domingo, 20 de septiembre de 2009

DE ITURRIAGA A SPANOULIS

Aquella impactante final del Mundial 2006 tuvo tantas emociones que dejó en un segundo plano el detalle que cerraba el círculo de Saitama con la lejana madrugada de Los Ángeles veintidós años antes. En Japón, España fue con respecto a Grecia como el equipo de Michael Jordan y Pat Ewing había sido para los nuestros en 1984. Absolutamente inabordable. En este país íbamos creciendo, incluso nos estábamos poniendo más fuertes, pero evidentemente nuestros doce representantes en Los Ángeles, dejando la técnica aparte, eran incapaces de desplazar la masa con la velocidad suficiente como para enfrentarse a ocho atletas negros y cuatro blancos azuzados desde el banquillo por un entrenador con carácter.
Evidentemente los métodos de motivación de aquel Bobby Knight, educado en una academia militar americana, y los de Pepu, educado en un colegio público de pijos madrileños, no podían ser los mismos, pero en realidad eso era lo de menos: ambos debían lograr, de un modo u otro, que sus atletas se pusieran en movimiento con una marcha imposible de seguir por los rivales.
Aquellos doce privilegiados españoles de Los Ángeles, sin embargo, tuvieron la fortuna que le está faltando a estos doce privilegiados griegos. La misión de los seres superiores americanos, empezaba y terminaba allí. Iturriaga, por ejemplo, casi ya mejor escritor que palomero (y miren que fue bueno), sigue narrando todavía lo entretenido que resulta enfrentarse a un tipo de la misma estatura, algo más joven, pero, sobre todo, con 4 manos y 6 piernas más. Michael Jordan se llamaba, para los que se incorporen. Pero aquella historia, con la que hará reír a sus nietos, le sucedió sólo en dos ocasiones, y solamente en aquel campeonato. El pobre Spanoulis, con dos brazos, dos piernas, y la misma barba que Iturriaga, lleva ya cinco veranos encontrándose en partidos cruciales a españoles de su mismo color de piel, pero prácticamente con la misma capacidad de mover las extremidades que tenía aquel jovencito Jordan. Y no sé si le quedará humor para narrar las palizas recibidas.

Diario Público, 20-9-09

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