lunes, 3 de agosto de 2009

TU DESDE AKRON, YO DESDE EL MASNOU

¿Se acuerdan de aquella historia para niños sobre dos gemelas a las que la vida separaba en la infancia y finalmente juntaba de nuevo después de muchos años? Tu a Boston y yo a California, era el título en nuestro país. Un cuento precioso, ciertamente empalagoso, sobre dos modos de entender una cultura, Este vs. Oeste, el perfecto sustitutivo al bocadillo de nocilla en la merienda de cualquier verano.
Bien, pues aquí tienen una adaptación libre y post-moderna del mundo de la canasta. La historia de un chico negro de Akron, Ohio, y de un chaval blanco de El Masnou, Barcelona. De un estadounidense llamado Lebron James y nacido -dicen- hace 25 años, y de un adolescente llamado Ricky Rubio, desde hace unos meses oficialmente mayor de edad.
James creció adelantado a su tiempo, en realidad a cualquier tiempo: su cuerpo jamás fue de este mundo. Su pinta física siempre fue la de un padre jugando frente a niños de un jardín de infancia. Fuerte como un roble, no fue difícil intuir en él al profesional finalmente millonario de su deporte. A través del baloncesto, deporte con una tradición en su país inseparable de la causa por la que fue inventado (el complemento perfecto a la formación integral del alumno), se dio a conocer primero en clase, después en el colegio, mas tarde en el barrio, luego en la ciudad y finalmente en todo Estados Unidos. Al terminar su etapa colegial, con la impaciencia de un niño grande, ya mayor de edad, salió de Akron directo a su profesión, dejando para siempre el recuerdo de pabellones llenos de chavales aplaudiendo sus genialidades y de colegios enteros disfrutando de un ambiente inigualable cualquier viernes de la temporada. Gracias al sistema deportivo de su país, Lebron dejó un legado como referente deportivo y posible modelo a imitar en su 'hometown', antes de emprender la aventura del éxito.
Un poco después en el tiempo, hace apenas un lustro, nos llegaban a este lado del Atlántico noticias de un genial baloncestista pre-adolescente de El Masnou. Otro caso de colegial adelantado a su tiempo. Se llamaba Ricky Rubio, pero su historia no ha sido exactamente la misma. Veamos.
Dadas sus cualidades y la ausencia en su población de cualquier tipo de programa de baloncesto asociado a la formación integral del alumno-deportista, Ricky tuvo que incorporarse como tantos otros a un modelo de excelencia deportiva, sello del país. Todo su desarrollo como jugador, por tanto, sucedería desde entonces fuera de su entorno natural. Los chicos de su colegio, del barrio, sus amigos de la infancia, podrían verle jugar en el patio, pero jamás un partido 'serio' a no ser que viajaran hasta Badalona, lugar donde se asienta desde hace más de 75 años una de esos modelos de referencia en la formación de futuros deportistas profesionales. Una fábrica (así lo llaman), en este caso de figuras del deporte de la canasta. En ella, Ricky, entre nuevos amigos (¿o serían más bien rivales?) llegados de diferentes puntos de un entorno históricamente cercano, pero últimamente aterrizados desde cualquier rincón de un mundo sin escondites para buscadores de centímetros de cualquier especie, raza o religión, iniciaría su proyecto deportivo en el interior de una probeta de ensayo a la que escasamente podría tener acceso nadie más que su entorno familiar. Mientras tanto, en su ‘hometown’ de El Masnou, irían escuchando las historias del 'chico-jugador' con pinta de futuro millonario, pero difícilmente podrían saborearlo o aplaudirlo, pues su desarrollo deportivo, por exigencias del modelo, debería ocurrir en ese hermético entorno de los niños-probeta alejado de cualquier entorno escolar.
Ricky, lógicamente, se adaptó a su excelente casa de acogida, aprendiendo a amar los colores verdinegros de la camiseta con la que jugaba, aunque, por motivos comerciales incomprensibles para un chico de su edad, esos colores podrían llevar en el frontal distintos nombres al inicio de cada temporada. Además, fue aceptando con su impecable sonrisa las decisiones que agitaban la probeta de su brillante futuro.
Un buen día, Aíto García Reneses, el jefe máximo de la 'fábrica', decidió que había llegado el momento de usar la probeta de Ricky en un experimento jamás intentado previamente: el chaval, con 14 años, se incorporaría inmediatamente a los entrenamientos de la plantilla profesional. Y, lógicamente, la historia acabó en los periódicos nacionales, pero esta vez, a diferencia de la del chico negro de Akron, el salto fue impactante y directo, sin redes locales previas que lo amortiguaran.
Realmente, se dijo entonces, es impresionante el gran trabajo que hace esta cantera (ay, la dichosa cantera, ese concepto tan bien trabajado y exportado que es posible, créanme, encontrarlo en la Wiki... ¡¡hasta en inglés!! Pasen y vean si no me creen) para producir profesionales de baloncesto. Además, en este caso, se alababa casi unánimemente la decisión tomada por Aito ¡el responsable! (¿el responsable?), de que todos esos viajes entre adultos, todos los pre y post-partidos, sucedieran en silencio. La sonrisa del chico debía ser suficiente consecuencia sobre el excelente manejo del delicado y valioso tubo de ensayo. Ricky era menor de edad, decían, podría jugar o firmar contratos entre adultos, señalaban, pero todavía no estaba preparado para hablar con la prensa.
El tiempo pasó (el tiempo, siempre, siempre, acaba pasando) Ricky llegó a la mayoría de edad, salió por fin de la valiosa probeta y pudo comunicarse con el mundo fuera de la pista de baloncesto. Entonces supimos que adoraba su fábrica, que adoraba su vida, que sentía un sincero aprecio por Aíto, su dueño y protector hasta entonces, y que estaba realmente preparado para ser un excelente y millonario profesional del mundo de la canasta.
... El resto de la historia ya lo conocen ustedes, pero la película aún espera un final novelado, con plano corto y mensaje filosófico que se producirá cuando el chaval negro de Akron (Ohio) y el chico blanco de El Masnou (Barcelona) crucen finalmente sus destinos en la mejor liga profesional del mundo del baloncesto. Allí, con una cámara imaginaria al hombro de cualquiera que sueñe con la perfecta genética del deporte del baloncesto, será posible escuchar a un veterano Lebron James contándole al ‘Rookie Ricky’ su preciosa historia de ídolo adolescente y privilegiado deportista en su ‘hometown’ de Akron, mientras Ricky le revelará en voz baja, al oído, como tuvo que desarrollar su talento deportivo fuera de El Masnou, y como acabó su historia de privilegiado adolescente como un traidor, abucheado, perseguido y señalado en su fábrica de adopción por no cumplir un contrato firmado por sus padres y por aceptar una propuesta de la sección de un club de fútbol, cuya fábrica de jugadores es la eterna rival en la ciudad de Barcelona.
...Y ambos serán millonarios... y colorín colorado, un sistema deportivo seguirá funcionando de maravilla (extensivamente), en el corto, medio y largo plazo, mientras el otro seguirá siendo manifiestamente revisable… ¡lo antes posible, por favor!

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