martes, 31 de marzo de 2009

POR QUÉ GANARÁ TIGER…

TIGER HA VUELTO. Su victoria en el Arnold Palmer Invitational es un claro aviso de que tiene objetivos pendientes. Y lo verdaderamente increíble es lo poco que le cuesta enfocarlos, y cazarlos. Tras apenas dos torneos, la victoria. Y el Máster 2009 a un par de semanas vista. Ya da miedo. Ya lo han visto sus rivales. Ya lo tienen ahí de nuevo.

Diario Público: abril de 2008.
"Pido perdón en caso de que el titular lo hayan tenido que leer un par de veces. Es una traducción directa del inglés (Why Tiger will win…), y no se me ocurría una frase más fluida. El original viene de la revista Golf World. Durante un tiempo, fui fácil objeto de regalo: cualquier cosa de golf, y un abrazo. Pero es que además, la revista Golf World no es cualquier cosa. Lo que Sports Illustrated constituye para el deporte en general (expertos, literatura, espacio, historias…), Golf World lo representa en su hábitat. “The Game’s #1 Newsweekly” proclaman, y se quedan tan anchos. Porque además tienen razón.
En 2005, por estas fechas, su foto semanal era un primer plano de Tiger tras golpear un drive vestido de rojo. Resumiendo; la foto de un triunfador. Debajo, la frase del inicio y, de fondo, el análisis de los hechos que han llevado a Woods a dominar el Master de Augusta, y el mundo del golf. El análisis concluía entonces de forma indiscutible (interpreto, no traduzco): “Tiger ganará en Augusta, no porque esté en la cima de su juego, sino porque los jugadores que le persiguen no aguantan un duelo directo en un lugar tan apabullante”.
Augusta National, es el Lugar. La casa de La Chaqueta Verde; del Corner al que uno sólo puede enfrentarse rezando (esa esquina que conforman el segundo tiro del hoyo 11, el famoso par 3 –hoyo 12- y el primer tiro del 13). El Hogar de Los Miembros Honorables, y de muchos años de racismo. El invento de Bobby Jones, prestigiado por Arnold Palmer, y glorificado por Jack Nicklaus. Una morada con demasiada historia en sus 18 hoyos.
El analista era muy directo en su planteamiento. Simplemente creía que Ernie Els, Phil Mickelson y Vijay Singh no podrían competir con Tiger, cuando éste llegaba tan motivado como entonces. Tres años después, además, Woods está mucho más cerca de la cima de su juego, y ha añadido elementos motivadores a sus ganas de triunfar: su fallecido padre, su recién nacida hija… y, por encima de todo, la definitiva caza de un Oso Dorado (Nicklaus) al que solamente él podrá acercarse en la historia de este deporte".

domingo, 29 de marzo de 2009

EL ESPACIO AÉREO GRIEGO.

Un cineasta llamado Menkes que acaba de estrenar película, -y que por cierto comparte la dirección siempre con un compañero, como si fuera un entrenador con dos cabezas- comentaba la manía que tiene al concepto 'cine español', en genérico. Venía incluso a decir que el dichoso apelativo es lo que más daño le hace a la industria. Cito de memoria, pero sentenciaba, más o menos, que el cine puede ser bueno, malo, romántico, o terrorífico, pero jamás será español, como jamás es francés o americano.
Sirva esta reflexión para bajar a la cancha del baloncesto europeo. ¿Es lógico que hablemos de ‘baloncesto europeo’? Desde luego existe la Euroliga, y la juegan una multitud de equipos, pero ¿realmente tiene algo en común un partido en una 'salle du basket' francesa, o en una cancha ACB, con un encuentro en ese sugestivo recinto griego llamado Pabellón de la Paz y la Amistad. ¿Tiene sentido, entonces, formar parte de un entramado de voluntades tan diversas, de educaciones tan opuestas, de objetivos de entretenimiento tan dispares englobados todos por narices en una competición común, caiga lo que caiga?
Hace años, Arvidas Sabonis fue muy criticado cuando puso en voz alta el pensamiento de cientos de jugadores, todos tan ‘europeos’ como él. Cada uno de ellos entraba en Grecia para jugar al baloncesto, y salía con varias anécdotas desagradables en la maleta de vuelta. Arvidas fue preguntado, y simplemente cantó: "si pudiera, evitaría incluso sobrevolar su espacio aéreo". Tomar el todo por esa parte, fue sin duda una agitación, pero el caso es que Sabonis hizo entonces exactamente lo mismo, con un fino toque lituano, que ha hecho ahora el cineasta español; manifestó con altavoz una profunda manía.
Mientras en algunos pabellones europeos se disputen estrictos partidos de baloncesto y en otros pueda jugarse con fuego a gusto del asistente, tal vez habría que plantearse, si no un cambio de adjetivo de la Liga, tal vez una lógica ampliación para cada película; buena, mala, romántica… o terrorífica.

Diario Público, 29 marzo 09

viernes, 27 de marzo de 2009

FEDERER Y ARCADI ESPADA

Me gusta Federer como "Religious Experience" (By DAVID FOSTER WALLACE, Published: August 20, 2006), y me llaman mucho la atención las cartas de los sábados de Arcadi Espada en El Mundo. Porque ambas cosas son complejas.

En Federer, la cara, los gestos, la mirada, no concuerda con la belleza de sus golpes, con su fluidez, con su técnica. Es un chico fundamentalmente triste con una raqueta alegre. Pega, falla, gana, inventa... mucho más de lo que disfruta.
Tras su última derrota frente a Nadal, la del "God, this is killing me...", en varios periódicos lo mandaron al psicólogo. Pero no cree en ellos. Viaja con su novia, la de siempre, como un buen tipo que no quiere molestar ni que lo molesten. Cae bien a sus rivales, todos quieren ser como él, todos lo respetan, a todos les gusta contemplarlo ahí arriba; parece como que no les importa perder con él. Es extraño. No provoca a sus contrarios, pero tampoco transmite al público emociones más allá de su raqueta. Trecet decía que no juega con una raqueta, sino con un violín. Sí, pero es un violín alegre en un intérprete con poso (En Argentina poso es saudade, es melancolía). Se tira al suelo, tras ganar, como se tira Rafa... y no es lo mismo. En Rafa, el momento cambia; pasa de la emoción del partido a la emoción de la victoria. Pero siempre está allí. En Roger, el momento termina con la última nota de su violín. Se cierra la obra y lo demás es fake, impostura; se queda a la entrega de premios porque forma parte de su biografía de leyenda. Pero en realidad sólo es capaz de transmitirnos que le gustaría estar en el hotel, con su novia al lado y un cartel en la puerta de no molestar. Rafa está dentro de sí mismo cuando juega, cuando gana, cuando habla. Federer juega desde fuera.

