domingo, 31 de mayo de 2009

EL AÑO DE LA COSECHA

Las fases de un equipo son como las de cualquier individuo. Los equipos nacen, crecen, ganan o pierden, mueren y desaparecen. Cuando Pau llegó a los Lakers dando saltos de alegría (recuerden a Lebron James hablando del mejor traspaso de la historia de la NBA), era evidente que el movimiento de despacho buscaba la conexión final que prendiera la mecha. Kobe necesitaba un amigo nuevo que le subiera las pulsaciones ante las charlas de Phil Jackson. ¿Han escuchado a Jackson en alguno de los reportajes que nos ofrece la conquistadora NBA? “Hoy es un día para demostrar lo que somos” “Queremos que nuestro ataque fluya y que todos nos impliquemos”.

Si las frases no son literales, serán muy parecidas. ¿Podríamos adjudicárselas a Plaza, o a Ivanovic minutos antes del choque de ayer? Absolutamente sí. Dusko también les habrá dicho, supongo, lo del cansancio que no existe, su marca registrada, pero a parte del idioma, el entrenador no puede inventar gran cosa en su intento de conectar con el grupo. La clave, por tanto, estará en las 24 orejas que se sientan frente a él, en su capacidad, por supuesto, pero sobre todo en su necesidad competitiva. A veces lo que va a suceder unas horas después es posible intuirlo en el medio de comunicación, pero normalmente el entrenador sólo lo sabe en la intimidad de esas cuatro paredes que recogen su mensaje, siempre parecido.

A estos Lakers de Jackson, Kobe y Pau, no les queda demasiado tiempo en la fase de perfecta maduración como equipo. El entrenador y su mensaje están ahí, parece que los dos líderes del vestuario también. Tal vez el año pasado era un poco pronto, pero es muy posible que el año que viene sea ya demasiado tarde.

Diario Público, 31 mayo 09

viernes, 29 de mayo de 2009

EL MINUTO DE ORO

Hace tiempo que no lo abría. Pero lo tengo en la carpeta de favoritos. Y hoy, no sé por qué, saltó a la pantalla. Es un vídeo de apenas un minuto sobre Michael Jordan.
Estaba investigando otras cosas. Leía sobre Lebron James, el hombre llamado a dominar la década del baloncesto, que se resiste a perder a mitad del camino. Aquí hablamos mucho de Pau, por supuesto, es la referencia de todo un país. Aunque la ACB no funcione (ni pueda funcionar por el atajo que tomó hace años para ser un soporte de otras marcas, en vez de convertirse en una gran marca), el baloncesto sigue siendo un deporte de primera en muchos colegios, en muchas ciudades y en los medios de comunicación.
Pero también tenemos Roland Garros en marcha, otro evento del año. Con Nadal, Federer, Djokovic; todos grandes figuras; individuos sobre los que se escriben maravillas, y que nos dejan momentos inolvidables.
Y podemos hablar y leer grandes cosas sobre el Barça de fútbol. La resaca del triplete histórico es muy interesante. Escribía Segurola ayer que Guardiola se convierte en el gran referente del barcelonismo, por encima de Cruyff. Y el otro día nos dejó una reflexión muy personal, y de gran vuelo, por usar su estilo; mantiene la idea de que ha sido la inexperiencia de Pep su mayor fortaleza. Según Segurola, se atrevió a proponer algo demasiado ambicioso (la perfección futbolística), desde su energía como debutante. Tenía la idea, y decidió aplicarla sin referencias. Como nunca había entrenado a ese nivel, no tenía nada que perder… Y nos dejó el mejor de los equipos posibles de la historia del fútbol. Segurola lo ha bautizado como el Perfect Team…futbolístico, se entiende.
El deporte inspira, emociona, educa y puede dar sentido a una vida.¿Cómo explicarlo? La literatura es inmensa, y los buenos son capaces de hacerlo. También las imágenes son muy recurrentes. Hay grandes vídeos a lo largo de los años, y a lo ancho de los deportes, pero es difícil encontrar un cuento más emocionante para cualquier niño que algún día haya querido ser jugador de baloncesto que éste.
Disfrutadlo. LET YOUR GAME SPEAK.
El MINUTO DE ORO de la tele, jamás tuvo más sentido que en este caso.

