lunes, 30 de noviembre de 2009

EL ARIETE

Si Cristiano Ronaldo jugara al baloncesto, sería un alero tirador. El típico jugador determinante al que no se lo podría pedir la mejor estadística en numerosos apartados. Tú, a lo tuyo, habría que decirle. Algo parecido le sucedería a Messi. Dámela aquí, exactamente aquí, con la fuerza y la dirección exactas que yo me encargo de lo demás.
Escuchábamos el sábado a Manel Comas un comentario que tal vez les pasó desapercibido. Si no entendí mal, Juan Carlos Navarro había anotado 37 triples seguidos en el calentamiento previo al partido contra Unicaja. Cuenten: 1,2,3… Al terminar el primer cuarto iba por los 11 puntos, y el equipo estaba enchufado a sus muñecas.
¿Quién no disfrutaría por jugar profesionalmente de forma parecida a Navarro, o a Bullock, o a este chocante Blake Ahearn que se ha sacado el Estudiantes de una manga como se sacan los pillos el mejor bocadillo de jamón posible ante la imposibilidad de entrar en la tienda de las delicatessen?
Cuando al equipo, del deporte que sea, llega uno de estos arietes, ya no queda más remedio que vivir y morir con ellos. Si eso se asume como la única realidad posible, es incluso divertido. Un jugador profesional -de cualquier profesión, insisto- acumula diferentes etapas previas. Algunos, tal vez empezaron como estos francotiradores, o jugadores verticales, o determinantes, o diferentes, o seres superiores, usen el adjetivo que prefieran. Pero la mayoría se fueron quedando por el camino o simplemente se reciclaron hacia otro tipo de departamentos donde podían seguir convenciendo a los jefes. Los lectores que ya seguían el baloncesto en los años 90 se acordarán de Ismael Santos. Aquel especialista defensivo, clave en los éxitos del Madrid de entonces, llegó adolescente desde Galicia para ser Navarro, o Cristiano, pero sólo pudo quedarse como el mejor jugador de equipo posible. Casi todos los niños sueñan con ser arietes en su deporte, pero 37 triples seguidos en un calentamiento sólo están al alcance de dos o tres elegidos.

DIARIO PUBLICO, 30 NOV 09

viernes, 27 de noviembre de 2009

DE ESPAÑA A LA ARGENTINA


No lo digo yo, que lo dice Sabina: “…De González Catán a Tirso de Molina, qué trajín, de España a la Argentina, qué meneo, qué vaivén, qué ajetreo, qué mareo, qué ruina ¿y por culpa de quién? De Santiago Segurola, ¿y total para qué?...”
Pues total para compartir con los argentinos (autóctonos o desplazados por motivos paterno-filiales) un poco de fútbol ilustrado.
Aquí, ya saben, tenemos fundamental debilidad por los que juegan casi a cualquier cosa: Pau y también Kobe; Nadal y también Federer; Olazábal y por supuesto Tiger. Pero a veces los que cuentan cómo y por qué son así los deportistas, merecen un monumento. Como eso no sabemos hacerlo, simplemente los traemos, los citamos, y los compartimos. Podría ser Frank Deford -centro de coordenadas de la opinión deportiva estadounidense- el manoseado, pero es Santiago Segurola. Su página de contraportada los viernes en Marca es el euro del periódico. Es de fútbol. Es de análisis. Y esta vez su panegírico sobre Xavi Hernández (El Mejor, lo titula), merece ser enviado de España a la Argentina, para Dieguitos y Mafaldas. Para Cifuentes o Duboscq que no pueden cambiar el euro por el Marca.

