domingo, 13 de septiembre de 2009

SIN NOTICIAS DE MARC

Escribíamos aquí, a modo de previa del Europeo, sobre la importancia de un jugador como Gasol en el torneo. ¿Pau? También Pau, sin duda. Pero en aquel momento nos referíamos a Marc. Algo pasa con Marc, puede ser uno de los titulares de la fase previa. En este tobogán con dientes de sierra que ha resultado la preparación, tal vez no atendimos excesivamente a los detalles. Dimos por sentado que la falta de noticias relevantes sobre Marc (lo único que hizo durante el mes fue jugar a su nivel, ni se habló de su contrato ni se lesionó de forma extraña), eran buenas noticias. Ese término anglosajón del ‘no news, good news’ ya nos valía como activo para Polonia. Y no fuimos los únicos. Scariolo nos trasladó su satisfacción por la disposición del pívot. Ahí teníamos la roca sobre la que edificar las exhibiciones.
Quizá ni siquiera el día de Serbia reparamos ante el agujero tan enorme que suponía la desaparición de Marc. Tan sorprendidos nos vimos ante el apagón general, ante el excesivo desacierto en los tiros desde el perímetro, que los árboles del triple no nos permitieron ver el bosque del juego interior. El propio Marc nos avisó, aunque no exactamente entonando un ‘mea culpa’ sino con un tipo de declaración habitual en momentos de máxima frustración. “Si no entran los tiros de fuera, hay que buscar más a los hombres interiores”, fue más o menos el aviso. Aquello fue la señal de humo para que desde este subjetivo rincón (la esquina de un tipo de 1.80 con zapatillas), metiésemos la lupa en donde se cuecen las tortas, a ver qué nos encontrábamos. Y allí sólo vimos a Felipe Reyes tatuando cada pelota dividida con el logotipo de su carrera deportiva: ¡serás mía, o no serás de nadie!
El problema para España es que Felipe sigue midiendo 2,06 con zapatillas, y lo lógico es que a medida que ascendamos en el campeonato, ascienda también la media de altura y fuerza de los rivales. “Si no pegas, te pegan”, dijo Pau, pero parece que Marc lo ha interpretado mal, y le dio por escupir en antena sobre la pizarra del entrenador tras la última jugada.

Diario Público, 13-9-09

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