Arcadi escribe sus cartas de los sábados del mismo modo que juega Federer al tenis; desde fuera de sí mismo. Su estilo fluye, atrapa, pero él no está allí. Es otro violín sin violinista. Arcadi lo sabe todo del periodismo, como Roger lo sabe todo del tenis. No se sorprenden por nada. No se alegran por nada, ni se entristecen de verdad.

miércoles, 25 de marzo de 2009

EL BALONCESTO ALREDEDOR DE 1,80

Este artículo de Público del pasado diciembre, tras un Barça-Madrid, se puede actualizar cambiando al Barça por el Olympiakos, y a Sada por Papaloukas. De cualquier moso, siempre será Raúl López, o cualquier base de 1'80, el que acabe sufriendo las consecuencias de la mejora de la raza baloncestística.

“Los más viejos del lugar…” como escribe Salaner de vez en cuando, tal vez recuerden una curiosa iniciativa que no tuvo continuidad en el tiempo. En el verano de 1967, en Barcelona, se llevó a cabo un experimento de baloncesto para bajitos: lo llamaron el Mundial del 1´80. Ocho selecciones nacionales acudieron a la cita con equipos cuyos jugadores no podían superar esa altura (aunque fueron flexibles con algún centímetro de más, al parecer). El título se lo llevó Estados Unidos, que venció en la final a España, ante más de 8000 espectadores que abarrotaban el Palacio de Deportes de la ciudad, con televisión en directo. Las figuras españolas de aquél equipo eran tres internacionales (Martínez Arroyo, José Ramón Ramos y Nino Buscató), que al año siguiente disputarían los Juegos Olímpicos de Méjico. Según me cuenta uno de los protagonistas, pocas veces disfrutó tanto como en ese torneo.
Esta historia de padres -ya abuelos-, trata de enlazar, aunque todavía no lo parezca, con el Barça-Madrid del pasado sábado. El fino equipo de Pascual, con todos en forma, acabó pasándose por la piedra al Madrid, que va y viene, que todavía no ha encontrado una velocidad de crucero. Pero como el baloncesto, dada su riqueza, puede también analizarse por puestos, podríamos quedarnos con uno de los detalles que visiblemente marcaron el partido: el duelo de Víctor Sada y Raúl López. O con algo más concreto: el físico de Víctor Sada, frente al físico de Raúl López. Las estadísticas son una parte del resultado a favor del blaugrana (las 12 asistencias de Sada tampoco suceden cada fin de semana), pero gran parte de la diferencia estuvo claramente en los centímetros. Hubo un tiempo en que todos nos fijamos en Magic Johnson, porque era muy diferente. Porque era único. Y en España surgió Montero, que también hizo sufrir mucho a sus rivales. Pero los chavales de 1,80 que iban destacando, podían tener la sensación de que en cada plantilla habría un par de huecos para ellos y, sobre todo, que la Liga todavía era para todos. Viendo a Raúl sufrir el sábado (como sucede en casi todos los partidos), la sensación es que el jugador de 1’80 necesitaría urgentemente una liga propia en la que poder disfrutar. En el baloncesto actual su único horizonte es ya el sufrimiento.

martes, 24 de marzo de 2009

CHILDRESS EN OLYMPIAKOS, PERO TAMBIEN PAPALOUKAS Y GREER

Los que hayan jugado, a cualquier nivel, tendrán alguna vivencia parecida: se llegaba al patio del rival, con los aros duros y el ambiente desapacible, y siempre aparecía un contrario con las mejores zapatillas del mercado, los pelos a la última, y unos movimientos en la rueda de calentamiento que daba gusto verlos. Reversos, diez mil botes entre las piernas, incluso algún mate para terminar de pintar el cuadro. Al mismo tiempo, agazapado, andaba por allí el gordito de turno que corría a su ritmo, tiraba a su ritmo, incluso tenía tiempo para saludar a los amigos que se habían acercado al patio porque les pillaba cerca de casa.
Cuando el partido comenzaba, la inercia llevaba la vista hacia el aparente, hacia el del calentamiento imponente. El que le daba color al partido. Cuando pasaban los minutos, se veía que allí el que mandaba, el que iba a liderar el asunto y a dar los pases justos en el momento preciso, era el cabrón del gordito.
Durante los minutos que se pasaba sentado en el banco, la estética del partido parecía mejor, había más botes entre las piernas, más reversos, más parafernalia. Pero era volver a la pista el gordito, y cambiar inmediatamente los fuegos artificiales por baloncesto a ras de suelo, por dinámica de pases precisos, de bloqueos oportunos, y por jugadas acabadas en triples que minaban la moral del visitante.
En la victoria del Olympiakos frente al Madrid, en el primer partido del playoff de Euroliga, se vio claramente el fuego artificial del equipo griego, que les hubiera llevado a la derrota, y el gordito -en este caso dos- que se conoce al detalle el negocio de la Euroliga. Childress es el capricho del armador que se lo trae porque se lo puede permitir, pero también porque, al mismo tiempo, se compra a Papaloukas y a Greer para que controlen el percal cuando el rival se está convenciendo de que aquella cancha puede ser jauja.
Mientras el habitat natural de Childress es la NBA, y un rico se lo ha traido a Atenas como quien se trae un leopardo para exhibirlo en una jaula dorada, el habitat de Papaloukas y Greer son los partidos con ambiente, a medio campo, punto a punto. Es decir, la Euroliga en este preciso momento.
El Madrid lo tiene complicado, pero sólo tiene una posibilidad: dejar que el leopardo se mueva mucho por la cancha, y atar a Papaloukas y a Greer desde la rueda de calentamiento. Desde el sillón de casa la fórmula parece cristalina.

¿Y SI HUBIERA GRANIZADO?

