domingo, 11 de enero de 2009

EL EQUILIBRIO INESTABLE

A nadie le consta que Antonio Magariños, fundador de Estudiantes, se levantara un día en aquel Madrid de 1948 inspirando la frase que más tarde Luther King dejó para la posteridad. Aunque bien es verdad que aquello de “¡Ayer tuve un sueño!” hubiera colado como explicación a la decisión de un Catedrático de Latín que fue convencido por sus alumnos para impulsar un deporte que acabó montándose encima del fútbol en el Ramiro de Maeztu. Pero si Don Antonio no soñó el Estudiantes, lo que sí parece estar escrito fue su pensamiento sobre un posible futuro: “…en los albores del siglo que viene, quien sabe si Estudiantes no andará jugando partidos al otro lado del océano, o llenando recintos como el estadio Chamartín…” La sentencia no es literal, pero la entrecomillo por boca de Luis Martínez Arroyo, uno de los jugadores de aquel primer equipo de hace sesenta años, y que por cierto es mi tío y padrino. Ya saben, las sagas.
Charlando andábamos una tarde, con Estudiantes como excusa, cuando surgió mi duda sobre los objetivos reales que un proyecto como aquél podría tener en un mundo como éste: “pues no lo sé, sobrino, y no creas que me importa, pero estoy convencido de que en la revista que se editó con motivo de los primeros 25 años de existencia, Magariños dijo algo parecido a eso” ¡Y debió quedarse tan a gusto! me faltó replicar entonces. O sea que el primer iluminado estudiantil fue su fundador; y además, visionario. Quizá se pasó con lo del recinto, pero estarán conmigo en que el sueño transoceánico se puede convalidar perfectamente con la visita de los Grizzlies del pasado octubre.
¿Y de qué sirve hablar de todo esto cuándo Estudiantes corre serio peligro de descarrilamiento? Pues lo primero, para reivindicar la figura de un profesor de Latín (Naismith en Serrano) que por creer en sus alumnos escribió el prólogo de un libro que ya va por el impensable capítulo sesenta; y la segunda, para tratar de llevar la ‘iluminación’ del fundador, a un problema matemático: un equipo de patio de colegio transformado en SAD, y compitiendo en lo que ha derivado como segunda mejor liga profesional del mundo de su deporte, forzosamente ha de ser un equilibrio inestable. ¿Algún matemático en la sala?

Diario Público, nov 2007

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