martes, 21 de abril de 2009

EL MÁS ABIERTO DE TODOS LOS TORNEOS

Ahora que Nadal es Pentacampeón en Mónaco.
Ahora que ha ganado Roland Garros, Wimbledon y Australia...

...Los sueños de Rafa se han ido cumpliendo de forma ordenada, con la admiración primero de los entendidos, después del gran público y últimamente de jurados internacionales, que como son individuos antes que tribunal deliberan y premian con el corazón caliente. Un chaval de Mallorca con una raqueta de tenis, y grandes condiciones físicas y técnicas, es un posible ganador de Roland Garros. A Rafa no se lo tuvo que contar nadie, simplemente tenía que ir al club y ver a Carlos Moyá liftar el drive con mucho peso. Si él puede, yo podré, será cuestión de dominar la tierra como el mejor especialista, pudo pensar entonces. Eso significaba, en trazo grueso, ser mejor que todos los jugadores nacidos en latitudes más bien cálidas, que es donde crece el polvo de ladrillo, y mejor que todos los rusos cobijados en el levante español, la nueva Florida del negocio de las escuelas de entrenamiento.
El siguiente sueño de Rafa era la conquista de Wimbledon. Cuando comenzó a publicarse, el escepticismo nos invadió a casi todos, menos a Santana. Si Roland Garros es, en principio, la pista ideal para un tenista de Manacor que corre más que nadie, golpea con peso desde el fondo y no le importa pasar un día entero jugando al tenis, la central del All England Tennis es, en principio, el diseño ideal para tipos con un cañón en el saque, y que tienen demasiados planes en su cabeza como para permitir que los partidos duren más de dos horas. Pero hubo una cosa que no tuvimos en cuenta, y que, por ejemplo, ya demostró Borg durante su reinado. Roland Garros y Wimbledon son extremos que se tocan en un punto muy importante: la cantidad de jugadores que dimiten durante el torneo. En la tierra, por razones de incapacidad física, y en Wimbledon por incapacidad mental. Nadie tiene una pista de hierba en su club, y a muchos se les hace un mundo el partido cuando al primer contrapié se pueden pegar una costalada.
El problema que tuvo Borg, y el que tiene Rafa, es que en cemento no dimite nadie. Es la superficie que todos controlan. Por ejemplo, un escocés que quizá sueñe con ganar Wimbledon, pero que seguro tiene un plan para ganar Flushing Meadows. Como el 80% del cuadro, aproximadamente. Pero cuidado, porque Rafa no es Borg: seguramente es mejor.

Diario Público, septiembre 2008

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