“Las dos últimas temporadas de Xavi –comienza-, dan derecho a situarlo como el mejor futbolista español de los últimos 40 años, margen de seguridad que puede establecerse entre el apogeo de Luis Suárez y el maravilloso arquitecto del actual Barça. (…) A diferencia de otras estrellas, que suelen entrar directamente por los ojos, Xavi ha ejercido otro papel. Uno muy complicado, por cierto. Su inteligente y sutil interpretación del fútbol no siempre encontró el aprecio merecido. Ligero (…) Xavi tuvo que luchar durante años contra numerosos prejuicios.
Un temprano sector crítico le consideró durante años el problema y no la solución del Barça. Se le acusó de trivial, plano y poco preparado para la exigencia física del fútbol. (…) Estas críticas resultan cómicas ahora, pero a los 23 años estuvo a punto de abandonar el club. (…) La experiencia habrá añadido aspectos importantes a su juego, pero Xavi es, fundamentalmente, el mismo futbolista que impresionó de juvenil. Desde niño fue un jugador para profesionales. Le adoraban los entrenadores y le elogiaban los compañeros que iban más allá de lo evidente. Nadie lo defendió más que Guardiola, a pesar de la amenaza que representaba aquel chaval para su jerarquía en el equipo. Casi 12 años después, el técnico del Barça puede sentirse orgulloso de su buen juicio (…)
(Viene el párrafo; aguanten la respiración). Si primero fue un jugador para profesionales, el tiempo le ha convertido en una rara especie de futbolista. Xavi ha educado a los aficionados españoles, nos ha cambiado la mirada, nos ha trasladado de lo obvio a lo sutil, nos ha mostrado el incalculable valor de la paciencia, la astucia, el engaño y la adecuada elección de los momentos (…), nos ha hecho ponernos en su piel y nos ha guiado por el juego con una serena inteligencia, nos ha abierto el fútbol a nuevas perspectivas, de las que ahora no sólo se beneficia el Barça y la selección, sino todo el fútbol español. (Respiren).
A través de Xavi vemos el fútbol mejor que antes, mejor que nunca. (…) Xavi juega con la cabeza alta, el pulso bajo y la precisión perfecta” (…).


Se podría traducir al lunfardo, pero sería imposible mejorarlo.

jueves, 26 de noviembre de 2009

RAFA ES DE LOS NUESTROS


Con motivo de uno de sus imposibles triunfos, tratamos de traernos a los seguidores incondicionales de Rafa a este lado de la red para que vieran lo que se sentía; la impotencia del que quiere darlo todo y se encuentra a un animal (que no tenista) superior del otro lado.
De repente, entre lesiones y cosas, Rafa se ha vuelto de los nuestros. De la tribu -superpoblada- de los simples seres humanos; de los que pueden perder incluso dos días seguidos. Comentaba Emilio Sánchez Vicario que una parte del problema actual de Rafa tiene que ver con las limitaciones técnicas. Por ejemplo, el saque. Rafa es diestro de mano, pero sirve con la zurda. En el resto de los golpes eso no limita demasiado, pero para la velocidad del saque es crucial. ¿Por qué? Por algo muy simple; Rafa no puede imprimir ni toda la potencia ni el golpe de muñeca final que es lo que da velocidad a la bola, con su mano no dominante.
Seguramente Emilio tiene razón. Necesitaríamos a alguien que fuera capaz de estudiar la física del movimiento para rebatir eso, si es que es rebatible. Emilio, oigan, es un exprofesional que se ha dedicado además a montar academias de tenis y a entrenar figuras de primer nivel. Algo, o mucho, o casi todo, debe saber al respecto.
Pero entonces, ¿es que Rafa saca ahora peor que hace apenas 6 meses, cuando parecía que su reino no era de este mundo? Evidentemente no. El saque de Rafa ha sido siempre el mismo. ¿Y su drive? ¿Y su revés? ¿Y su -escasa- volea? ¿Y su físico?
Entonces, ¿qué ha cambiado?
Nada. O apenas nada. Eso es lo impresionante del tenis a ese nivel. Y eso es precisamente lo que trataba de transmitirnos Nadal cuando los rivales caían como moscas, uno tras otro. "No soy superior -advertía-. Solamente soy alguien capaz de hacer mucho más de lo posible por ganar".
(Paréntesis: una terrible injusticia, además, se viene cometiendo con Rafa, invencible o humano. Y es su comparación al mismo nivel, por ejemplo, con Pau Gasol. En estas páginas nos encanta Pau, como ha quedado demostrado en muchas ocasiones, pero ha llegado el momento de poner a cada uno en su sitio. La comparación entre Rafa y Pau, uno a uno, es la comparación entre el Kobe Bryant del tenis -que sería Rafa- y el Pau Gasol del baloncesto. Es decir, entre uno de los dos mejores de los últimos 6 años en su deporte, con uno de los 10-15 mejores de los últimos dos años en el suyo. Rafa y Pau son españoles, sí, son grandísimas estrellas, sí, estupendos embajadores y amigos, vale, pero si queremos pasar de Rafa a Pau tenemos que descender un escalón. Es pequeño, de acuerdo, pero es injusto situarlos en el mismo nivel de excelencia en su deporte. Aquí pensamos que Rafa en tenis está un escalón por encima de Pau en baloncesto. En las malas -o menos buenas- es el momento de comentarlo).
Lo único incomprensible de Rafa estos últimos años, tenía que ver con su actitud en la pista. Rafa siempre fue uno de los nuestros; uno que podía y debía perder de forma mucho más habitual, pero el animal que llevaba dentro se negaba a asumirlo. Y el triunfo de su parte animal estuvo a punto de llevarse incluso al extraterrestre Federer (un supertenista sin títulos de Copa Davis, por cierto) por delante. Ahora que lo está entendiendo; ahora que cree que puede -y que debe- perder, y sobre todo ahora que los demás lo saben; ahora que Rafa se ha venido (o le han traído) a este lado de la red, es cuando deberíamos apoyarle todos a una.
¡Vamos Rafa!
Su impotencia estos días es la de todo ser humano deportista. En realidad, Rafa siempre lo fue. Sería injusto dejarle solo en la preciosa estética de la derrota.

