre todo con Magic a principios de los 80, la cosa cambió. Hasta entonces, la pareja Cousy-Russell de los dinásticos Celtics había sido un buen ejemplo. Bob Cousy, el bajito que custodiaba a los verdes, llegó a Boston en el año 51, pero hasta que Bill Russell aterrizó en 1956 su casillero de títulos permanecía en blanco. A partir de entonces cayeron seis casi seguidos. Poco más tarde Oscar Robertson, con dos metros y dominando cada faceta del juego, coincidió en Milwaukee con Lew Alcindor. El Gran Oscar ya podía hacerlo todo solito, aunque es cierto que la llegada de Alcindor le dio su único título de campeón NBA. Después Alcindor se convirtió en Kareem Abdul Jabbar, y durante su etapa con Magic en los Lakers fue testigo de la perfección del concepto de ‘Base Total’, cuya fuerza estadística reside en el triple-doble. Más de 10 puntos, asistencias y rebotes, prácticamente en cada partido.
Y mientras todo eso ocurría en aquel lejano planeta americano, por aquí los equipos seguían funcionando con la teoría clásica del Point Guard bajito. Entonces Aíto, despegando como entrenador, coincidió con Montero en Badalona en 1983: era el primer intento de ‘Base Total’ del baloncesto español, y la NBA no tardó en fijarse en él, aunque lo puso en uno de los últimos puestos del Draft. Veinticinco años después, en el final de su carrera, Aíto está creando a Ricky Rubio también en Badalona. “Antes América era una referencia. Ahora es la NBA la que se acerca a nosotros”, ha declarado el coach. Y tanto es así que lo mismo Ricky acaba siendo un número 1 del Draft en su promoción, y, por qué no, incluso puede que en unos años esté ganando anillos de la NBA firmando triples-dobles de media en las Finales. Entonces, el ‘Base Total’ que ya es, se convertiría además en nuestro primer ‘Base Global’. Sería nada menos que el primer Magic español. Qué cosas.

Diario Público, dic 2007

EL EQUILIBRIO INESTABLE

A nadie le consta que Antonio Magariños, fundador de Estudiantes, se levantara un día en aquel Madrid de 1948 inspirando la frase que más tarde Luther King dejó para la posteridad. Aunque bien es verdad que aquello de “¡Ayer tuve un sueño!” hubiera colado como explicación a la decisión de un Catedrático de Latín que fue convencido por sus alumnos para impulsar un deporte que acabó montándose encima del fútbol en el Ramiro de Maeztu. Pero si Don Antonio no soñó el Estudiantes, lo que sí parece estar escrito fue su pensamiento sobre un posible futuro: “…en los albores del siglo que viene, quien sabe si Estudiantes no andará jugando partidos al otro lado del océano, o llenando recintos como el estadio Chamartín…” La sentencia no es literal, pero la entrecomillo por boca de Luis Martínez Arroyo, uno de los jugadores de aquel primer equipo de hace sesenta años, y que por cierto es mi tío y padrino. Ya saben, las sagas.
Charlando andábamos una tarde, con Estudiantes como excusa, cuando surgió mi duda sobre los objetivos reales que un proyecto como aquél podría tener en un mundo como éste: “pues no lo sé, sobrino, y no creas que me importa, pero estoy convencido de que en la revista que se editó con motivo de los primeros 25 años de existencia, Magariños dijo algo parecido a eso” ¡Y debió quedarse tan a gusto! me faltó replicar entonces. O sea que el primer iluminado estudiantil fue su fundador; y además, visionario. Quizá se pasó con lo del recinto, pero estarán conmigo en que el sueño transoceánico se puede convalidar perfectamente con la visita de los Grizzlies del pasado octubre.
¿Y de qué sirve hablar de todo esto cuándo Estudiantes corre serio peligro de descarrilamiento? Pues lo primero, para reivindicar la figura de un profesor de Latín (Naismith en Serrano) que por creer en sus alumnos escribió el prólogo de un libro que ya va por el impensable capítulo sesenta; y la segunda, para tratar de llevar la ‘iluminación’ del fundador, a un problema matemático: un equipo de patio de colegio transformado en SAD, y compitiendo en lo que ha derivado como segunda mejor liga profesional del mundo de su deporte, forzosamente ha de ser un equilibrio inestable. ¿Algún matemático en la sala?

