sábado, 9 de mayo de 2009

TO PENALTI OR NOT TO PENALTI

Permitan que incurra por un día de nuevo en fútbol. Sé que está el The Players de golf en su segunda jornada, con Sergio que sí pero no, con gesto serio; algo pasa con Sergio. Sé que andan abriendo la Caja Mágica. Aunque uno se levantaba en octubre, con los días acortando, y soñaba con la semana de tenis en pista rápida del pabellón de la Casa de Campo; tan cómodo, tan estupenda la superficie dura, tan auténtica Madrid como ciudad de tenis de otoño, distinguida por golpes más planos que liftados, por peloteos más cortos que largos. No éramos muchos... y llegó la Magia; ¿pero hay Magia sin gasto? ¿Habrá Caja sin ruina? Trataré de cantarlo, aunque desafine. ¿Quién nos ha robado el torneo de octubre? Lo teníamos en un cajón, donde guardábamos la ilusión...
En fin, incurramos ya.
La Champions, el Barça, Iniesta, el descuento (lean, por favor, a Segurola. "Planetario Iniesta" Un regalo). Al Chelsea le birlaron unos cuantos penaltis. El árbitro era noruego y el grandote alemán Ballack se lo quería comer. También se lo comía Drogba, al que le hacían los penaltis.
¿Y qué es un penalti? "Parece que ha sido, pero habría que verlo repetido" Se oye "Le toca, pero se deja caer" Se escucha. "El balón ha ido a la mano, no la mano al balón" Se analiza. Es decir, el fútbol, deporte planetario, pasión, divertimento, negocio... Un juego en un campo largo y ancho, con jugadores rápidos, fuertes, entrenados, con tácticas variadas, que dura noventa minutos y cuyo objetivo es meter un simple gol más que el adversario -y por favor les pido que tengan presente el valor doble de los goles en campo contrario, esa regla tan poética- admite que la acción de máxima pena contra un equipo es inarbitrable (perdón). La horquilla electoral sobre la que se movía el partido del miércoles en Stamford Bridge iba de los 6 penaltis clarísimos que pedían los seguidores del cabreado Drogba (¡Le tocaron! ¡Se tiró! ¡Le agarraron! ¡Se cayó!), hasta el solitario y flagrante manotazo que sí reconoció el honesto Piqué ("yo no quería, pero el balón me vino a la mano y me dio"). Y sobre esa horquilla, tan rica en matices, debía pronunciarse un único juez noruego, más bien gordito, que no paraba de jadear tras las carreras de 50 metros que le hacían darse los pelotazos sobre los que cabalgaba el fortachón Drogba, o el velocísimo Anelka.
Pero quédense por favor con lo que queda de lírica: entre muchos o pocos penaltis, entre agarrones, cabreos, noruegos y tertulianos, el Barça, poesía en movimiento, jugará la final... ¡por el valor doble de su gol en campo contrario! El fútbol es así. Repitan conmigo. El fútbol es así. Grítenlo. Dense el gustazo. Y si tuviera ruedas, en vez de fútbol sería una bicicleta, ¿o no?

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