lunes, 23 de noviembre de 2009

OBI-WAN GASOL


Comentaba el pasado martes en una tertulia radiofónica Julio César Iglesias -maestro de periodistas y gran amante del boxeo-, que tal vez la mayor miseria que pueden vivir los boxeadores no es la secuela por la cantidad de golpes recibidos. “El boxeo –decía- alcanza tan grado de complejidad como profesión, que la mayor tragedia para un púgil es que cuando por fin domina los cuarenta o cincuenta recursos técnicos que lo harán invencible, ya no está en condiciones físicas de afrontar los intercambios de puñetazos con garantías”.
Regresó por fin esta semana Pau Gasol a las canchas de la NBA. Y lo hizo con el mismo traje amarillo de una franquicia que brilla como lo hacen las mejores joyas del deporte. Volvió, y nos ofreció otro partido para incorporar a su biografía de leyenda. Anotó la primera canasta de su equipo, y completó después un doble-doble (24 puntos, 13 rebotes) como tal vez ni siquiera Phil Jackson, el mejor entrenador título a título que jamás se haya sentado en uno de esos banquillos, podía imaginarse.
Y por supuesto lo hizo con la misma barba de estas últimas temporadas, la que lo asemeja al único personaje rescatable de las infantiles secuelas de la Guerra de las Galaxias; un maduro Obi-Wan-Kenobi (interpretado por Ewan McGregor), ya maestro de jóvenes ‘Jedis’, tal vez un punto menos sabio pero mucho más en forma que el inolvidable viejo interpretado por Sir Alec Guinness tres décadas antes. Pau, a sus 29 años, está iniciando su tercera etapa como profesional, precisamente la que los púgiles de Julio César temen tanto. La que lo llevará a un profundo conocimiento de la profesión que solamente podrá disfrutar en plenitud mientras le respeten las lesiones, pues es evidente que el maestro Yoda que se sienta en su banquillo posee la suficiente sabiduría para utilizar al máximo los recursos de un profesional casi perfecto.

DIARIO PUBLICO, 22 nov 09

sábado, 21 de noviembre de 2009

MI HISTORIA por LEW ALCINDOR (y IV).


Este es el último capítulo por el momento de la historia de Lew Alcindor (el gran Kareem Abdul Jabbar). Prometo volver con él, o con otros como él, en caso de encontrar más tesoros como éste de la revista Rebote de 1969. Espero que mi promesa no ahuyente posibles lectores. Uno, ya saben, nació mitómano, y tal vez la mayoría de lectores no se acerquen a esta nueva fórmula de lectura rápida buscando historias de héroes, sino flashes directos y concretos sobre la actualidad.
Espero estar equivocado. Y ahora, vayamos con Lew. El gran Alcindor contaba en 1969, en la revista Sports Illustrated, el final de su etapa en High School.