Diario Público, nov 2007

LA PROFESION VA POR DENTRO

Aquellos que tengan el baloncesto como un pasatiempo de primera necesidad, pueden seguir con la boca abierta. Estos ‘Chicos de Oro’, ‘Chicos de Pepu’, ‘Amigos de Japón’, o simplemente ‘Mejor Selección Española de Baloncesto Hasta El Momento’, nombre original y difícilmente transferible, no quieren parar de sorprendernos. Ya no es que sus sonadas victorias y derrotas sean de todos, abran portadas, provoquen adjetivos súper-calificativos, y aumenten el ‘share’ de las cadenas de televisión, no; es que a algunos de sus protagonistas les estamos siguiendo hasta la zona más personal de sus carreras deportivas: las lesiones. Ocurrió el año pasado con Pau, y se ha vuelto a repetir con Jorge Garbajosa.
La última noticia sobre Jorge es que se va finalmente a Baltimore a una revisión en la cual determinarán si necesita operarse de nuevo. Los médicos de Toronto han detectado algo raro en la evolución de su pie dañado, y quizá la solución pase por una nueva operación. Pero resulta que esto, que normalmente se daría en la página de baloncesto de un periódico especializado en deportes, hoy será objeto de consumo mucho más masivo. Y además, se habrá convertido en materia de tertulia de opinión con posibles culpables, inocentes, y todo un arco de matices intermedios. En Japón se nos propuso que fuéramos todos Pau, y parecía una lógica propuesta. Desde hace unas semanas, parece que la propuesta es que el pie de Jorge también sea de todos, y eso es radicalmente ilógico. La voluntad podrá ser buena, pero la confusión que está creando es monumental. Lo de Pau funcionó, porque nadie tuvo que salirse de su papel. Aquel ejercicio consistía en completar el sentido una hazaña deportiva, nada más que eso. Había que ponerse una camiseta. Esta vez se nos pide que nos pongamos un pie que sólo puede tener un dueño. Lo que hizo Jorge podrá ser digno de admiración, para quien quiera admirarlo, y seguro que somos muchos, pero no tengo nada claro que eso nos de derecho a ir más allá. Hacerlo sería tratar de vivir su profesión por él, y eso no tiene demasiado sentido.

Diario Público, nov 2007

RESPETEMOS A NAISMITH

Según parece, James Naismith, o Jim entre los suyos, era uno de los chicos más fortachones del colegio. Y su biografía dice que se licenció en Arte con más voluntad que vocación, pues antes que inventor fue sobre todo un enamorado del deporte con grandísimas influencias presbiterianas, lo cual le llevó a la necesidad de ayudar a otros mediante dos herramientas: ejercicio y espíritu. El resto es más conocido, claro. Un día le encargaron que creara un juego bajo techo, porque en Massachussets hacia mucho frío en invierno, y nos dejó el baloncesto. No podremos agradecérselo bastante.
O tal vez sí. Se me ocurre que lo hacemos cada vez que respetamos su invento, por ejemplo. Y el Basket Ball nació con dos objetivos fundamentales: “que sea justo para todos, y que esté exento de juego sucio”. Es decir, para que fuera practicado por buenos chicos. Esto viene a cuento porque el Joventut fichó en verano a Lonny Baxter, pero no debutará la semana que viene. Resulta que se ha pasado sesenta días entre rejas debido a su pasión por las pistolas. En cambio, si buceamos en su biografía, nos encontramos con que su entrenador universitario dijo de él lo siguiente: “Lonny es como solían ser los jugadores de antes: chicos que llegaban a la Universidad con la idea de estar cuatro años e ir poco a poco convirtiéndose en grandes jugadores de baloncesto”. Lo cual, que no siempre fue tan malo, y si Naismith viviera, un suponer, quizá simplemente le diría que dejara de hacer el imbécil con las pistolitas. Algo parecido a lo que David Stern le ha dicho esta semana a Rasheed Wallace, otro gran jugador con pasado universitario ‘Tar Heel’, como Michael Jordan, pero que en vez de engrandecer su biografía soplándonos, por ejemplo, que bajo los pantalones de su equipo NBA siempre lleva las mallas de su Universidad, como hacía MJ para que su padre se sintiera orgulloso de él, le da últimamente por meterse con la limpieza de la empresa que le otorga prestigio y millones de dólares. “Tenemos un gran juego que representa un privilegiado modo de vida para mucha gente –Rasheed y yo incluidos-, y entiendo que deberíamos aprender a ser más respetuosos con el trabajo de tanta gente que nos ha traído hasta aquí”. Ha sido la respuesta de Stern. Y es que el comisionado NBA se siente más a gusto cuando los que prescriben el juego son buenos chicos. ¿Lógico, no?

