martes, 8 de septiembre de 2009

UN INCISO ENTRE CANASTAS

Toca comentar dentro de un rato la bofetada que nos ha pegado Serbia en el inicio del Europeo, pero no me resisto a celebrar el partido que Verdasco está disputando en Nueva York contra el 'pívot' Isner.
Verdasco es ese chaval madrileño, físicamente portentoso, que en los momentos de máxima audiencia solía jugar como nunca para acabar perdiendo casi siempre. Pero en estas llegó a Argentina, en la Final de la Copa Davis 2008, y se subió al carro de jugadores con tendencia a considerar su botella de confianza siempre medio llena, cuando no hasta los topes.
Por supuesto que ha tenido altibajos, lo lleva en sus genes tenísticos, y por descontado que la cima de un primer 'grande' sigue estando todavía en un horizonte lejano. Todo eso es cierto, como también lo es que Fernando sube partido tras partido puntos en su bolsa de madurez tenística.
Con victorias como la de hoy, tan 'profesional', y con la actitud general en la pista a lo largo de todo este Grand Slam bullanguero de Nueva York, eliminando gestos superfluos, aumentando la concentración a medida que pasan los sets, y sobre todo las rondas, el análisis sobre sus posibilidades en el torneo se empieza a ceñir a su capacidad para intercambiar golpes a un ritmo más alto que la mayoría; a su capacidad para dominar con su saque y para controlar los partidos a la menor oportunidad.
Isner, el gigantón americano, se llevó por delante en la ronda anterior a Roddick con la fuerza de un ciclón de los que llevan nombre propio, pero, al enfrentarse a Verdasco, acabó pareciendo un buen tenista en el sitio equivocado.
la celebración de Fernando, del fiable Fernando, no incluyó ni los golpes de pecho ni los gestos con los que solía deleitarse en su vida tenística anterior. Simplemente levantó el puño, y se fue a la red con paso firme, enviando un aviso a navegantes. Por Flushing Meadow circula un tenista muy concentrado en su trabajo al que será necesario convencer de que no pinta nada a partir de ahora en el cuadro, porque su tenis, y sobre todo su actitud, vienen avisando de lo contrario.

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