“En Mi segundo año en Power High School llegué a ser casi lo que ahora soy. (Nota: recuerden que está hablando en 1969). Me hice a la idea de cómo tenía que jugar empleándome a fondo. Pronto todos los equipos conocieron a los Óscar Sánchez, Jackie Etridge, Bobby Erickson y Jorge Barbazar. No había quien nos parara y nadie pudo hacerlo. Fuimos los católicos (sic) invencibles de aquel año. Yo obtuve un promedio de 19 puntos y 18 rebotes. La gente empezaba a hablar de mí. Empecé a ver cambios alrededor de mi persona. Todos querían quedar bien conmigo e incluso llevarme a otros colegios mejores. Cuando esto sucedió, míster (sic) Donahue prometió ejercer influencia en mi favor. Habló largamente con mis padres y quedamos de acuerdo en que cualquier carta que llegara con remitente de un colegio o una universidad sería entregada a Mr. Donahue. Además, nunca pude hablar con la prensa ni hacer declaraciones. Mr. Donahue tuvo cuidado de que no lo hiciera. Por ello es que ahora es ésta la primera vez que explico mi vida a cualquiera.
Lo más agradable de explicar acerca de Mr. Donahue es que todo esto no me costó nada y me ayudó alcanzar las más altas cimas del deporte amateur. (…) Mr. Donahue esquivó toda clase de ofertas y justamente las desechamos. Resultando a través del tiempo lo que sería mi mejor escuela. Yo me sentía muy satisfecho por estar en un gran equipo y tener todas las facilidades, pero no había negros, y eso me significó no ser del todo feliz. Mr. Donahue creyó que estaba ayudándome, pero pese a las victorias, a lo mucho que jugué en el Power Memorial, no puedo olvidar lo muy autoritario que conmigo fue…
(Nota; como verán, hay pasajes de la traducción que parece se hubieran hecho de madrugada y sin demasiadas ganas de cambiar no ya el estilo, ni tan siquiera el orden de los sujetos, verbos y predicados de un idioma al otro).
…Poco a poco nuestras relaciones fueron enfriándose. El dijo en cierta ocasión. ‘Ahora no te necesito si estás en Haarlem’. El temía que me codeara con lo peor de la gente de Haarlem, vividores, extorsionistas, es decir, gente de mal vivir. Pero me ofendió que se inmiscuyera en mi vida privada, dado que soy un hombre que tanto si vivo en Haarlem, como en Atlantic City como en Port Lyautey, no me codearé con esa clase de gente. Haarlem significaba mucho en mi vida deportiva, pero muy poco en mi vida social. Pero él no comprendía eso. Era una de esas figuras deportivas de raza blanca que sólo ven a los negros atletas como propiedades pero ausentes de toda clase de humanidad (sic). (…) En un partido de prueba de cara a nuestro siguiente encuentro contra la escuela católica de Hittaswile, las cosas nos salieron mal, y sólo teníamos seis encestes en la media parte. Cuando bajamos a los vestuarios, Mr. Donahue, dirigiéndose a mí, me dijo: ‘usted no se mueve ni hace las cosas que tendría que hacer y que esperamos que haga. ¡Usted actúa igual que un negro!’
Quedé atónito, máxime cuando en el equipo estaban dos hermanos negros: Eric Brown y Norwood Torman”


…Y nosotros, querido Lew. Gracias por contarlo, y a Rebote por haber existido (aún traduciendo como de madrugada y dejando el estilo para otras empresas periodísticas…).

jueves, 19 de noviembre de 2009

El equipo que prefirió morir antes que perder


Manuel Moreno me envía una bonita historia por email. Una historia de hace años, con la que después John Huston creó su guión para la película “Evasión o victoria”. ¿Se acuerdan? Fue una película de los años 80 que protagonizó entre otros Pelé, que en aquella época por supuesto se había retirado, pero estaba muy en forma. Evidentemente es una historia de fútbol. Mejor dicho: es una historia…con fútbol.

“La historia del fútbol mundial incluye miles de episodios emotivos y conmovedores, pero seguramente ninguno sea tan terrible como el que protagonizaron los jugadores del Dinamo de Kiev en los años ’40.