Al principio de la final entre Nadal y Murray en Indian Wells el diagnóstico estaba claro: aquel se descentrara lo menos posible con el ventarrón de California, tendría el partido de cara. ¿Y si no era Nadal? ¿Y si el escocés, de verdad, está en la senda que lleva al dominio, al asalto del número uno? Bien, pues ya tienen las respuestas. Las preguntas eran lógicas. Murray venía de hacerle un destrozo a Federer -uno más; ¿cuántos aguantará el suizo?-, venía de una solidez asustante en los golpes de fondo, con esa máxima que se aplican los tenistas con el gen competitivo desde que les enseñan a pasar pelotas por encima de la red en su club; "¡pasaré una pelota más que el contrario, siempre!".
Ah, pero ese ¡siempre! es territorio prohibido. Es de Rafa, y no lo suelta. Durante lo poco que duró la lección de concentración tenística (apenas hora y media), uno podía estar haciéndose todo tipo de preguntas mientras veía sufrir a Murray con el temporal como si fuera un juvenil, y disfrutar a Rafa con las pelotas ingobernables como si estuviera jugando en la playa con sus primos. Eso sí, la cara seria durante todo el partido, porque aquello era un Máster 1000.
La primera pregunta podría haber sido: ¿cuál de los dos torcerá primero el gesto ante un fallo absurdo por culpa del viento? Evidentemente fue el escocés. ¿Quién se insultará primero, o buscará primero la mirada cómplice desde la grada, esa mirada que justifique la derrota ante las condiciones imposibles? Evidentemente Andy, de nuevo él. ¿Quién se quejará amargamente al árbitro? ¿Quién tirará la raqueta con rabia contra la silla? Rafa no, el otro. Siempre el otro. ¿Quién, por tanto, ganará un partido en condiciones climatológicas adversas? Por supuesto Nadal. ¿Quién estará dispuesto a jugar al tenis, preparado para seguir pasando esa pelota de más al contrario por encima de la red, por encima de cualquier viento, lluvia, frío, granizo, o huracán de las Azores? Efectivamente, el sobrino del tío Toni.
Lo bueno de que un jugador así haya puesto en fila india al resto del ranking, es que los demás ya saben lo que toca: durante el reinado de Federer tocaba mejorar la técnica. Ahora toca mejorar la actitud. Hay que salir a la pista a darlo todo, con sol y moscas, pero también cuando las pelotas vienen con ganas de guasa, haciendo eses. Chitón todos, ni un mal gesto, a mover las piernas y a trabajar como tenistas, que para eso pagan.
En la PGA de golf se inventaron aquello de 'These guys are good'. Aquí lo tienen a huevo: 'Nadal is tough'. Por tierra, mar y aire...

domingo, 22 de marzo de 2009

LOS SIRVIENTES DE LA CAUSA

La frase se me quedó grabada desde el primer día que se la escuché. "Hay una señal muy clara para saber pasar la página en la profesión de entrenador de primer nivel: un día te levantas, y eres consciente de que piensas antes en la familia, o en los amigos, que en el próximo entrenamiento o el siguiente partido". Así de radical me lo ponía uno de los grandes sirvientes de la causa del baloncesto español del siglo pasado, de profesión hoy maestro consultor.
Viendo la reacción del equipo de Ivanovic ayer, tras dos derrotas que habían sembrado dudas, uno se imagina la semana familiar de Dusko, ese jefe. Y desde ayer, es fácil también imaginar lo que le queda por delante a Sito Alonso, tras el correctivo encajado. Si un entrenador es un hombre pegado a una misión, un entrenador en problemas simplemente eleva esa misión a la categoría de imposible, como aquel cartel que presidía el viejo vestuario de Magariños, y que los jugadores mirábamos con cierto desprecio: "aspira siempre a lo imposible, el que solamente aspira a lo posible, nunca llega a nada". Jamás supimos quien fue su autor, aunque siempre intuimos que podía tener barba, por ejemplo, y un nombre sustitutivo de José Vicente. Y si no fue él, siempre lo disimuló bien. Se me ocurre que algún día, alguno de estos tipos secuestrados por una profesión inabarcable, podrían recibir un homenaje como el que le hizo una periodista hace 5 años a Phil Jackson en una publicación de Los Angeles. Aquel "Servant of the Cause", con opiniones de sus jugadores principales y secundarios, con la lírica del personaje y el rigor de los hechos (el trueque de enseñanza por esfuerzo, con objetivos compartidos por todos), es en realidad un homenaje para todos los que durante años se han levantado por la mañana -más o menos simpáticos, más o menos capaces-, y antes de dar los buenos días a su mujer se han ido a pintar la variante de un nuevo movimiento en la pizarra de su despacho.

Diario Público, 22-3-09

viernes, 20 de marzo de 2009

ROCKY FEDERER

No he visto su partido contra Verdasco en Indian Wells, pero sí un pequeño resumen que me servido para elaborar una impresión; el llanto de Australia marca el final de un ciclo. Apenas fue un gesto al final del partido. Una expresión en su cara. No sé si mis ganas de verle de nuevo imbatible (soy Federista de religión) estarán deformando la realidad. Lo veremos en cuanto se enfrente de nuevo a la bestia, que además sigue cobrándose piezas por el camino. Lo de Nadal está fuera de toda lógica, o sea que centrémonos en la lógica de Roger, que al menos es humano.
Hay algo en este duelo absolutamente cinematográfico. Es una pena que el tenis no sea boxeo, o incluso baloncesto, y esté tan lejos de la carga de emociones que necesita una buena película con trama deportiva. Aunque no sé, tal vez alguien se anime y de por fin en el clavo. O al menos se realice un buen documental. Jamás tendría tanto sentido. Si el productor fuese español, o simplemente nadalista, el final perfecto hubiera sido Australia. Allí donde Rafa se cobró no sólo la pieza tenística (eso sucedió en Wimbledon), sino la pieza humana: destrozó a Roger por dentro.
Si el productor fuese Federista, y no necesariamente suizo, por favor, el final de la historia debería estar por escribir. Roger tocó fondo en Melbourne, y de ahí en adelante solamente nos espera un desenlace dramático tipo Million Dollar Baby (sigue, sigue, y sigue perdiendo, y sigue, sigue, y sigue llorando), o una apoteosis del asalto final en la cual Rocky Roger se levanta de la lona y se hace incluso con un Roland Garros, rompiéndose la camiseta tras el último punto, y subiendo a la grada a tocarle la tripa a la Vravinec a punto de parir un Rogelio pequeñito.
En el partido contra Verdasco, en su gesto tras el último punto, creí ver un apunte de esta superproducción... pero seguramente estaré equivocado. Roger es suizo, y además sigue sin jugar Copa Davis. Pensándolo mejor, voy a cruzarme de lado en la red. Es lo más coherente por mi parte.

jueves, 19 de marzo de 2009

EL MEJOR REGALO PARA UN PADRE

Me llama mi padre por teléfono. Lo tengo sin volumen y no lo escucho. Estoy jugando con mi hijo. Mi padre insiste, intenta localizarme en el móvil. Al fin lo consigue.

