domingo, 11 de enero de 2009

HUELVA EN MIS RECUERDOS

Una de las cosas más bonitas que puede suceder en esto del deporte profesional, es ésta: imaginad que, trascurrido un tiempo, pasada ya la página de ponerse las zapatillas todos los días, para ganarse mal que bien los duros tratando de ordenar en la cancha a cuatro compañeros –cosa que costaba un mundo, por cierto-, le piden a uno escribir unas palabras para recordar una experiencia imborrable, o para saludar a toda una afición inmejorable y a una ciudad en la cual fui feliz; que todo eso fue Huelva para mí.
Pues eso me ha pedido un gran amigo. A ver si soy capaz de poner en un pedazo de papel algo que nunca se me olvidará; los seis meses que pasé junto a vosotros. A la historia, por lo menos a la que yo tengo en mi recuerdo, habría que cambiarle el epílogo. Si un guionista americano de esos que siempre acaban con sus finales llenos de felicidad, se hubiese encargado de la película, ni yo me hubiese lesionado, ni John Williams nos hubiese metido ese ‘churro’ en el último segundo del último partido del último playoff del... Pensándolo bien... ¡es que el guionista era de Granada! No se me ocurre otra explicación.
Pero yo os propongo algo más convincente que ese revés de guionista malvado. Propongo partir de una cita que de vez en cuando me recuerda mi hermano, el pequeño, el ‘Vílchez’ del Estudiantes. Él suele decir algo así como que lo bonito de un viaje no es llegar a la posada, sino que es el camino hasta ella. De ese corto viaje por la ACB, pueden y deben recordarse muchas cosas aparte del desgraciado final.
Por ejemplo, lo que costó arrancar. Esos equipos ya asentados que no daban opción a nada, o esos partidos donde la victoria caía del otro lado sin saber ni cómo ni por qué. En realidad era el cómo y el por qué de una competición al nivel máximo, de esas que piden el DNI antes de dar una victoria a cambio. Era el mes de Noviembre cuando me subí al tren viajero. No fue fácil. Pero tenía una ventaja: iba lleno de ilusión. Acababa de llenar el depósito de ella. Para los jugadores que estaban desde el inicio quizá era algo más duro. No veían una recompensa al trabajo. Para los que estabais en la grada lo mismo.
Se ganaba en Manresa ¡al después equipo campeón! Y se perdían muchos partidos de nuevo. Y se iba Sergio Valdeolmillos, y aterrizaba Oleart, el hombre tranquilo. Manolo dejaba la presidencia, y llegaba Antonio López. Entre tanto vaivén, alguna victoria caía. Y qué bien nos sentaba a todos. Cuando se ganó al Orense, ¡ya no éramos últimos!, cuando se ganó en Valencia, vaya cabreo que se cogió Vukovic. Se iba consiguiendo fastidiar al personal, requisito mínimo para ganarse un respeto por esas canchas algo más asentadas que la nuestra.
Más asentadas, vale. Pero con una afición más volcada, pocas. Por no decir ninguna. Y eso ayudaba. A pesar de que Forrest no lo hacía. Y llegó la última oportunidad. Era el último cambio de americano. Supongo que debió haber más de una exclamación de sorpresa por las pintas de Devin Davis. ¡La hubo dentro del equipo, como para que no la hubiera en la grada! “¡Qué nos has traído, José Carlos!” Y José Carlos había traído un gran profesional vestido de Bob Marley. A partir de entonces pensamos que era posible que nos aceptarán como miembros de pleno derecho en los pabellones ACB. Davis venía a trabajarse una carrera por encima de quien fuera. Jimmy Oliver cuando su mujer le dejaba, ¡vaya con la pequeñita!, soltaba la mano como el grandísimo jugador que podía haber sido. Granger tiraba de recursos, de los pocos que le quedaban. Mergin Sina era... Mergin Sina, y los nacionales, pues como se suele decir... fenomenales... por lo menos lo intentábamos.
Y en esas estábamos, cuando llegó el guionista del Granada y lo estropeó todo. Pero como uno es amante del estilo del “continuará...”, siempre he pensado que a esa ciudad se le debía un segundo intento. Me atrevo, desde Madrid, a enviaros la primera frase de la segunda parte del guión. Y como me dedicasteis una vez un aplauso que me sobrecogió, espero poder aplaudir junto a vosotros algún día la nueva oportunidad. Como aficionado, por desgracia, vi el último partido de mi equipo de Huelva en la ACB, y como aficionado, si hay suerte, espero verlo de nuevo ahí arriba.
“El viaje continúa. El CB Huelva de nuevo en la Liga ACB.....”. Sería bonito. Lo será. Un abrazo, y mucha suerte.

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