miércoles, 25 de marzo de 2009

EL BALONCESTO ALREDEDOR DE 1,80

Este artículo de Público del pasado diciembre, tras un Barça-Madrid, se puede actualizar cambiando al Barça por el Olympiakos, y a Sada por Papaloukas. De cualquier moso, siempre será Raúl López, o cualquier base de 1'80, el que acabe sufriendo las consecuencias de la mejora de la raza baloncestística.

“Los más viejos del lugar…” como escribe Salaner de vez en cuando, tal vez recuerden una curiosa iniciativa que no tuvo continuidad en el tiempo. En el verano de 1967, en Barcelona, se llevó a cabo un experimento de baloncesto para bajitos: lo llamaron el Mundial del 1´80. Ocho selecciones nacionales acudieron a la cita con equipos cuyos jugadores no podían superar esa altura (aunque fueron flexibles con algún centímetro de más, al parecer). El título se lo llevó Estados Unidos, que venció en la final a España, ante más de 8000 espectadores que abarrotaban el Palacio de Deportes de la ciudad, con televisión en directo. Las figuras españolas de aquél equipo eran tres internacionales (Martínez Arroyo, José Ramón Ramos y Nino Buscató), que al año siguiente disputarían los Juegos Olímpicos de Méjico. Según me cuenta uno de los protagonistas, pocas veces disfrutó tanto como en ese torneo.
Esta historia de padres -ya abuelos-, trata de enlazar, aunque todavía no lo parezca, con el Barça-Madrid del pasado sábado. El fino equipo de Pascual, con todos en forma, acabó pasándose por la piedra al Madrid, que va y viene, que todavía no ha encontrado una velocidad de crucero. Pero como el baloncesto, dada su riqueza, puede también analizarse por puestos, podríamos quedarnos con uno de los detalles que visiblemente marcaron el partido: el duelo de Víctor Sada y Raúl López. O con algo más concreto: el físico de Víctor Sada, frente al físico de Raúl López. Las estadísticas son una parte del resultado a favor del blaugrana (las 12 asistencias de Sada tampoco suceden cada fin de semana), pero gran parte de la diferencia estuvo claramente en los centímetros. Hubo un tiempo en que todos nos fijamos en Magic Johnson, porque era muy diferente. Porque era único. Y en España surgió Montero, que también hizo sufrir mucho a sus rivales. Pero los chavales de 1,80 que iban destacando, podían tener la sensación de que en cada plantilla habría un par de huecos para ellos y, sobre todo, que la Liga todavía era para todos. Viendo a Raúl sufrir el sábado (como sucede en casi todos los partidos), la sensación es que el jugador de 1’80 necesitaría urgentemente una liga propia en la que poder disfrutar. En el baloncesto actual su único horizonte es ya el sufrimiento.

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