viernes, 23 de enero de 2009

LAS MANGAS, EL CUADRO, LA FORMA

Desde que el Open de Australia forma parte de la futura gloria del tenista, cosa que ocurre hace menos de dos décadas, los top del ranking empiezan la temporada con un nivel de estrés muy poco recomendable: necesitan ganar los partidos antes de alcanzar la forma. Y en tenis, la forma –sobre todo mental- es prácticamente lo único que acaba separando a los buenos de los muy buenos, y a éstos, de los mejores.
Se supone que diciembre y mitad de enero conforman la pretemporada del mundo del tenis. Y en el diseño de una pretemporada profesional, sobre todo en los tiempos que corren, está obligatoriamente incluida la participación activa del deportista en la campaña de marketing de sus patrocinadores. Pero si Nadal, o Federer, o Djokovic, se detienen diez minutos más de lo imprescindible a pensar en el color de la camiseta que les han dejado en el vestuario, con o sin mangas, saben que llegará Murray… o Roddick, o Tsonga, o Davydenko… o cualquiera del cuadro, y les quitará uno de los cuatro torneos que forman parte de su liga fantástica.
Cuenta McEnroe, en la biografía que lo recuerda como un gran personaje del tenis, que mientras Ivan Lendl se entrenaba como un poseso en diciembre y en Australia, él dedicaba ese mes a la familia, a la música y a la cerveza. Evidentemente, si hubiera un ranking de carisma en la profesión, el checo Lendl andaría muy por detrás de Big Mac, pero resulta que el ranking que cada vez se utiliza más para valorar la carrera deportiva de un tenista es el del número de torneos de Grand Slam conquistados, y en ese Lendl le aventaja por ocho (dos en Australia) a siete.
Por tanto, una vez finalizada la votación de las mangas de Rafa, los fans, recién salidos de las fiestas familiares, podemos analizar el cuadro del primer Grand Slam imbuidos del espíritu McEnroe, es decir con una cerveza en la mano y sin la necesidad de poner el contador a cero. La opinión, entonces, es que Nadal llegará fácilmente hasta semifinales. Pero el número uno no quiere oír hablar ni de rivales, ni de pronósticos. Lo único que quiere es imbuirse del espíritu de Lendl, para encontrar rápidamente es forma mental que lo separa del resto.

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