miércoles, 27 de mayo de 2009

LA MEDIDA DE UN TENISTA

Cuando los ingleses inventaron el tenis y pintaron las líneas, lo lógico es que lo hicieran sobre una superficie de hierba y en la parte de atrás del jardín de algún noble pudiente. Veintitrés de largo, por ocho de ancho. Un juego cómodo. El perfecto pasatiempo de una clase pudiente a la hora del té.
Como es divertido, los demás lo probaron y lo acabaron haciendo suyo. La hierba, escasa por desgracia en casi todos los climas del mundo, fue descartada como elemento principal, sustituyéndose por el cemento y la tierra batida. Y en esta superficie, alguien acabó levantando el bote de la pelota, convirtiendo una distracción amena y fundamentalmente estética, en un juego que también premia el sacrificio. Si la pelota puede viajar a mucha altura, los ángulos se pueden abrir, y entonces el ancho de la pista ya no mide ocho metros. La solución súbitamente pasa por quitarse ropa, preparar la musculatura, poner cara de atleta, y estar preparado mentalmente para ganar cada punto como el que gana una batalla.
La medida principal de un tenista, entonces, deja de ser su muñeca, o su imaginación, y pasa a ser su carácter. ¿Hasta dónde está dispuesto uno a llegar para ganar un partido? Como verán, nada que ver con los genes primeros. Nada que ver con su ancestral patrón de medida.
Casi cien años después de inventar el juego, los nobles ingleses seguirían invitando a Federer a tomar el té a sus mansiones para deleitarse con su capacidad de trasportar la idea original de su pasatiempo: Roger, sigue siendo la medida original del tenis. Pero un siglo después, esos mismos nobles tendrían que aceptar la evolución de su juego hacia el terreno del deseo, de la capacidad de sufrimiento y de la negación de la derrota. En Roland Garros, sobre el polvo de ladrillo, con el bote liftado de un drive subiendo a las nubes, Nadal es el patrón del juego.

Diario Público. Junio 2008

domingo, 24 de mayo de 2009

LA EXPERIENCIA O EL TIRO EN SUSPENSION

Durante este tercer partido Madrid-Penya disfrutábamos del precioso estilo del Joventut. El trabajo de Sito Alonso además de muy meritorio debe ser muy entretenido: su baloncesto fluye, van y vienen liderados por la carismática presencia de Ricky. Lo asociábamos, además, a un concepto muy atractivo para los románticos: el jugador de 'vieja escuela'. Nos sentimos altamente cercanos, por ejemplo, al baloncesto de Pau Ribas. Cada suspensión tras bote, a cinco metros del aro, es un homenaje a los grandes aleros pequeños que se ganaban -peor- la vida hace algunas temporadas.
Pero este deporte, como todos, ha ido evolucionando a base de la mejora en los entrenamientos, del descubrimiento de nuevos métodos de trabajo. Sobre todo ha evolucionado por la materia prima que pisa la cancha. En la ACB cada día se juega con más intensidad, se utiliza más el cuerpo y se cuenta con más información del rival. El baloncesto sigue siendo un juego, sí, pero se ha convertido en la herramienta profesional de mucha gente; a mayor dedicación, mayor complejidad, más ciencia.
En este escenario, sobre todo en un playoff donde el triunfo viene por acumulación, el Madrid fue superior a la Penya. Su juego puro quizá no sea tan estético, pero su entrenador es algo más veterano y lo mismo ocurre con los jugadores: llevan más tiempo en el negocio. Estos partidos exigen sobre todo la experiencia profesional. Meter al público en la cancha, chocar mucho, usar los errores del contrario y evitar los propios, acabaron siendo los factores determinantes. Dicho esto, pedimos que Ribas no deje de tirar esas preciosas suspensiones, por favor. Nos acaban de conceder el Mundial 2014, y para entonces todo lo demás ya lo habrá aprendido de sobra.

