miércoles, 11 de marzo de 2009

CUALQUIER TIEMPO PASADO Y SUS MATICES

Casi todos caemos en su atractivo. Es inevitable. Me refiero a las comparaciones deportivas. Se lo dice un mitómano incorregible que celebra, por ejemplo, cada artículo de Santi Segurola sobre Angel Nieto, Induráin, Arancha, Santana o Seve, como el regalo del día. Es evidente que la memoria selectiva nos permite recordar un bonito pasado. Y a veces ahorramos en matices.
Viene esto a cuento de una reciente entrevista con Marc Gasol a propósito de sus primeros partidos NBA. Inevitablemente se habló de su record de semanas como mejor jugador de la pasada ACB, y por supuesto de Sabonis. Marc repetía las mismas respuestas de joven y educado jugador… Y entonces llegó la pregunta en bruto: ¿podrás llegar (o tal vez, te gustaría llegar, cito de memoria) a la altura de los mejores pívots europeos de todos los tiempos, como el citado Arvidas, o Cosic, Fernando Martín, y Dino Meneghin…?
Y estarán conmigo en que la lista está claramente sin colorear. Hablemos de Sabonis y Dino, por ejemplo. En 1982, con dieciocho años, Arvydas fue campeón del mundo siendo la referencia del equipo de la URSS. Cuando lo fichó el Zalgiris de Kaunas, la liga soviética cambió de dueño, acabando con el monopolio del Csska de Moscú. Con 20 años, fue primera ronda del draft de la extraterrestre NBA de los 80, y pese a las lesiones llegó a los Juegos de Seúl de 1988 para ganar el Oro delante del mejor pívot de la época, aquel imponente David Robinson. Todo esto alrededor de la edad que Marc tiene ahora.
Y ahora, Meneghin, ese gran pívot a la italiana. Dino debutó a los 16 años en Serie A, y jugó hasta los 45. Imbatible. Su palmarés es inigualable en cualquier liga europea, Copa de Europa incluida. Incluso fue seleccionado en una última ronda del Draft de la NBA en 1980, dato que añade el toque final del personaje. Del mito. Pero la labor de Dino fue siempre de consumo interno: regó de carácter equipos ya superiores, y se cobró el manguerazo en forma de palmarés. Mientras el juego-macho de Dino mejoró grandes equipos, el talento de Arvydas ha sido uno de los dos o tres grandes focos del Baloncesto Europeo mayúsculo. Entre Sabomis y Dino hay un muro baloncestístico al menos tan grande como el que separó a Sabonis de los grandes siete pies de todos los tiempos: el Muro de Berlín.

Diario Público, octubre 2008

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