- ¿Lo has visto, hijo?
- ¿El qué?
- El partido de Nadal en Indian Wells. Acaba de terminar a las 10 hora de España, las 2 de la madrugada en California.
- Pues no sabía que estaba jugando. ¿Contra quién?
- Contra Nabaladian. No sabes lo que te has perdido. El partido del siglo...
- ¿Otro?
- Sí, otro. Pero este es irrepetible...
- Por...
- ...Pues porque Nabaldian le mete 6-3 en el primer set, y no deja que Rafa pise la pista. Le pasa por encima. Y en el segundo set se pone 5-3 y su saque. A Rafa sólo le queda ir a darle la mano.
- ¿Y?
- Y con cinco match-balls en contra, con saque de Nabaldian, remonta, gana el segundo set en el tie-break, y le mete 6-0 en el tercero. Ha sido la locura.

Ya me imagino. Qué tío. Qué pundonor. Qué lección de competitividad, qué ejemplo de deportista, de modelo social, de tipo incapaz de asumir la derrota hasta la última bola de partido, de, de, de, de...

...Feliz Día del Padre, en definitiva, a todos los padres de Rafa. Con ese hijo, ya podréis. Lo jodido es ser el padre de los demás, porque me temo que ha roto el molde. A ver quien es el figura capaz de saltar por encima del listón que va a dejar este ser de otro planeta, cuando se retire. Lo de este chaval no es normal. Se puede jugar bien el tenis, se puede tener pundonor... pero es imposible llevar dentro de un cuerpo humano la necesidad de perseguir cada partido como si fuera el último de tu vida. No hay línea genética capaz de transmitir esa enseñanza.

martes, 17 de marzo de 2009

LOS ANDARES DE PAU Y TODO LO DEMAS

¿Se han fijado como anda Gasol, como se mueve por la pista, lo chuleta que parece? El cimbreo ha sido consustancial al baloncesto, y es lógico. Esa especie de movimiento desgarbado en los andares del jugador, que ha terminado convirtiéndose en un copyright del propio deporte, es altamente probable que suceda alrededor de cuerpos asimétricos. Si uno de pequeño sueña con ser una estrella de la canasta, parte del sueño corresponde necesariamente a la superficie, al continente, al envoltorio: no sólo habrá que tratar de jugar como Jordan, tirar como Jordan, defender como Jordan, sino que habrá que tratar de andar como Jordan, gesticular como Jordan, o masticar chicle como Jordan. Y ahí donde puse Jordan, actualicemos y pongamos a Kobe, a Lebron, o a Garnett, por ejemplo. Detengámonos en el actual Celtic. “¿A quién te gustaría enfrentarte en la NBA?” Le preguntaban a Pau de forma recurrente en sus inicios, todavía imberbes. Y Pau, seguramente con el piloto automático puesto, producía la misma respuesta: “Me encantará enfrentarme con Kevin Garnett”.
La respuesta de Gasol ya no transmitía en esos momentos mucho mayor entusiasmo que el de las negritas o el de los signos de exclamación que el periodista quisiera usar como adorno. Porque el niño Pau mentalmente ya estaba allí, deseando experimentar los contenidos, más que continentes, de la aventura. La frase completa y coherente de un joven competidor, tal vez era: “me encantaría enfrentarme con Kevin… para saber si puedo irme por la línea de fondo y hundírsela en la cara con falta, mientras grito y pongo cara de animal, por ejemplo”. Pero esto no lo podía decir, porque María Luisa y Agustí no le educaron así. Lo único que no le podían impedir era que se cimbreara al andar como si ya fuera bueno.
Una vez allí, con el envoltorio adecuado (cabeza, cuerpo, extremidades, familia, y andares NBA), el objetivo ha sido ir haciendo, y luego si acaso decir. Primero hizo aquel el mate, y luego dio las explicaciones. Ahora estamos en el penúltimo capítulo. Ya puede hablar sobre cómo se gana a un equipo imbatible, en una fecha muy marcada de la temporada regular, siendo la figura del partido. Le queda el último peldaño, el más difícil; ganar este año el anillo, y explicarlo después. Mientras tanto, lo único que no ha cambiado desde que llegó es su manera de andar. Sigue andando como aquel niño, pero hace tiempo que juega como un hombre.

Diario Público, dic.08

domingo, 15 de marzo de 2009

LA PROPIEDAD DEL INVENTO

En el patio del colegio donde me hicieron deportista, jamás hubo canastas y porterías para todos. El que traía la pelota, como mucho elegía compañeros, pero el campo era de todos. Seis balones significaban seis desafíos, y una enseñanza por encima del resto: el baloncesto, o el fútbol, era propiedad de todo aquel dispuesto a jugarlo, incluso en aquellas condiciones.
José Calderón, que se fue a la NBA no sólo para jugar, sino para que los demás se enterasen de lo bien que juega, ya es propietario de dos estadísticas individuales en Toronto. Es el que mejor lanza tiros libres de la franquicia, y ahora también es el mejor pasador. Pero él, lógicamente, ubica esos premios en el lugar correspondiente, siempre un paso por detrás del resultado del equipo. Está bien, dice, pero preferiría ganar más partidos. A lo largo de la mañana de hoy, Navarro, a quien en mi patio le hubiéramos pasado los seis balones a la vez, batirá a Epi como mayor triplista del Barça. Es un récord con asterisco, porque Epi jugó varios años sin línea de tres puntos, y queremos pensar que Juan Carlos también lo cambiaría por cualquier título de su equipo.
Ahora que son hombres-récord, me encantaría participarles de la extraña reacción que contemplé de un grandísimo mito de nuestro deporte, en un informal corrillo de veteranos. Uno de ellos, más joven y mucho peor jugador, contaba como otro compañero de entonces había sido capaz de anotar 44 triples seguidos en un entrenamiento. Mientras el resto se asombraba y requería más información, el mito decidió burlarse del suceso, sacando los colores al narrador: “venga hombre, 44 seguidos… eso es imposible ¿seguro que no mirabas a la grada mientras contabas?”. El corrillo inmediatamente se disolvió, pero aquella anécdota le dejó al narrador la sensación de que aquel jugador había decidido creerse el único dueño del patio.