Diario Público, 24 mayo 09

jueves, 21 de mayo de 2009

OLAZABAL EN EL HALL OF FAME DE GOLF

Ya sé que no es noticia de 'tapa', como dicen en Argentina. Las portadas siempres son otras. Ahora, además, a la última moda del marketing: CR7, tal cosa. A Messi es más difícil recortarlo; ya es cortito lo suyo. Messi. Queremos decir que está bien, que es lógico, que hay que vender en tiempos de difícil venta. Pero solamente hay ciento veinte personas en el Hall of Fame del golf mundial, y solamente dos son españoles. Uno, Olazábal, Oli, lo es desde ahora.
Digamos Oli, o JMO, o lo que se nos ocurra si fuera necesario, pero hay que darle la 'tapa'. Porque además, es un ejemplo. Es una trayectoria con todos sus componentes. Ganó cuando era muy joven, y ha ganado casi cuarentón. En medio, una chaqueta verde, una lesión que no se iba, mucho silencio, otra chaqueta verde y siempre la excelencia en la Ryder. Y, sobre todo, un grandísimo respeto de sus compañeros.
Hay deportistas que se colocan la primera vez frente a la cámara, y uno se da cuenta de que su vocación es permanecer para siempre. En la mayoría de los casos no es una situación forzada; sale así. Algunos lo llaman carisma. Simplemente es fotogenia. Tal vez carácter. Los que impostan, los que pretender estar pero no lo merecen, acaban siendo caricaturizados.
Hay otro tipo de deportistas, más raros de encontrar en estos tiempos que corren, cuya vocación es el juego sin más. No buscan jamás la cámara. No están cómodos enseñándose más allá de su vocación. Olázabal es un claro ejemplo de ello. No tiene nada que ver con rehuir entrevistas, o con mostrarse antipático, qué va, todos saben que Olazábal es una persona afable y preparada para comunicar. Pero jamás le dio por correr detrás de una pelota al dar un golpe, por ejemplo, como hizo Sergio García de forma inconsciente en 1999 en su primer PGA. Sergio era así. No estaba forzándose. Y desde entonces la cámara lo busca. Cuando Olázabal ganó sus dos Chaquetas Verdes, tardó exactamente 30 segundos en salir del green del hoyo 18. Por dentro estaría feliz, por fuera era incapaz de mostrarlo.
Como Sergio es Nadal, por ejemplo. Como Olazábal parece Iniesta, se me ocurre sin pensarlo mucho.
Dicho todo esto, tenga o no tenga sentido, José María Olázabal es la figura más importante del golf español junto a Seve, y uno humildemente cree que se debería reflejar de forma mucho más relevante en la prensa. Incluso en la prensa de información general. Tal vez sobre todo en ésta. Su amor por su deporte, su rigor en la profesión y la admiración de sus rivales debería encontrar un hueco mucho más arriba que en la zona del golf. Su vida, por ejemplo, podría ser un excelente libro. Tal vez no de acción, pero podría transmitir una filosofía de vida. Deportistas como Olazábal reflejan un estilo que es anti-modas.

domingo, 17 de mayo de 2009

LA ACB, DONDE LO INCREIBLE OCURRE

A este lado del Atlántico se inicia un playoff discutido y discutible. Tal vez sea el último. La ACB recibe presiones para volver a un estadio anterior. El baloncesto de élite, dicen, debe dar un paso atrás para seguir adelante. Además, este primer partido entre el Madrid y la Penya, competitivamente nulo, no ayudará a los defensores de la ronda post regular. La liga hizo un esfuerzo, presentó su Tiempo de Magia, le dio el MVP al chico de la tierra, Felipe, cordobés, madridista, luchador; lo fotografió junto a Ricky, la perla verde, la vitamina necesaria contra la escasez de audiencia, y ambos declararon estar encantados de conocerse, de enfrentarse, de pelearse por la Liga, por el Espíritu, por…
Pero éramos pocos, y se resbaló Ricky. Su gesto de dolor y su ausencia para el resto del partido (¿y de la serie?) fue un puñetazo en el mentón del maltrecho share. Sin él, no hay Penya, sin Penya no hay partido y sin partido no hay audiencia ¿Qué se puede hacer? A corto plazo, poca cosa. A medio plazo se podría intentar cambiar el Tiempo de Magia por éste otro: ¡es la ACB, dónde lo increíble ha ocurrido! ¿Se imaginan una liga profesional en los mercados correctos, sin las estructuras infladas y con la posibilidad de que los clubes trabajen una marca a largo plazo sin la presión de un descenso deportivo? Es lo que hicieron desde el principio nuestros amigos americanos. El Yes we can, seguro que se inventó en una cancha de baloncesto. Y, por cierto, a Obama le encantan los playoff.

