lunes, 10 de agosto de 2009

HOY HACE 25 AÑOS

'Hoy hace cinco años'. Aquella era mi sección favorita de la revista 'Nuevo Basket'. Era mensual. Al principio siempre hacía un recordatorio del mes recién acabado y justo al costado lo mismo pero cinco años antes. Es curioso como lo ocurrido hacía un lustro nos llamaba más la atención que lo actual. Se encontraban cosas muy interesantes. Cosas que se habían cumplido, otras que no. En esta semana complicada para el fútbol, con terrible fallecimiento del jugador y capitán del Español de Barcelona, resulta que el baloncesto conmemora los 25 años de una histórica madrugada: la medalla de plata de Los Ángeles 84. El gran punto de inflexión del segundo deporte de equipo por seguimiento y repercusión en España. Con aquella conquista, muchos chavales se volvieron definitivamente hacia el campo de baloncesto y decidieron salir a la calle, o entrar en el patio del colegio, para probar un tiro, una entrada por la derecha o un reto de 3 contra 3.
Leyendo algunos recuerdos que publica la prensa de hoy, resalta de nuevo la visión de Iturriaga sobre todo aquel periplo del Equipo Nacional (como lo bautizó su entrenador, prácticamente inventor, Antonio Díaz Miguel) por el continente americano. Botellazos en los pabellones, peleas casi en cada partido, cansancio y hastío, eran el denominador común de aquel talentoso grupo, heredero de pioneros de un deporte todavía con características propias de un juego amateur. El Madrid, el Barça, el Joventut, iban adquiriendo estructura y notoriedad, sobre todo con audiencias televisivas absolutamente cautivas en dos cadenas de televisión, pero el privilegio de representar a España en los eventos internacionales seguía teniendo ese sabor de la aventura, hoy intervenida por la planificación. Entonces la llamada se esperaba con la maleta a medio hacer y sin un plan de viaje excesivamente definido. En el horizonte, lo único meridiano era el arrojo del ‘Coach’ Díaz Miguel, y su ambicioso discurso que acabó calando en aquella gran generación, y que marcó poco después la aventura empresarial de la Liga ACB, hoy con pronóstico reservado.
El pasado mes de abril, en un artículo de referencia, situaba Santiago Segurola a Severiano Ballesteros un cuerpo por encima del resto de deportistas españoles sobre la base de una huella en su deporte superior a su rendimiento personal. Ballesteros –venía a decir- impactó de tal manera sobre el golf que convenció a sus compañeros europeos de que podían derrotar a los americanos en la Ryder Cup. De una forma parecida, Antonio Díaz Miguel acabó convenciendo a todos sus jugadores, y a todo nuestro baloncesto, de que salvo Estados Unidos el resto de países estaban a nuestro alcance.

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