sábado, 14 de marzo de 2009

EL TENISTA FUERA DE FOCO

Un deportista nace, crece, y si es mucho mejor que la media quizá acabe viviendo de su profesión. Si encima coge la inercia técnica y mental que conduce a la excelencia, puede acabar marcando una época. Pero, tarde o temprano, otro deportista se lo acaba llevando por delante. Es una ley no escrita que, en los deportes individuales, a veces se acelera de forma despiadada. Porque los enfrentamientos son directos y las victorias y derrotas producen efectos colaterales. Nadal empezó ganando a Federer, después lo ha superado en el ranking, y paralelamente ha conseguido que el resto del cuadro se encuentre con un gran tenista suizo al otro lado de la red, cuando hace apenas hace un año sólo veía un profesor emérito dispuesto a ofrecer una clase de hora y media, si no le molestaban demasiado.
Y la pregunta es: ¿hay vida profesional para un tenista extraterrestre cuando deja de serlo? Dos casos pueden servir de referencia: a mediados de los 80, Bjorn Borg decidió que no, y frenó en seco con veintiséis años y algún Roland Garros de menos. Pete Sampras, en cambio, fue capaz de aguantar sus últimas temporadas sin ser número uno, y el tenis le concedió un regalo de despedida: su decimocuarto Grand Slam lo conquistó cumplidos los 30, con los focos del USOPEN apuntando hacia otras zonas del cuadro.
Roger siempre ha declarado que creció imitando los gestos y golpes del norteamericano, y que uno de sus momentos más felices fue su victoria en Wimbledon ante él. Lo lógico es que Federer, en vez de frenar en seco, siga persiguiendo los tres Grand Slam que le faltan para igualar a Sampras, pero tendrá que encontrar la manera de sustituir el brillo de los focos que le ha robado Rafa tal vez para siempre.

Diario Público, agosto 2008

jueves, 12 de marzo de 2009

OTRA FORMA DE SER OLÍMPICO

Artículo publicado el mes de agosto, con motivo de la inauguración de los JJOO de Pekín.


La manera habitual (la que nos enseñan los medios de comunicación), es la siguiente. Los atletas llegan a la ciudad sonriendo, se hacen muchas fotos en el aeropuerto (¡lo hemos conseguido! es la traducción literal de esa sonrisa) y se instalan en su gran mayoría en la Villa Olímpica, que, por lo que comentan, esta vez es un lujo pekinés. Los pocos que prefieren un hotel, contablemente también serán olímpicos, aunque filosóficamente tal vez algo menos. A veces la razón toma decisiones que el espíritu no entiende.
El siguiente paso es el desfile. El gran momento. El día del desfile es duro. Muchas horas de pie, normalmente con calor, soportando los momentos previos con el mejor humor posible para dar la vuelta de honor ante un estadio repleto. El abanderado es el centro de atención, pero cada uno de los atletas se siente verdaderamente protagonista. Las risas nerviosas, las risas cómplices, las fotos y los abrazos en el centro del anillo junto a los demás deportistas, son las escenas posteriores a la parada de cada delegación. En el centro del estadio, vestidos todos iguales, han sido despojados de las características que definen su especialidad para compartir el núcleo común que los ha llevado hasta allí: la ilusión, el entrenamiento y el esfuerzo.
A partir de entonces, el vértigo de la competición va marcando su día a día. La natación, el atletismo, el baloncesto y la gimnasia quizá se eleven algo por encima del resto por su condición de clásicos en los Juegos, pero todos reciben la atención con la que muchos saben que no podrán contar durante el resto del año. Y mientras tanto, La Villa sigue siendo ese hervidero de historias personales que cada uno se lleva de vuelta a casa, o deja allí para siempre.
En mi familia hay un atleta olímpico. Mi padre participó en los Juegos de Méjico 68. Era jugador de baloncesto. Tenía 24 años y pudo vivir todo ese proceso habitual para unos privilegiados cada cuatro años. Decidió, como supongo que hace la mayoría, abrir bien sus sentidos, y meter toda su historia en la maleta de vuelta. Desde entonces la cuenta de vez en cuando. Y quien quiere la escucha. Y quien la escucha tiene derecho a pensar que estuvo allí, ¿o acaso no puede el espíritu tomar decisiones que la razón no entiende?

Diario Público, 9 de agosto de 2008.

miércoles, 11 de marzo de 2009

CUALQUIER TIEMPO PASADO Y SUS MATICES

Casi todos caemos en su atractivo. Es inevitable. Me refiero a las comparaciones deportivas. Se lo dice un mitómano incorregible que celebra, por ejemplo, cada artículo de Santi Segurola sobre Angel Nieto, Induráin, Arancha, Santana o Seve, como el regalo del día. Es evidente que la memoria selectiva nos permite recordar un bonito pasado. Y a veces ahorramos en matices.
Viene esto a cuento de una reciente entrevista con Marc Gasol a propósito de sus primeros partidos NBA. Inevitablemente se habló de su record de semanas como mejor jugador de la pasada ACB, y por supuesto de Sabonis. Marc repetía las mismas respuestas de joven y educado jugador… Y entonces llegó la pregunta en bruto: ¿podrás llegar (o tal vez, te gustaría llegar, cito de memoria) a la altura de los mejores pívots europeos de todos los tiempos, como el citado Arvidas, o Cosic, Fernando Martín, y Dino Meneghin…?
Y estarán conmigo en que la lista está claramente sin colorear. Hablemos de Sabonis y Dino, por ejemplo. En 1982, con dieciocho años, Arvydas fue campeón del mundo siendo la referencia del equipo de la URSS. Cuando lo fichó el Zalgiris de Kaunas, la liga soviética cambió de dueño, acabando con el monopolio del Csska de Moscú. Con 20 años, fue primera ronda del draft de la extraterrestre NBA de los 80, y pese a las lesiones llegó a los Juegos de Seúl de 1988 para ganar el Oro delante del mejor pívot de la época, aquel imponente David Robinson. Todo esto alrededor de la edad que Marc tiene ahora.
Y ahora, Meneghin, ese gran pívot a la italiana. Dino debutó a los 16 años en Serie A, y jugó hasta los 45. Imbatible. Su palmarés es inigualable en cualquier liga europea, Copa de Europa incluida. Incluso fue seleccionado en una última ronda del Draft de la NBA en 1980, dato que añade el toque final del personaje. Del mito. Pero la labor de Dino fue siempre de consumo interno: regó de carácter equipos ya superiores, y se cobró el manguerazo en forma de palmarés. Mientras el juego-macho de Dino mejoró grandes equipos, el talento de Arvydas ha sido uno de los dos o tres grandes focos del Baloncesto Europeo mayúsculo. Entre Sabomis y Dino hay un muro baloncestístico al menos tan grande como el que separó a Sabonis de los grandes siete pies de todos los tiempos: el Muro de Berlín.