Diario Público, 17 mayo 09

TENIS ON LINE Y OFF LINE

Por lo visto, el ser humano tiene dos maneras de pensar: on-line y off-line. La buena, la sana, es on-line. Es decir, aquí y ahora, sin proyectarse hacia un futuro impredecible. En el mundo del tenis, tan educado, donde los jugadores preparaban el partido, incluso la temporada, off-line, es decir, con una cierta proyección, llegó Nadal y cambió el paso. El número uno del mundo es un jugador on-line. Se dice también enchufadísimo, que eso es más habitual escucharlo, pero es lo mismo; juega aquí, ahora, cada intercambio, cada punto. Su gente le lleva las cosas, le prepara la carrera; el tío Toni y sus hermanos pensarán en las inversiones, en los próximos viajes, en la planificación de los cambios de superficie. Rafa no piensa en nada de eso; sólo en la pelota que está jugando. Entendemos que estará al tanto del marcador, aunque visto lo de hoy con Djokovic es difícil de asegurar. El partido estaba perdido, como tantos otros...
Se dice aquí arriba, en el recuadro gris que da nombre al blog, una frase de Tim Gallwey, revolucionario profesor de tenis del los ochenta en EEUU. The Inner Game of tennis es la explicación del partido que juega cada tenista contra sí mismo. Contra sus miedos, contra la falta de control, contra el siguiente fallo. Nada de eso le afecta a Rafa porque todo eso forma parte de un futuro que él jamás contempló.
Nadal le ha dado la vuelta a su deporte. Un partido ya no son tres sets, o cinco; una temporada ya no son veintitantos torneos, una carrera ya no son los años que el cuerpo aguante. El número uno del mundo ha decidido que el tenis es una batalla pelota a pelota, que sólo cuenta cada saque, cada drive y cada revés en el instante que toque golpearlos, y cada rival sólo lo es en función de las veces que pueda pasarla por encima de la red en el momento presente.
Nadal no es sólo un tenista, es un deportista que ha roto casi 100 años de paradigma de su deporte. Ha cambiado los ejes. Todo el que lo rete en la pista, deberá ser consciente del nuevo deporte que practica. Cada bola es una batalla; cada pelota es la más importante de su vida tenística; cada partido puede ser el último; cada título es una conquista. El que quiera vivirlo de otra manera, puede, pero debe saber que la era Nadal, el tenis es un deporte on-line. El futuro no existe.

jueves, 14 de mayo de 2009

LA GENÉTICA VERDE (Y II)

El comisionado Stern, era entonces un jovencito que se subió a la ola de una de las rivalidades mejor construidas de la historia del deporte, Magic vs. Bird, Lakers vs. Celtics, showtime vs. equipo a media cancha, California vs. Massachussets, Oeste vs. Este. La NBA se convirtió en un mastodonte que conquistó el universo, y hasta hoy.

De repente, Boston, tras muchos años vagando por la liga, resurgió con fuerza el pasado año. Todo lo verde estaba allí, pero la genética del equipo había cambiado. Incluso tenían cheerleaders. Apoyados en jugadores-atletas dominaron el final de Liga con autoridad. Garnett era fuerte, bueno, rápido. También Pierce, y Ray Allen. Eran Celtics, pero no eran como aquellos Viejos Celtics. Tras la victoria, querían iniciar una dinastía. Lo que ocurre es que han tenido lesiones, y además se están haciendo mayores, es decir… ¡viejos! Y entonces, ya lo han visto; en este playoff ha aparecido de repente el espíritu de LOS VIEJOS CELTICS.
http://espn.go.com/nba/clubhouse?team=bos
Es verdad que no hay mormones (Ainge es el inventor de este equipo; con eso vale), pero ahora tienen la misma pinta que el equipo de los 80. Están lentos, hay varios gordos, son más bien bajos que altos. Incluso un tipo al que llaman Glen 'Big Baby' Davis, se atreve a tirar medios ganchos de fuera de la zona como hacía McHale hace 25 años. Han rescatado a Marbury, un apestado de la liga, y lo han convertido a la religión verde (aunque eso se lo podían haber ahorrado, la verdad, fue más poético el rescate de Bill Walton en los 80, desahuciado por las lesiones; pero, ok, lo damos también por bueno).
En fin, que el año pasado ganaron, pero este año tocan la fibra sensible.

