viernes, 20 de marzo de 2009

ROCKY FEDERER

No he visto su partido contra Verdasco en Indian Wells, pero sí un pequeño resumen que me servido para elaborar una impresión; el llanto de Australia marca el final de un ciclo. Apenas fue un gesto al final del partido. Una expresión en su cara. No sé si mis ganas de verle de nuevo imbatible (soy Federista de religión) estarán deformando la realidad. Lo veremos en cuanto se enfrente de nuevo a la bestia, que además sigue cobrándose piezas por el camino. Lo de Nadal está fuera de toda lógica, o sea que centrémonos en la lógica de Roger, que al menos es humano.
Hay algo en este duelo absolutamente cinematográfico. Es una pena que el tenis no sea boxeo, o incluso baloncesto, y esté tan lejos de la carga de emociones que necesita una buena película con trama deportiva. Aunque no sé, tal vez alguien se anime y de por fin en el clavo. O al menos se realice un buen documental. Jamás tendría tanto sentido. Si el productor fuese español, o simplemente nadalista, el final perfecto hubiera sido Australia. Allí donde Rafa se cobró no sólo la pieza tenística (eso sucedió en Wimbledon), sino la pieza humana: destrozó a Roger por dentro.
Si el productor fuese Federista, y no necesariamente suizo, por favor, el final de la historia debería estar por escribir. Roger tocó fondo en Melbourne, y de ahí en adelante solamente nos espera un desenlace dramático tipo Million Dollar Baby (sigue, sigue, y sigue perdiendo, y sigue, sigue, y sigue llorando), o una apoteosis del asalto final en la cual Rocky Roger se levanta de la lona y se hace incluso con un Roland Garros, rompiéndose la camiseta tras el último punto, y subiendo a la grada a tocarle la tripa a la Vravinec a punto de parir un Rogelio pequeñito.
En el partido contra Verdasco, en su gesto tras el último punto, creí ver un apunte de esta superproducción... pero seguramente estaré equivocado. Roger es suizo, y además sigue sin jugar Copa Davis. Pensándolo mejor, voy a cruzarme de lado en la red. Es lo más coherente por mi parte.

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