jueves, 29 de enero de 2009

SEMIFINAL ESPAÑOLA EN AUSTRALIA

Mi cuñado francés siempre me gana al squash, pero eso a ustedes no les importa, y a Simon y Tsonga no les consuela. Hablemos entonces de la semifinal de mañana. Y primero de personas. Rafa acaba de decir a la prensa que fuera de la pista es un miedoso. A Fernando, sin embargo, casi siempre lo vemos subido en coches de alta potencia y cuidada línea estética. A Rafa tienen que robarle fotos con su novia de la pandilla en sitios inaccesibles, mientras Fernando aparece a menudo vestido de gala, mostrándose junto a bellezas en concurridas veladas. Arriesguemos. Como persona es evidente que Nadal pretende ser Rafel, mientras Fer quiere ser todo un Verdasco.
Bajemos a la cancha, allí donde no hay personas, sino niños resolviendo conflictos a raquetazos. ¿Cómo juega Rafel al tenis? Todos lo sabemos, porque jamás hubo nadie tan transparente como él sobre la pista. Cada uno de sus gestos es un derroche de potencia y de presencia, sin apenas interferencias entre nuestros sentidos y su corazón. “Vamos Rafa”, le animan; “soy Nadal –parece contestar- un respeto, por favor, que vengo a ganar un partido”. ¿Y los miedos? Ahora no, seamos serios: estamos jugando al tenis. Verdasco, mientras tanto, no aparentaba quejarse demasiado cuando le acortaban su nombre de pila tenística: “ánimo Fer, nadie juega como tú”. “¿Cómo estáis tan seguros?” Parecía querer transmitirnos con algún fallo a destiempo, y alguna mueca de impotencia.
Y entre juegos, sets, y partidos, Nadal llegó hasta el número uno, mientras Fer aterrizó en Mar del Plata. El premio para Rafa han sido una camiseta con mangas, y una nueva responsabilidad. Ahora, además de parecer imbatible, deberá serlo. El premio para Verdasco, un recuerdo de Copa Davis que guardó en su cabeza, en el lugar de sus dudas. Y nuestro premio de mañana, una semifinal entre dos hombres muy diferentes, y dos niños prácticamente inmejorables con una raqueta en la mano.

Diario Público, 29 enero 2008

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