En estas líneas se contará, a modo de homenaje, la historia de los jugadores del Dinamo que jugaron un partido sabiendo que si ganaban serían asesinados, y sin embargo decidieron ganar. En la muerte dieron una lección de coraje, de vida y honor, que no encuentra, por su dramatismo, otro caso similar en el mundo. Para comprender su decisión, es necesario conocer cómo llegaron a jugar aquel decisivo partido, y por qué un simple encuentro de fútbol presentó para ellos el momento crucial de sus vidas.

Todo comenzó el 19 de septiembre de 1941, cuando la ciudad de Kiev (capital ucraniana) fue ocupada por el ejército nazi, y los hombres de Hitler desplegaron un régimen de castigo impiadoso y arrasaron con todo. La ciudad se convirtió en un infierno controlado por los nazis, y durante los meses siguientes llegaron cientos de prisioneros de guerra, a los que no se permitía trabajar ni vivir en casas, por lo que todos vagaban por las calles, en la más absoluta indigencia. Entre aquellos soldados enfermos y desnutridos, estaba Nikolai Trusevich, quien había sido arquero del Dinamo de Kiev. Josef Kordik, un panadero alemán a quien los nazis no perseguían, precisamente por su origen, era hincha fanático del Dinamo. Un día caminaba por la calle cuando, sorprendido, miró a un pordiosero y de inmediato se dio cuenta de que era su ídolo: el gigante Trusevich. Aunque era ilegal, mediante artimañas, el comerciante alemán engaño a los nazis y contrato al arquero para que trabajara en su panadería. Su afán por ayudarlo fue valorado por el arquero, que agradecía la posibilidad de alimentarse y dormir bajo un techo. Al mismo tiempo, Kordik se emocionaba por haber hecho amistad con la estrella de su equipo.

En la convivencia, las charlas giraban siempre sobre el fútbol y el Dinamo, hasta que el panadero tuvo una idea genial: le encomendó a Trusevich que en lugar de trabajar como él amasando pan, se dedicara a buscar al resto de sus compañeros. No sólo le seguiría pagando, sino que juntos podían salvar a los otros jugadores. El arquero recorrió lo que quedaba de la ciudad devastada día y noche, y entre heridos y mendigos fue descubriendo, uno a uno, a sus amigos del Dinamo. Kordik les dió trabajo a todos, esforzándose para que no se descubriera la maniobra. Trusevich encontró también algunos rivales del campeonato ruso, tres futbolistas de la Lokomotiv, y también los rescató. En pocas semanas, la panadería escondía entre sus empleados a un equipo completo. Reunidos por el panadero, los jugadores no tardaron en dar el siguiente paso, y decidieron, alentados por su protector, volver a jugar. Era, además de escapar de los nazis, lo único que podían hacer. Muchos habían perdido a sus familias a manos del ejército de Hitler, y el futbol era la última sombra que sobrevivía de sus vidas anteriores.

Como el Dinamo estaba clausurado y prohibido, le dieron a su conjunto un nuevo nombre. Así nació el FC START, que a través de contactos alemanes comenzó a desafiar a equipos de soldados enemigos y selecciones de la órbita del III Reich. El 7 de junio de 1942, jugaron su primer partido. Pese a estar hambrientos y haber trabajado toda la noche, vencieron 7 a 2. Su siguiente rival fue el equipo de una guarnición húngara y le ganaron 6 a 2. Luego le metieron 11 goles a un equipo rumano. La cosa se puso seria cuando el 17 de julio enfrentaron a un equipo del ejército alemán y lo golearon 6 a 2. Muchos nazis empezaron a molestarse por la creciente fama de este grupo de empleados de panadería y le buscaron un equipo mejor para terminar con ellos. Llego MSG húngaro con la misión de derrotarlos, pero el FC Start lo aplastó 5 a 1, y más tarde, ganó 3 a 2 en la revancha. El 6 de agosto, convencidos de su superioridad, los alemanes prepararon un equipo con miembros de la Luftwaffe, el Flakelf, que era un gran equipo, utilizado como instrumento de propaganda de Hitler. Los nazis habían resuelto buscar el mejor rival posible para acabar con el FC Start, que ya había ganado gran popularidad en el pueblo sometido. La sorpresa fue mayúscula, sin embargo, porque pese a las patadas de los alemanes, el Start venció 5 a 1.

