viernes, 17 de julio de 2009

WATSON, TIGER Y MANASERO

Tom Watson: el mito, sesenta años, la cara ajada, la sonrisa descubriendo arrugas de un senior entre chavales. La gente aplaude cuando llega al hoyo 18 de la segunda jornada; los fans lo reciben de pie, es un día de frío inglés y calor de Open Championship. Es la segunda jornada. El día de Tom en su campo. Aquel Turnberry donde 32 años antes se paseó con Nicklaus durante más de cuatro horas deleitando al personal. Este Turnberry imposible tres décadas después. Con bunkers en medio de las calles para impedir cualquier asomo de arrojo en los jugadores. Y Watson, sesentón, sin visitar ni uno de esos. Circulando por el centro de la calle, con el tiralineas de la experiencia, o tal vez de la falta de potencia. Y llega el último putt; lejano, inviable. Y a Tom le toca de nuevo sonreir y a la gente chillar y aplaudir. Es un nuevo birdie; es el liderato del torneo después de 36 hoyos. Es el golf; es casi siempre el juego, casi nunca el deporte.
Tiger Woods: el icono planetario, el triunfo de un empeño, de un padre loco que dio vida a un monstruo bueno; un negro perfecto; un oriental perfecto; un jugador de golf perfecto. 30 años de profesión sonriente y triunfante; desde que Bob Hope lo presentó al planeta a través de aquel programa "esto es increíble", pegando una pelota de golf con un palo más alto que sus 70 cm y 3 años. Desde entonces, mucho esfuerzo y entrenamiento en el nombre de su padre. Y en el suyo propio. Se llama Eldrige, casi nadie lo sabe. Es Tiger, el que siempre acaba ganando. Lleva las manos en los bolsillos, tiene frío; la mirada perdida; camina lento, parece decepcionado. En más de una década solamante se volvió a casa una vez antes de tiempo en un torneo de Grand Slam. Casi nunca se va antes porque casi siempre acaba ganando. Pero Turnberry, el campo del faro, se está burlando de él; El Open -le dice- ya estaba antes de que llegarás. Vuelve el año que viene...
Y Manasero, un chico de 16 años italiano. Juega con Watson los 36 hoyos, y su sonrisa abrocha el invento. Llega, juega, y pasa el corte. Como hizo Tiger hace muchos años.

¿Qué es esto?, le pregunta Tom Juno a Bagger Vance, su caddie negro.
Esto es el juego del golf. Podrás jugarlo, pero jamás podrás vencerlo.

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