Diario Público, nov 2007

EL ENTRENADOR Y SU MALETA

Esto iba de La Soledad del Entrenador, un melancólico y manoseado concepto que pretendía usar para escribir cuatro párrafos sobre Phil Jackson, Pat Riley, Ivanovic, Joan Plaza, o Pepu Hernández. Pero resulta que ayer estuve de oyente en una breve charla entre dos amigos cercanos. Eso sí, amigos sobradamente preparados para hablar de lo que saben. De baloncesto, por ejemplo. Y la cosa, que empezó por los problemas colaterales de un equipo con varias derrotas seguidas, acabó derivando en otro concepto: la Autoestima. Según escuché, es algo que debería viajar siempre en la maleta de cualquier entrenador que pretenda convertir su pasión en un modo de vida y futuro. Y quizá hasta le pueda servir como antídoto a su soledad, añado, por aportar algo a lo muy manoseado.
Pase lo que pase, se decía en la charla, jamás se puede perder la Autoestima. Y desde esa máxima, revisemos algunas imágenes. De repente, por ejemplo, la gomina de Riley, y sus trajes impecables, ya no serían elementos accesorios de un tipo engreído que se creía guapo, sino herramientas que habrían venido soportando el ego de alguien que sólo quería ganar para poder seguir trabajando.
Bajo este prisma, por tanto, sería evidente que Phil Jackson no se habría pasado los últimos 20 años sin apenas levantarse del banquillo durante los partidos porque le aburriera lo que estaba pasando en la cancha, sino porque esa habría sido la herramienta utilizada para que entendiéramos que lo tenía todo controlado. Y según parece, lo tenía. Y si nos vamos acercando aquí, pero pasamos primero por Japón, nos damos cuenta de que Pepu aquel verano parecía un escritor del Siglo de Oro en pleno trance. Y que sus jugadores le creyeron, porque él parecía creérselo desde el primer minuto hasta el último del campeonato. Y aterrizamos en la ACB, y son dos las imágenes que más fuerza cobran por su contraste. La de Ivanovic, que en la banda parece siempre un defensor más de su equipo solo que vestido de traje y corbata. Y la de Plaza, un tipo que siempre parece tranquilo, que llegó el año pasado sin molestar a nadie, y que al final se llevó una Liga molestando mucho a todos los que la pretendían. ¿Están solos ahí arriba? Seguramente sí, bastante. Pero todos ellos parece que viajan con la maleta llena de Autoestima y bien controlada para no perderla jamás. Por eso duran en la profesión, o al menos eso decían mis amigos.