Luego de esa escandalosa caída del equipo de Hitler, los alemanes descubrieron la maniobra del panadero. Desde Berlín llego la orden de matarlos a todos, pero los jerarcas nazis no se contentaban con eso. No querían que la última imagen de los rusos fuera una victoria, porque pensaban que matándolos así no harían más que perpetuar la derrota alemana. La superioridad de la raza aria, en particular en el deporte, era una obsesión para Hitler y los altos mandos. Por esa razón, antes de fusilarlos, querían ganarles en la cancha. Con un clima tremendo y amenazas por todas partes, para el 9 de agosto se anuncio la revancha, en el repleto estadio Zénit. Antes del choque, un oficial de la SS entró en el vestuario y dijo en ruso: “soy el árbitro, respeten las reglas y saluden con el brazo en alto”, exigiéndoles que hicieran el saludo nazi. Ya en el campo, los futbolistas del START (camiseta roja y pantalón blanco) alzaron el brazo, pero en el momento del saludo se lo llevaron al pecho y en lugar de decir “!Heil Hitler¡”, gritaron”!Fizculthura¡”, un eslogan soviético que proclamaba la cultura física. Los alemanes (camiseta blanca y pantalón negro) marcaron el primero gol, pero el Start llego al descanso ganando 2 a 1. Hubo más visitas al vestuario, esta vez con armas y advertencias claras y concretas: “si ganan, no queda nadie vivo”. Los jugadores tuvieron mucho miedo y se plantearon no salir al segundo tiempo. Pero pensaron en sus familias, en los crímenes que se cometían, en la gente sufrida que en las tribunas gritaba por ellos. Y salieron. Les dieron a los nazis un verdadero baile. Hacia el final del partido, cuando ganaban 5 a 3, el delantero Klimenko quedo mano a mano con el arquero alemán. Lo eludió y al estar solo frente al arco, cuando todos esperaban el gol, se dio vuelta y pateó hacia el centro del campo. Fue un gesto de desprecio, de burla, de superioridad total. El estadio se vino abajo.

Como todo Kiev hablaba de la hazaña, los nazis dejaron que se fueran de la cancha como si nada hubiera ocurrido. Incluso el Start jugó a los pocos días y le ganó al Rukh 8 a 0. Pero el final estaba escrito: tras ese último partido, la Gestapo visitó la panadería. El primero en morir torturado fue Kortkykh. Los demás arrestados fueron enviados a los campos de concentración de Siretz. Alli mataron brutalmente a Kuzmenko, Klimenko y al arquero Trusevich, que murió con su camiseta puesta. Goncharenko y Sviridovsky, que no estaban en la panadería, fueron los únicos que sobrevivieron, escondidos, hasta la liberación de Kiev en noviembre del ’43. El resto del equipo fue torturado hasta la muerte.

Ésta es la historia del dramático “Partido de la Muerte”. El cineasta John Huston se inspiró en este hecho real para rodar su película “Evasión o victoria”. En el film hizo lo que no pudo el destino: salvar a los héroes. Todavía hoy, los poseedores de una entrada para aquel partido tienen derecho a un asiento gratis en el estadio del Dinamo de Kiev. En las escalinatas del club, custodiado en forma permanente, se conserva actualmente un monumento que saluda y recuerda a aquellos héroes del Start, los indomables prisioneros de guerra del Ejército Rojo a los que nadie pudo derrotar durante una decena de históricos partidos, entre 1941 y 1942.