miércoles, 13 de mayo de 2009

LA GENÉTICA VERDE (PARTE I)

¿Han visto a los Celtics? http://www.marca.com/2009/05/13/baloncesto/nba/1242185451.html

Cuando una generación entera nos enganchamos al baloncesto NBA, fue por la rivalidad de los amarillos contra los verdes. Los Lakers, californianos, enrollados, corrían mucho, sus fans eran guapos y los enfocaban constantemente, algunos ya acudían entonces con gafas de sol al pabellón... Y en la cancha todos estaban fuertes, sobre todo Byron Scott, AC Green, Mychael Thompson. Eran casi todos negros y guapos, molaban.

Enfrente estaba un paleto de Indiana (Larry Bird). Un tipo rubio y con bigote rodeado de varios mormones (Ainge, Wedman, Sichting...). La gran mayoría eran blancos y sin músculos que marcar. Los dos negros eran un grandullón lento con mirada de jefe indio (Parish), y un base-escolta gordo y con pecas en la cara, que entendía el baloncesto como pocos lo han entendido y que lamentablemente falleció el año pasado (Dennis Johnson). El pabellón era incómodo, el público estaba encima de los jugadores. Cuando enfocaban a la grada casi todos eran tipos con bigotes desaliñados, o gordos con melena, o rubios con cuellos de camisa de vuelo alto. En la cancha, de un parqué diferente al resto, no había cheerleaders que bailaran en los tiempos muertos; la mascota parecía en realidad un oficinista con mofletes. En fin, eran LOS BOSTON CELTICS, y claro, nos enganchamos.

martes, 12 de mayo de 2009

LOS JUGADORES HABLAN

Cada deporte tiene sus particularidades con los medios de comunicación. Son vicios arrastrados que parecen pasar de generación en generación. En fútbol, por ejemplo, el jugador medio da alguna patada al diccionario. Además, se distingue por dejar en el campo lo que allí sucede (los códigos, ya saben) y sus declaraciones a la prensa resultan normalmente insustanciales. Pero eso cambia en cuanto ese mismo jugador se hace entrenador. Toda la anterior protección, desidia, abulia comunicativa con la prensa, se convierte en expresión verbal y gestual, en capacidad para atraer o repeler. La desidia se torna ironía, mordacidad. Las patadas bajan y suben las palabras. El jugador no quiere hablar, pero el entrenador necesita expresarse. La persona es la misma; la profesión no. El hábito hace el verbo, y lo acampa en ruedas de prensa, que en algunos casos resultan muy entretenidas, y lo resultarían mucho más si los genios del marketing no se inventaran un nuevo cacharrito (impacto, lo llaman) que colocar delante del locuaz 'míster', y que en muchos casos nos impide ver más allá de sus narices.
En baloncesto, la diferencia entre un jugador y un entrenador no es tanta, aunque se nota también. La genética del basket demandaba en sus inicios una cierta relación con el aula, con el libro, con el análisis. Algo ha perdido el profesional de todo aquello, pero no todo, y no todos. De cara al público se mantiene un cierto compromiso con la retórica, con la construcción del discurso, pero va a menos.
En otro nivel suelen estar el tenis y el golf, por ejemplo. Es muy característico de ambos deportes la expresión de los jugadores en público; la conexión con los fans tras cada torneo, la reflexión delante de un auditorio. Hay que hablar cuando se gana, pero también cuando se pierde; y en ambos casos normalmente en un idioma aprendido, no materno. Este compromiso con la comunicación hace que las entrevistas más jugosas, más auténticas y personales sucedan fuera de las páginas o de los minutos de radio de máxima audiencia. Todo el mundo está deseando abrir los deportes y encontrarse una exclusiva con Messi, por ejemplo, o con Casillas, o con Ricky Rubio. Pero es cada vez más frecuente que el periodista obtenga mucho más en un rato con Miguel Ángel Jiménez, o con David Ferrer, o con Carla Suárez. E incluso más cuando se llega hasta Tiger Woods, o hasta Rafa Nadal (cuando Rafa se permite ser Rafa, es decir, cuando algo le molesta).
Acaba de ocurrir en Madrid, al inicio del torneo de tenis. Le han preguntado a Nadal lo que opina del evento, y lo ha dicho. Con educación, pero sin excesivas medias tintas. Después se fueron a por Federer y también les ha salido una entrevista vigorosa. Lo que pasa es que Roger no puede decir todo lo que piensa. Se siente en la obligación de declarar que Nadal es batible en polvo de ladrillo...
La próxima vez que le pongan en ese compromiso, lo tiene fácil; que diga que los partidos duran 90 minutos, y que no hay enemigo pequeño, o grande, o yo qué sé. Que diga que el tenis es así... hasta la siguiente llantina.