-diario Público, nov 2007-

FIGURAS EN YOUTUBE

Hace un par de días me dieron un soplo: “entra en Youtube, escribe Serge Ibaka, y verás a un ‘figura’ que dicen que acabará en la NBA”. Y allí que me fui, sin pagar entrada. Y la cosa merece la pena. Son cinco minutos de un hombre jugando con niños. Tapones, mates, rebotes, tiros de corta, media, larga distancia, segundos y hasta terceros intentos tras fallo (tal vez mejorable su mano cerca del aro), y salidas botando por el pasillo que en el baloncesto del siglo XX solían ocupar casi en exclusiva los aleros que se ganaban parte del jornal como palomeros. Y todo ello desde aproximadamente dos metros siete centímetros, 18 años, y cuerpo de súper atleta, claro. Una delicia de video, al alcance de cualquiera, y que pienso recomendar, entre otros, a un amigo de mi hermano que mantiene la teoría de que Youtube es el mejor invento de los últimos cien años, después de la penicilina.
Pero como solía decir un sabio directivo de Estudiantes, cuando creía que asuntos secundarios de marketing estaban tomando demasiado protagonismo en su club de toda la vida: “habrá que poner una canastita por algún lado para que se sepa que esto es baloncesto”. Quiere uno decir que, a veces, estas delicias virtuales empaquetadas con buena música, suponen la tentación ideal para iniciar el análisis de un privilegiado jugador por el tejado de sus mates, tapones, etc… y para olvidarnos con ello de que, principalmente, la casa de un futuro gran profesional del baloncesto ha de construirse con materiales que un vídeo de 5 minutos jamás podrá enseñarnos.
O sí, pero entonces tendrá que ser uno de otro ‘figura’, quizá el mejor de siempre, y que en vez de jugar esta vez habla. En una entrevista para la TNT concedida por Jordan con motivo de su retirada, le dice a John Thompson (ex entrenador de Georgetown y casual entrevistador) algo parecido a lo siguiente: “cuando llegué a la NBA me sentía el último de la fila: mis condiciones técnicas y físicas estaban a la altura, pero simplemente no tenía ni idea de lo que significaba ser un jugador profesional”.
Lo cual que el proyecto de figura, en mi humilde opinión, y con Jordan ayudándome, podrá pasar siempre por un joven con condiciones técnicas y físicas por encima de la media, pero sobre todo tendrá que pasar por un joven con capacidad de sacrificio creciente, con ilimitadas ganas de aprender, con dosis por un tubo de humildad y ambición mezcladas en su justa proporción, y con un sentido del juego colectivo acorde como mínimo a los tiempos que corran cuando llegue el turno de cobrar por jugar. Resumiendo; que si conseguimos juntar el vídeo de Ibaka con las declaraciones de Jordan, el descubrimiento de la penicilina puede pasar perfectamente a un discreto segundo plano en cuanto a inventos se refiere. Hablaré con el amigo de mi hermano, a ver si está de acuerdo.