Diario Público, octubre 2008

lunes, 9 de marzo de 2009

PETROVIC 44

Curiosamente fue un número que llevó en la NBA, en los Blazers, durante la primera etapa de su aventura americana, la única en la que pareció uno más dentro de un campo de baloncesto. Luego, como recordarán, acabó también convertido en el hombre-franquicia de unos New Jersey Nets temidos en la Conferencia Este. Drazen Petrovic hubiera cumplido cuarenta y cuatro años y en Zagreb, en el pabellón que lleva su nombre, recordaron su vida a través de sus jugadas. Y es que, cuando un genio muere joven, cuesta mucho trabajo imaginarlo de otra forma que, en su caso, vestido de corto y cumpliendo sus sueños de niño baloncestista: anotar más que nadie, y llenar sus equipos de carácter ganador.
Escribía Juan José Millás en uno de sus últimos artículos, a propósito de los estereotipos. “No es lo mismo una novela magnífica, que una novela magnífica y desgarradora, pues el desgarro añade a la magnificencia un plus de legimitidad”. Petrovic fue un jugador magnífico e insolente, y fue precisamente esa insolencia la que primero lo elevó a otra dimensión en el baloncesto europeo. Para el público español, el “estereotipo Drazen” lo generó un partido concreto que disputó con la Cibona frente al Real Madrid en el antiguo pabellón de la Ciudad Deportiva. Es difícil que cualquier amante del baloncesto de esa época haya olvidado aquel partido. Sucedió una tarde-noche de jueves de mediados de los ochenta, y se disputaba la liguilla de la antigua Copa de Europa. Me recuerdo sentado frente al televisor junto a mi hermano, presenciando con la boca abierta la puesta en escena de algo desconocido a ese nivel. Un partido secuestrado de tal modo por la personalidad de un jugador que hizo del resto unos meros comparsas del show, más o menos agradable en función de la camiseta que llevaban puesta. Aquello no fue un partido más, sino Petrovic usando el baloncesto para convencernos de que nadie dominaría como él en Europa. El impacto fue imposible de olvidar en plena adolescencia obsesiva de balón. En el colegio, al día siguiente, todos quisimos practicar su bote entre las piernas, ese gesto tan bonito y eficaz para matar al contrario. Seguramente, mientras lo hacíamos, en el fondo soñábamos con ser los protagonistas algún día de un show parecido.

Diario Público, octubre de 2008

domingo, 8 de marzo de 2009

DOS APUNTES DE UN FIN DE SEMANA CUALQUIERA

DE TENIS. Nadal siempre salta antes de empezar sus partidos. Da igual que empiecen a las diez de la mañana, que a las diez de la noche. Cuando el árbitro sortea campo o saque, la estampa es la misma: Rafa salta, y sus rivales le miran desconcertados. A veces, parece que un contrincante de la talla de Djokovic, quizá Murray, O Federer, pudieran estar pensando... "que salte, que salte, yo a lo mío, haré mi partido, nada de lo que él haga podrá afectarme mentalmente". Pero sí les afecta. Les afecta desde que empieza a saltar, y no deja de afectarles hasta la última pelota de partido (Djokovic en Pekín llorando, por ejemplo). De hecho, les afecta hasta en la entrega de premios (Federer en Australia llorando, por ejemplo), e incluso les afecta hasta en las declaraciones post-partido (Djokovic declarando que Rafa se merece todo lo bueno que le pasa, por ejemplo).
Rafa no sólo juega, no sólo gana, no sólo salta, no sólo corre, no sólo se agita, grita, suda... sino que afecta. En tiempos, entre colegas, la expresión castiza era: "¡macho, te tiene comida la moral!".

DE FUTBOL (a veces uno puede adentrarse en deportes que no interesan a nadie; lo siento, sabrán perdonarme). El sábado, el Madrid y el Atleti jugaron un partido de fútbol muy entretenido. Uno mantiene desde que tiene uso de razón deportiva que no hay juego más divertido para practicar que el balompie. (¿Qué bien suena, no? Balón-pie. Balompie!). Como del partido en sí ya hablan los que entienden, Segurolas, Truebas, Orfeos, Sámanos... aquí podemos apuntar un hecho; la energía viaja por el aire y los jugadores la captan. Millones de espectadores están convencidos de que el Madrid (¡ganadores!) no puede perder con el Atleti (¡pupas!), y el pensamiento se mete en la cabeza de Agüero, por ejemplo, baja por su diestra y su zurda, se vierte a la pelota, y se prolonga hasta Casillas. El fútbol es un estado de ánimo, dice Valdano. Evidente... y colectivo. La energía ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma, añado. ¿Han entendido algo? Por eso jamás hablo de fútbol. Lo siento de veras.

