lunes, 13 de julio de 2009

VERDASCO VA, FERRERO VUELVE

Los jugadores de tenis nacen, y prácticamente ya están jugando partidos con presión. Desde los torneos infantiles, con patrocinador y premios, están pensando en el salto a la elite. No decimos que sea un mal de un deporte, evidentemente ocurre en los demás, pero al menos cuando se compite en equipo los nervios -lo bueno, lo malo, y lo regular- se reparte en proporciones asumibles.
En tenis eso es inviable. El jugador está solo. Casos como el de Nadal, maduros precoces, añaden complejidad a la cosa. Con 16 años se tiene que afrontar la derrota y la victoria desde un punto de vista semi-profesional: se acabó el recreo, chicos, es hora de examinarse. Y los que se quedan, ya no dejan de hacerlo hasta su retirada. Por eso se dan casos como el de Juan Carlos Ferrero de este domingo, apenas dos horas después de darse un caso como el de Verdasco.
Ferrero una vez fue Verdasco, en realidad fue mejor, ganó un Grand Slam, tocó el número uno de forma efímera pero real, compitió con gran estrés, y pasó a un discreto segundo plano para disfrutar de su carrera. Fernando todavía está en la primera fase: ha llegado a ser top ten de la ATP con gran esfuerzo mental -¿acaso todos pueden ser Nadal?-, ha ido subiendo, bajando, perdiendo, ganando, y todavía sufre. Este domingo sufrió por última vez. Llegará un día en que lo dejará de hacer; se retirará... o será como el actual Ferrero.
Antes de que le ocurriera a Juan Carlos, recordamos, por ejemplo, los últimos años de Agassi, o estos de Carlos Moyá. Las comparaciones pueden ser más o menos apropiadas, pero sirven en este caso concreto. Son tenistas que vivieron al límite de sus posibilidades, que recibieron premios al principio de sus carreras, que conocieron severas derrotas, contratiempos, excesos de expectativas, y que continuaron sus carreras en un discreto segundo plano disfrutando de su profesión hasta el final.
Eso es lo que le está ocurriendo a Ferrero en la actualidad. Su discrección, esfuerzo y disfrute el domingo tuvo premio: lo sacaron a hombros con una sonrisa de hombre maduro que celebró de forma tranquila. Para él, seguramente la victoria era ya lo de menos, lo realmente importante estaba siendo la paz interior ante una larga carrera tenística bien abrochada en su cierre.

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