-diario Público, novimebre 2007-

EL BALONCESTISTA EJEMPLAR

Me viene a la cabeza Ricky, claro. De hecho, pretendo utilizar sólo su ejemplo hasta las últimas líneas de este artículo. Siento no haberle pedido permiso, pero cuando le conocí, hace casi dos años, este periódico no estaba planteado, y mi columna menos. Solamente pude contar la experiencia a mis cercanos.
Fue durante un partido entre dos colegios. Uno, el suyo, de Badalona. El otro, de Barcelona. Las gradas estaban repletas de chavales. Y la pasión se desbordaba. Ricky no jugaba. Estaba en el banquillo, vestido de calle y animando a sus compañeros, porque en un partido anterior de la misma competición se había hecho un esguince de tobillo.
Los que estuvimos allí, difícilmente podremos olvidar aquella tarde de viernes. Lo primero de todo, porque el partido colegial fue la locura. Particularmente, además, porque me sirvió para iniciar el análisis sobre un chico que deja tanta huella, que tiene rango de caso. En aquel ambiente, tan lleno de caos y pasión, se le podía confundir con uno más dentro del evento. De hecho, por edad, era uno de los más pequeños representantes de su colegio. Al fin y al cabo entonces tenía quince años. Quince caóticos años. Se le notaba en la pinta, en su complicidad con los compañeros de clase. Pero ni cerca estuve de sentir todo eso cuando por fin hablamos. De repente, toda la cercanía, el caos, y la pinta de adolescente, se tornaron en seguridad, aplomo, frialdad.
Esa fue al menos mi percepción. Incluso, hasta me pidió tranquilidad en un momento de la conversación. Y lo hizo, desde su aspecto adolescente, creyéndose con el derecho de poder hacerlo. Como un profesional que por entonces ya era, supongo. En medio de aquel caos colegial, quizá pensó que se podía relajar, pero no con cualquiera. Es lo que tiene la condición de elegido; hay que estar a la altura de la elección. Por ejemplo, aquella que dice que uno merece ganar pasta desde los catorce, por la gracia de Aíto.
Pero lo verdaderamente interesante del caso de Ricky, más allá de mis subjetivas percepciones, o de entrenadores con más o menos ingenio, pudiera ser el debate sobre la diferencia entre la profesión de deportista y cualquier otra en la sociedad española actual. Es verdad que la profesión de deportista (y en este caso hablo de los deportes verdaderamente profesionales; fútbol, tenis, baloncesto, golf…) suele durar menos años, pero, ¿de verdad es necesario comenzar a trabajar tan temprano, y que además suela venderse esa precocidad como un caso de éxito no sólo para el joven trabajador, sino también para el entorno que lo apadrina y promociona? Lo digo, porque para Ricky, individuo (o para Nadal, o para Fernando Torres…), quizá no sea un problema, al menos desde el punto de vista económico, pero, ¿se ha parado alguien por un momento a pensar en la consecuencia social de elevar lo anticipado a la categoría de modelo a imitar?

-diario Público, octubre 2007-

SIGUE SOÑANDO, ROGER, POR FAVOR

Calculo, sin mirar su biografía, que ya deben ser más de veinte años creyendo que se pueden pegar todas las derechas y todos los reveses con la raqueta por delante del cuerpo, como trataban de enseñarnos los profesores cuando empezábamos. Me acuerdo de que esa era casi la primera lección. ¡Ponte de lado y pega delante! Se oía prácticamente con cada pelota que uno trataba de impactar. La bola llegaba desde el otro lado de la red, y en ese momento el profesor, dada la premura de la acción, enmarcaba toda la verdad filosófica del tenis en tres palabras y una orden: ¡pega siempre delante!
Pegar siempre delante. El sueño de cualquier amante del tenis. Solamente cuando el tenista principiante ha conseguido controlar la velocidad de bola con el profesor al lado de la red, estará dispuesto para el siguiente reto. El profesor se irá entonces alejando hacia el fondo de la cancha proponiendo un intercambio a una mayor distancia. Pero la velocidad de bola tendrá que estar en todo momento bajo control, lo cual querrá decir que habrá que ingeniárselas como sea para seguir cumpliendo con el Santo Grial de este juego; pegar siempre delante. Es la filosofía. Es la clave. Es… un sueño.
Un sueño que, en caso de durar más de veinte años, por ejemplo, hará que sea prácticamente imposible perder partidos. Y entonces, lógicamente, a uno podrán llamarle de todo, con la admiración y el respeto que provoca la incredulidad. Incluso, dirán de uno que es el mejor de todos los tiempos, o que si no lo es lo será bien pronto. Y uno podrá pasearse por las pistas dando la sensación a los rivales, al público y a la prensa de que en realidad no cuesta nada practicar este bello deporte.
¿Pero, qué ocurrirá cuando Federer despierte y sea consciente de que no se puede jugar así al tenis? ¿Qué será de él cuando se de cuenta de que en la vida real la pelota viaja mucho más deprisa que en sus sueños, y que es físicamente imposible seguir pegando siempre delante?
Contaban hace unos días los cronistas, a modo de anécdota, que el suizo se había quedado dormido en una camilla del vestuario antes de su partido contra Cañas y que le habían tenido que despertar apenas diez minutos antes del partido. No lo crean. Todo es mentira. Federer, pese a derrotas como las que sufre contra Nadal en Roland Garros, o la de esta semana, todavía no se ha despertado. Y más le vale seguir así, porque el día que abra los ojos y se de cuenta de que no se puede jugar al tenis como él sueña, cogerá sus bártulos, guardará sus raquetas y nos dirá que se acabó. Estoy convencido de que jamás podría aceptar seguir intercambiando pelotazos cuando se entere de que, en el mundo real, a todo tenista le ha llegado el momento de perseguir la bola de un lado a otro de la pista, con la lengua fuera y sobrepasado por su velocidad. En el mundo irreal de Roger, eso todavía no ha ocurrido. Ya sea en sus victorias, como casi siempre, o en las derrotas, como en esta ocasión, les ruego que no aplaudan demasiado fuerte, por favor, no vayamos a despertarle. Su sueño es nuestro disfrute.