sábado, 7 de marzo de 2009

EL MODELO DEL NUMERO UNO

Se abrió la Davis. En un día se ganó lo perdido en la jornada anterior. Tres partidos, ventaja española, pero no definitiva. Ferrer sigue su idilio con el torneo (pasó por encima de Roddick en la semifinal de Madrid, y hoy aburrió a Djokovic), y Rafa, ay Rafa, siempre Rafa. Además, con un plus que no tenía: le apetece levantar la Ensaladera de nuevo. En Sevilla 2004 lo hizo, pero no era el número uno del equipo. El año pasado lo era, pero se perdió la final. Está claro que le falta una combinación en este evento: número uno + final disputada y ganada. Que se vayan preparando.
Hoy, Tipsarevic, por ejemplo. El serbio juega con gafas de sol graduadas, y es un tipo que se pega a la pista, que aguanta, que no se deja ir. Pero hubo una pelota que definió mejor que ninguna la cruz del que está al otro lado de la red jugando contra Nadal. El peloteo era largo, se cruzaron un par de veces de lado a lado, y Nadal comenzó (como casi siempre) a dominar el punto. Su estrategia marcaba la carga sobre el revés, abriendo ángulos a ser posible. Y se puso a ello. Y le mandó un drive con peso, Y Tipsarevic le entró de revés para cruzarla. Y Rafa le puso la siguiente en el mismo sitio, pero un poco más liftada. Y Tipsarevic volvió a meter el revés como pudo. Y Rafa le envió la tercera que llevó al serbio al borde del pasillo de dobles, pero ya dos metros detrás de la línea de fondo. Y cuando fue capaz todavía de aguantarla, llegó la cuarta. Entonces, el bueno de Janko la vio venir, llegó como pudo, deshizo su golpe a dos manos, le pegó con una girando sobre sí mismo, y la pelota le llegó mansamente a Rafa que, mientras la empujaba para ganarla, pudo quizá contemplar una media sonrisa en su rival, como diciendo: ya vale, por favor, déjame un rato en paz.
Por intercambios como ese, que se repiten una vez, y otra, y otra, sobre todo en tierra batida, es por lo que dice un amigo mío que Rafa no es un buen módelo como número uno del mundo. Su razonamiento es simple: los chavales se fijan en los gestos técnicos para imitarlos. Cuando Roger Federer pegaba un drive, aquello era el manual del golpe fluído y estético. Cuando Rafa pega esas derechas en las que se pasa la raqueta por detrás del cuello, poniendo un peso sobre la bola que saca una sonrisa de impotencia al rival, el gesto técnico es absolutamente imposible de imitar. Sólo lo puede llevar a cabo alguien tan fuerte como él, con esa musculatura de Conan el Bárbaro, y con esa capacidad agonística sobre la pista.
En unas horas espera Nole Djokovic. Si le dieran a elegir, quizá el serbio preferiría estar en una barca en medio del mar. La sensación de soledad e impotencia sería la misma, pero al menos podría tumbarse a contemplar el paisaje.

JAMÁS NADIE JUGÓ EN TIERRA BATIDA COMO TÚ, RAFA.

Este viernes finalmente no hubo copa Davis. El viento causó algún desperfecto, y la eliminatoria España-Serbia se tendrá que jugar entre el sábado y el domingo.
Aprovecho para rescatar un artículo del pasado mes de septiembre, en el que hablé de Nadal y su relación con la tierra batida.

Una de las veces en las que Maradona se pasó unos cuantos días encerrado en el hospital con su país en vilo porque se moría, circuló por Internet un artículo de Mirta Bertotti titulado “Vivir para contarlo”. Era la carta de una mujer, madre de familia, suplicándole al Pelusa que no se muriera pese a no ser santo de su devoción. Su petición estaba resumida en este emocionante párrafo: “Dentro de muchos años, los hijos de los hijos de la Sofi van a vivir en un país mucho mejor que el que tenemos ahora. Estoy segura. Y nadie se va a acordar que eras un fanfarrón y un bocasucia. En los libros de lectura se va a decir de vos solamente lo importante, que acá una vez nació un negrito que jugaba a la pelota mejor que nadie, y que era capaz de levantar a un pueblo triste y volverlo loco de alegría, de hacerlo feliz incluso en las épocas más negras. Para que no se muera ése, rezo”.
Como estamos en la zona deportiva del periódico, y en ella está permitido el uso de licencias hiperbólicas, tomemos a Diego por el fútbol argentino y a Nadal por el tenis español. Y si allá los hijos de la Sofi transmitirán de vez en cuando a sus hijos como jugaba Maradona, aquí tendremos que hacer lo mismo con Rafa, sin dudarlo. Los amantes del deporte siempre lo han hecho así. Y con la tecnología actual no habrá excusas que valgan.
Uno, que solamente ha podido ver a Santana en blanco y negro ganando la final de Wimbledon al americano Ralston, por ejemplo, ha presenciado sin embargo tertulias de gente de esa generación a los que se les iluminaban los ojos contando aquellas batallas de Copa Davis. Ahora que todo es más cercano y accesible, y que tal vez se haya perdido la ingenuidad de entonces, habrá que luchar por mantener esas narraciones de los acontecimientos irrepetibles con el mismo brillo en la mirada. Hoy Rafa, frente a un rival educadamente resignado a su inferioridad tenística, ha dado el penúltimo paso para cerrar cuatro años de carrera profesional imbatibles en la historia de su deporte. En los libros de lectura, Rafa, diremos de ti solamente lo importante: que jamás nadie jugó al tenis en tierra batida como eras capaz de hacerlo tú.

jueves, 5 de marzo de 2009

APUNTES DE OTRO BARÇA-MADRID

Demasiado repetitivos. Los dos últimos partidos Barça-Madrid parecen una fotocopia. Se tantean, se miran, se apuntan, el Barcelona se va fácil en el marcador y se inicia una persecución imposible que deja el resultado final en algo menos indecente. Pero partido, lo que es partido, no hay desde el final del segundo cuarto. Se intuye un fin de ciclo en el Madrid. Demasiados síntomas de agotamiento sobre todo mental. Hay momentos en los que un partido tiene que ser una intención; el equipo tiene que mostrar una actitud, una fortaleza en el choque, una capacidad de intercambiar golpes, y el Madrid desde hace tiempo no muestra nada de eso. A veces gana, últiamente con golpes desesperados de orgullo que vuelcan partidos, pero no da la sensación de tener la energía necesaria para intimidar a lo largo de 40 minutos. Para decir: aquí estoy yo, un respeto. Sus rivales lo saben, por eso ayer salió el Barça con las ideas tan claras; golpeemos, intimidemos, intercambiemos golpes, pasemos bloqueos con la energía debida... echémosles del partido a gorrazos, resumiendo.
Y la conclusión es la misma que hace apenas un par de semanas: uno que gana y además golpea, y otro que pierde y termina dolorido y desesperado. Felipe fue el reflejo de todo eso. Se llama impotencia, y es uno de los síntomas de un proyecto que está en la fase de puñetazo en la mesa.

martes, 3 de marzo de 2009

TIERRA ES TIERRA, COMO DIJO VUJADIN

Estamos en Semana de Copa Davis. España-Serbia.
Para ir abriendo boca, rescato un artículo que escribí para Público con motivo de la última semifinal España-USA de septiembre pasado.
(lo de rescatar artículos lo hace Anson cada semana... y le pagan una pasta... o sea que a lo mejor...)