domingo, 10 de mayo de 2009

CIELO E INFIERNO

Hace tiempo me contaba un jugador, recientemente retirado, como vivió una nueva etapa en uno de esos equipos que siempre andan con el agua al cuello. En una charla de vestuario, tipo terapia de grupo, fueron hablando todos de sus sensaciones. Cuando le llegó el turno, y trató de enviar un mensaje de ánimo y tranquilidad, recibió la seca respuesta de un compañero: “para ti es muy fácil, porque todavía no sabes lo que es estar en el infierno”.
El infierno, el cielo, ascensos y descensos… la profesión colgada de un resultado; el jugador atenazado ante la pérdida de una categoría, ante el cambio de estatus, ante la sensación de fracaso. Ay, la vieja Europa; el drama forzosamente implicado en el ADN deportivo. Algún día, en alguno de esos foros de sabios que se establecen para refundar los proyectos de ligas europeas siempre sobre los edificios medio construidos anteriormente, se podría plantear una simple reflexión, sin ánimo de molestar a nadie: ¿alguno de los aquí presentes estaría contento quedándose aquí para siempre? ¿Sería posible abrir un mercado deportivo aquí y ahora, entre clubes con las mismas necesidades, con los mismos objetivos, con el mismo entorno, con parecido pasado y similar futuro, para crear un espectáculo de pago sin mayores dramas que los derivados de una simple victoria o una simple derrota?
Les ruego me disculpen por ser un europeo que hace tiempo dejó de creer en los méritos deportivos del deporte profesional por encima de criterios empresariales. Este modelo es atractivo para la extraordinaria literatura deportiva que se hace sobre David subiendo de categoría a costa de Goliat, siempre a costa de números rojos, claro. Conocer el infierno siempre resulta muy poético, pero estabilizar entornos deportivos sin deudas tal vez sería mucho más profesional.

Diario Público, 10 mayo 09.

