domingo, 8 de marzo de 2009

DOS APUNTES DE UN FIN DE SEMANA CUALQUIERA

DE TENIS. Nadal siempre salta antes de empezar sus partidos. Da igual que empiecen a las diez de la mañana, que a las diez de la noche. Cuando el árbitro sortea campo o saque, la estampa es la misma: Rafa salta, y sus rivales le miran desconcertados. A veces, parece que un contrincante de la talla de Djokovic, quizá Murray, O Federer, pudieran estar pensando... "que salte, que salte, yo a lo mío, haré mi partido, nada de lo que él haga podrá afectarme mentalmente". Pero sí les afecta. Les afecta desde que empieza a saltar, y no deja de afectarles hasta la última pelota de partido (Djokovic en Pekín llorando, por ejemplo). De hecho, les afecta hasta en la entrega de premios (Federer en Australia llorando, por ejemplo), e incluso les afecta hasta en las declaraciones post-partido (Djokovic declarando que Rafa se merece todo lo bueno que le pasa, por ejemplo).
Rafa no sólo juega, no sólo gana, no sólo salta, no sólo corre, no sólo se agita, grita, suda... sino que afecta. En tiempos, entre colegas, la expresión castiza era: "¡macho, te tiene comida la moral!".

DE FUTBOL (a veces uno puede adentrarse en deportes que no interesan a nadie; lo siento, sabrán perdonarme). El sábado, el Madrid y el Atleti jugaron un partido de fútbol muy entretenido. Uno mantiene desde que tiene uso de razón deportiva que no hay juego más divertido para practicar que el balompie. (¿Qué bien suena, no? Balón-pie. Balompie!). Como del partido en sí ya hablan los que entienden, Segurolas, Truebas, Orfeos, Sámanos... aquí podemos apuntar un hecho; la energía viaja por el aire y los jugadores la captan. Millones de espectadores están convencidos de que el Madrid (¡ganadores!) no puede perder con el Atleti (¡pupas!), y el pensamiento se mete en la cabeza de Agüero, por ejemplo, baja por su diestra y su zurda, se vierte a la pelota, y se prolonga hasta Casillas. El fútbol es un estado de ánimo, dice Valdano. Evidente... y colectivo. La energía ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma, añado. ¿Han entendido algo? Por eso jamás hablo de fútbol. Lo siento de veras.

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