viernes, 19 de junio de 2009

NAVARRADAS 2009

En los inicios de este periódico, y de este rinconcito deportivo, le hicimos un homenaje a Juan Carlos Navarro porque se iba a la NBA. En aquel momento, no existían indicios de billete de vuelta. Sus fieles nos quejábamos amargamente de tener que dormir menos para seguir su aventura baloncestística cerca de su amigo Gasol, actualmente príncipe de Bel-Air.

Pero después de su ‘Erasmus’ en Memphis para aprender un idioma y airear a la familia, Navarro se encontró de nuevo en casa. Irse para volver en apenas diez meses tuvo entonces múltiples lecturas, porque Juan Carlos puede reflejar muchos tipos de jugador en sus escasos ciento noventa centímetros. Navarro es un anotador nato, y también un excelente perdedor de balones. Aíto en sus primeros pasos lo vio como un arma de acoso a bases contrarios, pero después se convenció de que también era el atacante al que acudir en los minutos finales. Y, además, se inventó un tiro único, para gozo de los sucesivos departamentos de marketing.

Obviando su Erasmus Grizzlie, este jugador de baloncesto a veces blanco, a veces negro, de vez en cuando base, pero normalmente escolta, en sus inicios gran defensor y actualmente imparable anotador, solamente tiene una línea indiscutiblemente coherente en su carrera profesional: desde aquel Junior de Oro con Sainz de Aja hasta este treintañero con Pascual (y sus mil rayas) todos sus entrenadores lo han usado para encumbrarse. Las Navarradas juegan, y casi siempre ganan.

Diario Público, 19 jun 09

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