-diario Público, octubre 2007-

NAVARRADAS

Se acabó. A partir de ahora, para verlo jugar en directo, será de madrugada y por la televisión. O eso, o habrá que gastarse la pasta en viajes a Memphis, o habrá que esperar al próximo verano para que vuelva a ponerse la camiseta con la que suele colgarse oros, platas y bronces junto a sus amigos de quinta, cancha y cartas.
Navarro estuvo el jueves en el Palacio de los Deportes de Madrid, buscando su primera victoria como jugador NBA y despidiéndose de los que hasta ahora habíamos sido sus admiradores a tiempo completo. Que no es que vayamos a dejar de serlo, sino que desde noviembre tendremos que compartirlo con los americanos. Él lo ha querido así, y no nos queda otra que respetar su querencia. De momento, y en sólo dos semanas, ya le han buscado un nuevo mote para su nueva vida profesional. Se supone que seguirá haciendo entradas perdiendo o acortando el segundo paso mientras a una mano tira la pelota al techo del pabellón, pero por lo visto su compañero Miller ha decidido que a partir de ahora La Bomba sea ‘Instant Grill’; hecho al instante. Listo para llevar y comer, o para competir y anotar, en este caso.
Aunque uno siempre tuvo la sensación de que Juan Carlos, como jugador de baloncesto, era mucho más que eso. Cierto es que siempre ha estado ‘listo al instante’, y seguro que lo estará en la NBA, y es verdad que a todos nos conquistó ese peculiar tiro-recurso para evitar tapones. Pero llamándolo de una u otra manera, no hacemos más que nombrar el todo por alguna de sus partes. Y no son precisamente esas dos las que en mi opinión lo han distinguido como gran profesional de este deporte, sino, por encima de cualquier otra, la de ser un privilegiado jugador al que normalmente le llega mucho más oxígeno al cerebro que al resto de sus compañeros y rivales cuando los partidos se ponen cuesta arriba. Cuando en los momentos decisivos la cancha se queda sin aire, y los recursos sólo cuentan en manos de los verdaderos gana-partidos. De aquellos que tienen poderes otorgados por el equipo para firmar la actuación en nombre de todos, y con una victoria, a ser posible.
Los americanos podrán ver a partir de noviembre a un chico listo para competir, con un curioso recurso, pero sobre todo espero que puedan seguir disfrutando de un jugador capaz de poner su nombre por encima de todo un partido de baloncesto. Porque lo complicado de este juego, en realidad, no es tirar un globo al techo y meterla, sino que un partido igualado y decisivo acabe siendo finalmente una ‘navarrada’. Habrá que dormir menos este invierno.

-diario Público, octubre 2007-

Septiembre de 2032. Las Bodas de Oro de la ACB.