Los mataron entre torturas y fusilamientos, pero hay un recuerdo, una fotografía que, para los hinchas del Dinamo, vale más que todas las joyas del Kremlin. Allí figuran los nombres de los jugadores y una leyenda: ‘De la rosa solo nos queda el nombre’. ”

lunes, 16 de noviembre de 2009

EL PESO DE LA IDENTIDAD

La noticia más llamativa de estas primeras semanas NBA es la curiosa petición de Lebron James. El jugador favorito de David Stern -a tenor de sus recientes declaraciones-, ha solicitado que el número 23 sea retirado por completo de la liga en honor a Michael Jordan. La petición ha impactado mucho, primero porque Lebron es prácticamente el único aspirante a destronar a Jordan en el corazón de la NBA, pues Kobe Bryant dilapidó todas sus opciones tras sus problemas con la justicia, y lo segundo porque el 23 también es su número. Si la liga acepta la petición, James tendrá que modificar la trasera de su camiseta.
Si la liga acepta, Lebron llevaría el 6, su número en la selección norteamericana, y los Cavaliers podrían en realidad lograr un repunte en las ventas y en su imagen. James con el 23 siempre será comparado con Jordan, mientras que con el 6 tendrá menos competencia. (Se nos ocurren dos nombres legendarios; el gran Bill Russell de los Celtics dinásticos de finales de los 50, y Julius Erving, al que el baloncesto bautizó como Doctor J).
Siga adelante o no la campaña de James, y sea esta más o menos ‘egoísta’, sería bueno sacar una conclusión. La creación de una sólida identidad está ligada al éxito del negocio a largo plazo. Al fin y al cabo, James, con el 23 o con el 6, es jugador franquicia de Cleveland Cavaliers, equipo reconocido así mucho antes de que Lebron llegara a este mundo. Por el contrario, en la ACB pudimos presenciar una buena actuación este sábado del gran Tiago Splitter, jugador franquicia de un equipo al que sus aficionados sólo reconocen al grito de ¡Baskonia, Baskonia! -originario y lógico nombre-, pero al que los televidentes sólo somos capaces de respetar como TAU Vitoria –su nombre comercial durante 25 años-, los comentaristas nos lo anuncian como Caja Laboral –patrocinador actual-…y sus grandes rivales, cuando pueden, lo tratan como a un recién llegado.

Diario Público, 16 nov 09

sábado, 14 de noviembre de 2009

MI HISTORIA por LEW ALCINDOR (III)


Salieron noticias preocupantes a propósito del gran Kareem Abdul Jabbar esta semana. Por lo visto, padece una rara leucemia. En España, incluso Santiago Segurola (el mejor escritor deportivo que ha dado nuestro país en los últimos 25 años), gran fan de los años 80 de la NBA, sin duda la época dorada de la liga norteamericana, se hizo eco en su página de los viernes del diario Marca.
Kareem, o Lew Alcindor en estos post que refrescan sus vivencias de hace 40 años, es sin duda un activo del baloncesto con mayúscula. Os dejo con él y su primera época de High School, cuando comenzaba a jugar a baloncesto.

“Cuando la temporada de baloncesto comenzó en la Sagrada Providencia (nota: Saint Providence High School, su escuela), me di cuenta de que una parte de los alumnos simpatizaban conmigo. Un día, un compañero muy alto me tocó el hombro y me dijo: <> (nota: así lo llamaban en el colegio, por ser Lew un niño muy aplicado, bueno como las monjas de la escuela).
Yo sabía muy poco de basket. Mi padre era un gran atleta, pero su gran pasión era la natación. Lo poco que me había enseñado era como driblar (sic) en baloncesto. Podía retener el balón 3 o 4 veces, pero después perdía su control. Nadie podía prever que progresaría, y yo, por ello, no me hice ilusiones. Pero eso sí, tenía la ventaja de ser ‘una cabeza’ más alto que los restantes compañeros, razón por la que ellos perseveraron entrenándome y enseñándome toda la táctica, hasta todas las cuquerías tales como arañar, dar codazos, etc. (sic).
Ellos jugaban un juego virtuoso, auténtico basketball, cual si fuera de campeonato. Habían puesto los aros en un melocotonero, y aquello era la pista en la que jugábamos. Jugábamos a base de 3-3, y así lo continuamos haciendo cuando fuimos a jugar a otros colegios, tales como la Grammar school, Ambler… Los otros muchachos del equipo eran de octavo grado (nota: equivalente a lo que hoy sería 3º de la ESO), con cuatro o cinco años más que yo, que tenía 9 y medía 5 pies y 4 pulgadas (nota: 163 cm aprox.). Mi futuro estaba en marcha. Empezaba un ciclo, el de la temporada de basket, que marcaría una época de mi vida.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL DISCURSO DE OLAZABAL EN EL HALL OF FAME