sábado, 9 de mayo de 2009

TO PENALTI OR NOT TO PENALTI

Permitan que incurra por un día de nuevo en fútbol. Sé que está el The Players de golf en su segunda jornada, con Sergio que sí pero no, con gesto serio; algo pasa con Sergio. Sé que andan abriendo la Caja Mágica. Aunque uno se levantaba en octubre, con los días acortando, y soñaba con la semana de tenis en pista rápida del pabellón de la Casa de Campo; tan cómodo, tan estupenda la superficie dura, tan auténtica Madrid como ciudad de tenis de otoño, distinguida por golpes más planos que liftados, por peloteos más cortos que largos. No éramos muchos... y llegó la Magia; ¿pero hay Magia sin gasto? ¿Habrá Caja sin ruina? Trataré de cantarlo, aunque desafine. ¿Quién nos ha robado el torneo de octubre? Lo teníamos en un cajón, donde guardábamos la ilusión...
En fin, incurramos ya.
La Champions, el Barça, Iniesta, el descuento (lean, por favor, a Segurola. "Planetario Iniesta" Un regalo). Al Chelsea le birlaron unos cuantos penaltis. El árbitro era noruego y el grandote alemán Ballack se lo quería comer. También se lo comía Drogba, al que le hacían los penaltis.
¿Y qué es un penalti? "Parece que ha sido, pero habría que verlo repetido" Se oye "Le toca, pero se deja caer" Se escucha. "El balón ha ido a la mano, no la mano al balón" Se analiza. Es decir, el fútbol, deporte planetario, pasión, divertimento, negocio... Un juego en un campo largo y ancho, con jugadores rápidos, fuertes, entrenados, con tácticas variadas, que dura noventa minutos y cuyo objetivo es meter un simple gol más que el adversario -y por favor les pido que tengan presente el valor doble de los goles en campo contrario, esa regla tan poética- admite que la acción de máxima pena contra un equipo es inarbitrable (perdón). La horquilla electoral sobre la que se movía el partido del miércoles en Stamford Bridge iba de los 6 penaltis clarísimos que pedían los seguidores del cabreado Drogba (¡Le tocaron! ¡Se tiró! ¡Le agarraron! ¡Se cayó!), hasta el solitario y flagrante manotazo que sí reconoció el honesto Piqué ("yo no quería, pero el balón me vino a la mano y me dio"). Y sobre esa horquilla, tan rica en matices, debía pronunciarse un único juez noruego, más bien gordito, que no paraba de jadear tras las carreras de 50 metros que le hacían darse los pelotazos sobre los que cabalgaba el fortachón Drogba, o el velocísimo Anelka.
Pero quédense por favor con lo que queda de lírica: entre muchos o pocos penaltis, entre agarrones, cabreos, noruegos y tertulianos, el Barça, poesía en movimiento, jugará la final... ¡por el valor doble de su gol en campo contrario! El fútbol es así. Repitan conmigo. El fútbol es así. Grítenlo. Dense el gustazo. Y si tuviera ruedas, en vez de fútbol sería una bicicleta, ¿o no?

martes, 5 de mayo de 2009

TRES DEL RAMIRO DE MAEZTU... Y UN ITALIANO

Soy del Ramiro. Puedo probarlo. Yo también estudié en el colegio donde enseñan a ser seleccionador nacional de baloncesto. ¿Se puede enseñar tal cosa? Allí enseñaban bien las matemáticas, que recuerde. Y uno de los profesores que lo hacía en mi época, el señor Moneo, cuando salía de sus clases se quedaba por el polideportivo Magariños a presidir el Club Estudiantes. Es de pura lógica –matemática-, por tanto, que si un profesor del Ramiro podía ser presidente de una entidad profesional de baloncesto, algunos alumnos hayan acabado siendo seleccionadores nacionales de ese mismo deporte.
Repasemos. Primero fue Antonio Díaz Miguel. Un estudiante y ala-pívot en los albores de la aventura ‘baloncestística’ de la calle Serrano. Sobre Antonio las crónicas apenas hablaron de su destreza bajo tableros, pero bien que se hartaron de hacerlo más tarde, cuando llevó a doce magníficos jugadores a la Final Olímpica de 1984. En un banquillo del mítico Forum de Inglewood (el hogar de los Lakers de Magic), Bobby Knight daba instrucciones a Michael Jordan, por entonces un estudiante de la Universidad de Carolina del Norte, líder de un equipo inabordable. Al otro lado, un alumno del Ramiro, vestido con unas adidas ‘top-ten’, un polo color crema, un pantalón de chándal a juego, y unas gafas con montura de diseño, trataba de explicar a Iturriaga como había que defender a aquel jugador indefendible.
Veintidós años después, en distinta esquina del mundo, otro discípulo del Ramiro, con un pantalón parecido al de Antonio y zapatillas de diseño, dirigía a sus jugadores hacia la gloria del Oro Mundial. Ese día fuimos todos Pau, mientras sus once compañeros jugaban como Michael Jordan.
Este pasado verano fue el turno al frente de la selección de otro alumno del Maeztu. Un buen base-escolta de la época, y ambicioso entrenador desde el día que se retiró. Díaz Miguel fue subcampeón olímpico, Pepu fue campeón del Mundo, y Aíto, lógicamente, repitió un éxito de ese calibre y se colgó la plata de Pekín.

