jueves, 17 de septiembre de 2009

NAVARRADAS Y FRANCIA

Por orden de jerarquía este equipo será siempre el equipo de Pau, al que ayer se le vio con la concentración de un ejecutivo estrella sin ninguna intención de emborronar su currículum. Su hoja de servicios no podía incluir en el mismo epígrafe un anillo NBA y una eliminación en octavos del Europeo. A eso nos agarrábamos. Y también, claro, a la aportación de Juan Carlos Navarro. En este rincón volcamos hace tiempo un término, ‘Navarradas’, para tratar de definir nuestra admiración por el escolta español. Un tipo capaz de volver todos los focos sobre él cuando los equipos se juegan los garbanzos de verdad. Y este inesperado mal trago a mitad de campeonato era uno de esos días. Entonces, como tantas veces, el partido acabó llevando su sello. La impronta del mismo ‘Juan sin Miedo’ que rodeó a un grupo de americanos en el primer chispazo fuerte de esta generación, y que diez años después sigue prestando su capacidad para arrasar un partido en los momentos de máxima necesidad.
Y esta vez, detrás de Pau y Juan Carlos, acudieron todos al toque de corneta. Nos lo habían avisado, pero hemos de reconocer que vivimos el salto inicial como quien contempla una nueva aventura de Indiana Jones, temiendo que Spielberg se hubiera cansado definitivamente del personaje. Y de recibo, por supuesto, es otorgar el mérito de esa concentración sin fisuras al dueño de la corneta. Cuando Scariolo haga balance de este campeonato, si finalmente España acaba en la lucha por las medallas, bien podrá ilustrar su vivencia como la cuentan aquellos privilegiados que vuelven tras una experiencia metafísica. “Estaba todo oscuro, y vi una luz al final del tunel”.
¿Y ahora? Tras esta larga introducción, escrita en un idioma desconocido para Los Chicos de Oro y sus seguidores, llega el primer capítulo del libro: los cuartos de final contra Francia. Un equipo que está conectando la agresividad en la pista de Tony Parker, con el carácter tranquilo de un entrenador muy preparado, Vincent Collet. Cuidado, porque la mezcla funciona.

Diario Público, 17-sep-09

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