jueves, 10 de septiembre de 2009

EL PRECIO DEL BALON DE CUERO

¿Qué puede valer el de este campeonato, 30, 40 euros? No quiero mirarlo, no hay tiempo. Vale con eso. Porque lo que sí sé es lo que cuesta un balón de goma en los grandes almacenes. No más de 4 euros. En cada ciudad hay prácticamente una gran superficie por barrio, con miles de balones de goma dentro. Esos balones suelen regalarse a menudo en los eventos callejeros que tratan de promocionar el baloncesto. Si tienen hijos, les puede haber ocurrido que les hayan entregado uno de estos balones de goma. Tome, para su hijo, para que se inicie en este gran deporte.
Les pido ahora que piensen si eso mismo les ha ocurrido con el balón oficial de un campeonato como éste. Con el de cuero. Hagan memoria. ¿Difícil, no es cierto? Se hubieran quedado de piedra. Hasta se lo hubieran contado rápidamente a los amigos. En tiempos, de vez en cuando recibíamos una sorpresa “¡Hoy jugamos con balón de cuero!” Decíamos a los ocho o nueve años. Y esa sorpresa a veces era inmejorable. ¡Hoy jugamos con balón de cuero, y en pabellón cubierto! Cómo los buenos.
En esa época tan pretérita a la que me refiero, yo vi incluso a un chaval infantil agarrar de la pechera a un compañero por entregar ese balón de cuero dos veces seguidas al contrario. Este chaval, pensé, es un tipo atrevido. Calculando de lejos, su compañero podía sacarle unos 30 centímetros y 30 kilos de peso. Pero aquel pequeñajo estaba realmente fuera de sí. No podía entender como su compañero de equipo se empeñaba en regalar ¡el balón de cuero! al equipo contrario con esa facilidad. Le seguí la pista después. Jamás llegó al metro ochenta de estatura, pero el otro día le dieron un premio tras haber jugado 15 años en la ACB.
Derivemos estadísticas, busquemos el neperiano de las rotaciones del entrenador, es necesario, pero por favor esperemos a que Felipe Reyes haya agarrado por la pechera en el vestuario a sus compañeros y les haya recordado que están jugando una competición a cubierto, ¡y con balón de cuero! La de los buenos.

Diario Público, 10-9-09

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