domingo, 8 de febrero de 2009

HOSSIERS EN BADALONA (AÑO 2009)

Ya se aprovechó aquí la temporada pasada el término Penya Spirit of Badalona. Queríamos referirnos entonces a la brillante reconstrucción de un equipo tras una larga travesía en el desierto. Aquella peña reunida en 1930, atendía a una sola necesidad: utilizar el deporte como nexo de unión entre gente joven y activa. Su inmediato nombre posterior, Joventut de Badalona, fue por tanto la lógica derivación de ese espíritu. Tras el éxito de la temporada anterior, y la pérdida de los dos pilares fundamentales del proyecto (el entrenador con más experiencia en los banquillos, Aíto, y la figura más energética de toda Europa, Rudy) las casas de apuestas no hubieran pagado dividendos ante un descenso de valor. Y aquello, podía haber derivado internamente, como tantas veces, en un necesario apuntalamiento del edificio para sostener lo logrado. Ese camino, claramente hubiera intentado recoger algún nombre con peso para el banquillo, y alguna estrella de Euroliga, capaces de afrontar los retos derivados del éxito. Pero tal vez porque Villacampa formó parte de la crisis de la institución de finales de los 90, que evidentemente le amargó la retirada, o tal vez simplemente por la crisis general de la economía actual, o seguramente por la mezcla de ambas, el camino escogido por la Penya sigue siendo el camino del espíritu. Si el año pasado el Joventut nos recordaba la película Hoosiers, más que ídolos, con un viejo sabio en el banco y mucha adolescencia en el parqué, este año no les ha quedado más remedio que rodar la segunda parte de la película: Hossiers, con dos cojones, que otorga el papel protagonista a Sito Alonso, y sube la responsabilidad de los adolescentes. ¿Qué se fue Rudy? Pues que Ribas, Franch, Norel, Tomás…se vayan espabilando. Y lo curioso es que los chavales se espabilan, a su ritmo, pero haciendo de la necesidad virtud. “¡Cura, saca a los jóvenes!” solían gritarle a un mítico entrenador de Estudiantes. Como en Badalona eso no lo pueden gritar, la gente sólo anima. Y además, así Villacampa puede seguir en el palco con el pelo largo y sin corbata. Lo mismo ha organizado esa estrategia para que no le llamen cuarentón.

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