Estarán conmigo en que no ha sido fácil llegar hasta aquí. Todavía hay quien dice que 50 años no son nada; no se lo creen ni ellos. En el baloncesto, dos segundos fueron capaces de contener hace ya un cuarto de siglo una canasta de un ruso de Pittsburg y un fallido rectificado en el aire de un enorme español, barbudo y medio exhausto. ¿Si en tan solo dos segundos este deporte había trucado el color de un vil metal, cambiándonos el oro por plata -y la risa por llanto- en el país del ba-lon-ces-to con 6 millones de audiencia por un día… qué no sería capaz de cambiar antes de celebrar las Bodas de Oro, de proponérselo de veras?
Aquella tenía que ser la última bronca; la bronca de las Bodas de Plata, que por enésima vez sentaba en la mesa cónyuges con distintas religiones, credos y hasta zarandajas. La ACB pretendía estar de fiesta en 2007, pero la competición comenzaba para la prensa no con los análisis de las plantillas, ni en los ambientes pre-partidos, sino con la búsqueda de chicas que con su amor habían transformado de repente a ciudadanos bielorrusos, o americanos de New Orleáns, en baloncestistas españoles de juzgado de guardia.
La cosa definitivamente había ido demasiado lejos. Era preciso romper aquella mesa tan mal avenida, y plantear verdaderas soluciones, sinceras y sin tapujos. Por ejemplo, una de largo aliento y rompedora: que el baloncesto profesional se convirtiera por fin en una verdadera asociación entre iguales, con su dimensión lógica de mercado (y sus lógicos mercados). Es decir: franquicias y owners, sin ventajas presupuestarias de unas sobre otras, ni derechos míticos adquiridos; sino todas iguales, con límites salariales e idéntica posibilidad de captar dinero público o patrocinios. Es decir: el baloncesto profesional como un único producto y varios mercados, y no como el creciente soporte (por favor, ponga su publicidad en mi camiseta y llámeme como quiera) para otros productos. Es decir: los jugadores y entrenadores compitiendo por el título, los managers peleando por ser los ejecutivos del año, y los propietarios asegurando que el negocio fuera creciendo y siendo rentable en beneficio de todos. Y que conste que esto no era un invento, pues había un país que lo había puesto en marcha hace años y le funcionaba.
Otra solución que se propuso, podía resultar más sencilla en el corto plazo: que la ACB cambiara simplemente sus siglas, como algún medio ya venía haciendo por su cuenta y con riesgo para todos, y pasara a denominarse por ejemplo CCB (Competición entre Clubes de Baloncesto). Esta fórmula a priori tenía la ventaja de que cada uno podía seguir haciendo lo que quisiera –o pudiera, o le dejaran-, sin que fuera necesario mantener una estructura asociativa, o casa de todos, nada más que para cumplir con los arbitrajes y poco más.
Aquel lejano septiembre de 2007 definitivamente fue duro. Pero visto desde la distancia, merece la pena que celebremos orgullosos las Bodas de Oro de una Liga Profesional que optó por la solución de largo aliento, con el apoyo activo de la Federación y de la ABP; y que después se fue a Europa a replicarla, y que acabó teniendo varias divisiones según los diferentes mercados; y que con el trabajo y la unión de todos ha conseguido crear un negocio próspero, sincero y sostenible.
Ah, y que no se me olvide felicitar a este diario que hoy, septiembre de 2032, cumple 25 años y cuyo inicio de andadura en el baloncesto fue todo un síntoma de versatilidad: en su primera semana le hizo la mejor entrevista que se había hecho a Pau Gasol hasta aquella fecha (enhorabuena, Noelia), y al mismo tiempo fue descubriendo las poderosas razones de una tal Eva para apellidarse Mcdonald… for the Love of the Game.
(Nota: Asociación Vegetal: “Conjunto de plantas que comprende individuos de varias especies, pero que se caracteriza por una o más especies dominantes que le dan nombre e indican su significado biológico”. Del Diccionario de la RAE).

-diario Público, octubre 2007-