martes, 5 de mayo de 2009

TRES DEL RAMIRO DE MAEZTU... Y UN ITALIANO

Soy del Ramiro. Puedo probarlo. Yo también estudié en el colegio donde enseñan a ser seleccionador nacional de baloncesto. ¿Se puede enseñar tal cosa? Allí enseñaban bien las matemáticas, que recuerde. Y uno de los profesores que lo hacía en mi época, el señor Moneo, cuando salía de sus clases se quedaba por el polideportivo Magariños a presidir el Club Estudiantes. Es de pura lógica –matemática-, por tanto, que si un profesor del Ramiro podía ser presidente de una entidad profesional de baloncesto, algunos alumnos hayan acabado siendo seleccionadores nacionales de ese mismo deporte.
Repasemos. Primero fue Antonio Díaz Miguel. Un estudiante y ala-pívot en los albores de la aventura ‘baloncestística’ de la calle Serrano. Sobre Antonio las crónicas apenas hablaron de su destreza bajo tableros, pero bien que se hartaron de hacerlo más tarde, cuando llevó a doce magníficos jugadores a la Final Olímpica de 1984. En un banquillo del mítico Forum de Inglewood (el hogar de los Lakers de Magic), Bobby Knight daba instrucciones a Michael Jordan, por entonces un estudiante de la Universidad de Carolina del Norte, líder de un equipo inabordable. Al otro lado, un alumno del Ramiro, vestido con unas adidas ‘top-ten’, un polo color crema, un pantalón de chándal a juego, y unas gafas con montura de diseño, trataba de explicar a Iturriaga como había que defender a aquel jugador indefendible.
Veintidós años después, en distinta esquina del mundo, otro discípulo del Ramiro, con un pantalón parecido al de Antonio y zapatillas de diseño, dirigía a sus jugadores hacia la gloria del Oro Mundial. Ese día fuimos todos Pau, mientras sus once compañeros jugaban como Michael Jordan.
Este pasado verano fue el turno al frente de la selección de otro alumno del Maeztu. Un buen base-escolta de la época, y ambicioso entrenador desde el día que se retiró. Díaz Miguel fue subcampeón olímpico, Pepu fue campeón del Mundo, y Aíto, lógicamente, repitió un éxito de ese calibre y se colgó la plata de Pekín.

¿Cuál será el destino de la selección este verano en manos de un italiano? Seguro que el señor Moneo tiene la respuesta. Y si no la tiene, bajaremos tres calles y preguntaremos en el Liceo Italiano. Lo importante es que la cosa se quede en el barrio.

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