En un momento de Hoosiers, ese clásico de baloncesto sobre un colegio de pueblo que va retando a las escuelas grandes gracias al empeño de su entrenador –y que ya hemos mencionado aquí anteriormente-, Gene Hackman, llega con el grupo a la sede donde deben disputar la final. La cámara nos va enseñando el gesto de los chavales cuando entran en el pabellón, y sus diferentes gestos de asombro. No podían creer que existiera un lugar tan grande donde jugar al baloncesto. Supongo que lo mismo les habrá pasado a los tenistas americanos estos días al aterrizar en Las Ventas: les habrá costado asimilar un lugar tan extraño –o coso, en el argot- como pista de tenis.
Entonces Hackman cogía el metro, llamaba a dos de sus jugadores, y les hacía medir las líneas de fondo a fondo, la zona de lado a lado, y la altura de la canasta. ¿Veis? La pista es idéntica a la de nuestro gimnasio. Los chavales se reían, y el entrenador dejaba media sonrisa de líder con mando en plaza.
Pero Patrick McEnroe lo tenía algo más complicado en esta ocasión. La historia de la Copa Davis viene marcada por una regla que nadie pretende mover, pese a corrientes que lo piden de cuando en cuando. El país de casa pone el recinto, llámenlo gimnasio, estadio…coso, qué más da, pero también elige la superficie comprendida entre las líneas de pista. Y eso en tenis sí que da. Y mucho. Las estadísticas son demoledoras. En ninguna competición por equipos es tan importante jugar de local. Tras la polémica sobre la altura, llegó la cruda realidad para Patrick y los suyos. Lo que había dentro de la cancha era polvo de ladrillo, con Nadal y Ferrer enfrente. Y eso no hay entrenador que lo solucione con una media sonrisa y un metro.
En el tendido del 9, sombra en los toros, sol de plano durante el partido de Rafa, coincidimos con Luis Pérez, que no analiza en periódicos pero que es actualmente el treinta del ranking nacional. Aproveché y le pedí un par de claves: “Pablo, tal vez el saque de Roddick y de Querrey vaya algo más rápido, pero no te imaginas lo que pesa la pelota de Nadal y de Ferrer con la altura”. A Rafa le costó un set dominar al largo Sam, y a Ferrer un mundo ganar al patriota Roddick.
Pero mis queridos amigos americanos, tierra es tierra, como dijo Boskov.

domingo, 1 de marzo de 2009

EL AÑO GOLFÍSTICO PROMETE

Después de su impresionante victoria de hoy en la final del Accenture Match Play, si Geoff Ogilvy se mete definitivamente como alternativa para cada Major, la temporada de golf puede ser de las más bonitas.
Hagamos recuento.
Tiger con un nuevo ligamento cruzado, con un swing mucho más estable, con los 18 Majors de Nicklaus a la vuelta de la esquina... se ha dedicado estos meses a ponerse (todavía) más fuerte, a depurar la velocidad de su movimiento. Va a ser un espectáculo verle. Siempre lo es.
Sergio con muchas cosas que demostrar; con los triunfos y las decepciones del año pasado muy recientes. Con la seguridad de que es uno de los mejores, y la inseguridad del gran triunfo que se le resiste.
Geoff Ogilvy, Camilo Villegas y Pedraig Harrington; tres jugadores muy diferentes, pero con un claro objetivo común: ganar lo que les pongan a tiro. Ogilvy y Villegas están preparados para salir con la victoria de cualquier campo, y Harrington tiene la mentalidad necesaria, como ya ha demostrado, para rebañar cualquier posible torneo donde le abran la puerta.
Después, en mi opinión, deberían situarse tres veteranos a los que no se debe arrinconar, y a los que habra que seguir teniendo en cuenta cada vez que haya torneos importantes en juego: Phil Mickelson, Vijay Singh y Ernie Els. Sería precioso que alguno de los tres se metiera en la pelea de los 4 grandes.
La lista es ya de 8 nombres. Pero en golf eso no es suficiente: Anthony Kim, Casey, Ian Poulter, el jovencísimo McIlroy... Deberíamos llegar a 20-30 posibles ganadores de torneos a lo largo del año, y seguro que nos dejábamos tipos con un golf asombroso para llevarse grandes títulos.
De momento, el inicio, como he dicho antes, no puede ser más prometedor. A un mes del Máster, quizá el más bello de los 4 grandes, la temporada se abre para que no dejemos pasar ni un detalle.

ESTOS DOS JUEGAN MUY FÁCIL

Ogilvy y Casey se jugarán la final del Campeonato del Mundo Match Play de golf. Da gusto ver cómo le pegan a la pelota. Son capaces de dominar sus partidos aparentemente sin esfuerzo. Ogilvy, además, es un bigardo de casi dos metros, con unas manos y unos pies de jugador de baloncesto. Casey, que habitualmente se clasifica para jugar las Ryder Cup sin problemas, es capaz de mandar la bola a más de 300 yardas de media en las salidas. Prácticamente no tienen defectos. Tal vez Casey podría mejorar su juego corto, pero de verdad que a Geoff Ogilvy es difícil encontrarle un defecto a su juego. Sin embargo, entre ambos, con varios años de carrera a sus espaldas, suman un torneo grande en su palmarés: un Us Open que ganó Ogilvy hace un par de temporadas, cuando parecía que se iba a comer el mundo.
Esto del golf es impredecible. Cualquier miércoles previo al inicio de un torneo se ponen en el campo de prácticas una media de 50-60 profesionales con capacidad técnica para hacer cuatro vueltas muy por debajo del par del campo. Cuando se les ve pegar los hierros y las maderas, o sacar la pelota del bunker, o aprochar 30 veces poniendo la bola a un palmo de la bandera, uno sería incapaz de decantarse por nadie: la diferencia técnica es inapreciable. La facilidad es total. Las horas del día en el campo son las mismas, los entrenadores son todos gurús...
...Mañana no sé quien ganará, yo apostaría por Ogilvy, pero sé que la facilidad de estos dos entrará en colisión a lo largo del año con la facilidad de otros 100 más que en cualquier momento estarán en condiciones de ganar el siguiente torneo.
Por eso, ante una igualdad de tal calibre, hay estadísiticas que no se pueden explicar: por ejemplo, la de victorias en los eventos del World Golf Championship: resulta que Tiger ha ganado 15 torneos de ese 'circuito' especial, y el siguiente, que es precisamente Ogilvy, ha ganado 2. Woods es uno más de los que se ponen cada miércoles en el tee de prácticas antes de cada torneo. Pero resulta que de cada tres que se jueguen ganará uno, se pongan como se pongan los demás. Con razón Alvaro Behamonte (el profesional que comenta en Golf Plus), se detuvo a remarcar tanto esa estadísitica: "señores, decía, es que es una bestialidad".