¿Cuál será el destino de la selección este verano en manos de un italiano? Seguro que el señor Moneo tiene la respuesta. Y si no la tiene, bajaremos tres calles y preguntaremos en el Liceo Italiano. Lo importante es que la cosa se quede en el barrio.

lunes, 4 de mayo de 2009

EL BALONCESTO CIENTÍFICO

Uno trata humildemente de seguir muy atento a todo tipo de competiciones de baloncesto, como si alguna vez hubiera sabido algo sobre este complejo deporte.
La Euroliga acaba de proclamar campeón. Ha sido el Panatinaikos. En realidad no hace mucha falta conocer el nombre del equipo. Basta con seguir la pista de dos entrenadores; Obradovic y Messina. Donde estén ellos, habrá un finalista y/o un campeón. La estadística impacta: de las últimas doce finales, uno de los dos, o los dos al mismo tiempo, han protagonizado diez. Esto da la razón de nuevo a mi amigo Danko Cveticanin, el 'Yeti', que sostiene que el baloncesto en Europa es de los entrenadores.
La fórmula de la Euroliga, guste o no, difícilmente puede evitar que el campeón se sienta el equipo más completo de todos. Para llegar al trofeo, habrá tenido que pasar por todos los tipos de baloncestos posibles. Primero, se disputa una fase regular con mucho viaje y no excesiva chicha. Los buenos se preparan, ganan casi siempre, pierden porque prueban cosas, y se colocan para la siguiente estación. En ella, se juega también en forma de liga, pero con menos margen. Si se falla puede perderse el factor cancha en los playoff. Y ya no suelen fallar. Después llegan los playoff; la Euroliga los tiene un poco como fase-comodín. Este año, no sólo los ha usado, sino que encima han sido al mejor de cinco partidos. Es decir, muy exigentes para todos. Y queda la fase clásica, la que se viene usando desde hace más de 20 años con gran éxito. La dichosa final Four. Resumiendo; el ganador de la Euroliga disputa tres tipos de competiciones diferentes en un mismo trofeo.
¿Cómo se afronta todo eso en una franquicia europea? Hay una fórmula que funciona como ninguna: tener mucho dinero para comprar jugadores y convencer a Obradovic o Messina para que se sienten en el banquillo a manejar el gasto. Entonces, esta Liga elucubrada partido a partido, posesión tras posesión, resuelve el final a cara o cruz: Zeljko y Ettore, Obradovic y Messina, tras haber dominado durante diez meses el torneo, lanzan una moneda al aire y se reparten el pastel. La Euroliga científica es su laboratorio. Doctores tiene la Euroliga. Sí, dos: un italiano y un serbio. Punto a punto. Partido a partido. Año tras año.

sábado, 2 de mayo de 2009

EL GRITO DE UN VIEJO ENTRENADOR

En aquella película de Rocky en la que los rusos eran todos de Rusia, y no como ahora que es evidente que nacen donde les da la gana, el boxeador Drago tenía la costumbre de jugar con los rivales hasta que recibía un grito seco de su esquina –en ruso, claro-, a modo de señal. Entonces, un primer plano enfocaba su gesto determinado, y la música grave anticipaba la manta de golpes que se le venía al otro encima, de la que ya no se podría recuperar.
Messina sabe que el Csska sólo tiene sentido si gana la Euroliga. Y Ettore lleva todos los tipos de partidos posibles en la cabeza. Primero, los prepara en la prensa, por si vinieran mal dadas: “la única diferencia de los viejos entrenadores, -dijo durante la semana- es que hemos cometido más errores, y no creo que eso sea una ventaja”. Después los lee el tiempo que sea necesario, , con esa mirada intensa, y cuando el rival se vuelve para coger aire, lo manda a la lona sin remisión. A siete minutos del final, Xavi Pascual intuyó que Andersen necesitaba un respiro antes del asalto final. Al sentar al hombre caliente, con seis puntos de ventaja, el equipo volvió la cara durante apenas cuatro posesiones. Fue el momento que aprovechó Ettore desde la banda para dar el grito, Siskaukas lo interpretó, y los graves de la música anticiparon el parcial de 11-0. El Barça tiene hambre, pero todavía no es Rocky Balboa. Tendrá que hacer más abdominales.

Diario Público, 2 mayo 09