Deportistas hay muchos; buenos, malos, regulares, mediopensionistas. Los hay que acaparan todas las portadas, los hay que epatan al público, los hay que viajan en aviones privados, y los hay que pierden partidos de Copa del Rey contra el Alcorcón y se les hunde la tierra bajo los pies por el peso de un millón de 'marcas' cabreados.
También está ese tipo de deportistas que se dedican toda una vida a un deporte, tanto que no se les conoce otra vida fuera de ese ambiente, y pasan por ser individuos de culto para una inmensa minoría. Son jugadores casi antes que personas, pero de las páginas de detrás de los diarios deportivos. De ellos se escriben maravillas; de ellos hablan maravillas sus compañeros de profesión; de ellos se cuentan hazañas. Pero no es posible saber mucho más pues en su país no forman parte de la cultura mayoritaria del deporte.
Evidentemente es el caso de Chema Olazábal en España, pero cuando vemos la repercusión que ha tenido su ingreso en el Salón de la Fama del golf mundial, nos damos cuenta de que algo precioso nos podemos estar perdiendo por el camino. En los países anglosajones, de clara devoción por los deportes de campo abierto y de equipo (fútbol y rugby en Inglaterra, Australia, o American Football y Baseball en el caso de EEUU), siempre les quedó un rincón para venerar esa mezcla de juego y religión que representa The Game of Golf.
Aquí, últimamente, le prestamos más atención con su irrupción como explosiva mezcla entre distracción y negocio; pero Chema Olazábal llegó antes de todo esto. Su reinado fue en realidad un estupendo principado; fue una especie de Sancho Panza en los años finales del gran ‘Sevvy’, nuestro Quijote del golf, hoy pasando un trance muy difícil tratando de superar un tumor cerebral.
Olazábal (‘ollie’, para los anglosajones), es una inspiración deportiva. Quizá una de las figuras más emocionantes para mí. Os dejo con su discurso de entrada en el Hall Of Fame. Será muy difícil que alguien describa con tanta brillantez su dedicación de toda una vida.

www.youtube.com/watch?v=0yBc_HmEihI


...y con un pequeño homenaje que me dejaron publicar en 2008.

OTRO COHETE EN LA HERMANDAD DE PESCADORES

(Un sueño) Las risas y el champán inundaban el Chalet social del Augusta National Golf Club, en Atlanta, Georgia. Como cada sábado, desde aquél lejano 1934 en el que Bobby Jones y Clifford Roberts decidieron crear un evento que sirviera al deporte que tanto amaban, esta singular estancia del Campo de Golf más famoso de nuestro planeta acogía la cena de los Maestros. Enfundados en sus chaquetas verdes, distinción escogida como seña de identidad en los felices y prósperos años 50, los “Miembros Honorables” y sus familias compartían junto a los ganadores aún vivos del Torneo las anécdotas de los más veteranos, las ocurrencias de los últimos en llegar, los míticos momentos alrededor de un entorno inigualable.
Arnold Palmer volvía a ser protagonista. En esta edición de 2008 se cumplía medio siglo de la primera de sus cuatro victorias. Cada segundo jueves de abril, ininterrumpidamente desde 1954 hasta 2004, Arnie había caminado los escasos 100 metros que separaban el campo de prácticas del primer hoyo del recorrido, con el mismo aire de ilusionado adolescente Y es que esta leyenda viva del golf había seducido uno por uno los 18 hoyos del campo con la perfección en su movimiento. El era el “swing”, la inigualable cadencia de un gesto milimétricamente repetido. El golpe de Palmer era una caricia que envolvía la pelota en el suave ritmo de un giro perfecto. Y esa cena, en la intimidad de una preciosa casa del sureste de los Estados Unidos, suponía el marco ideal para abrochar la nostalgia del mito, con el presente y futuro de los últimos ganadores
De repente, Arnie, levantó su copa y tras los brindis de rigor, quiso dedicar uno muy especial al sorprendente líder después de tres jornadas: “¡Oli -gritó-, gracias por venir Sería un honor que mañana mantuvieras el tipo ante Tiger y los demás!”.
Y José María Olazábal, Oli, uno de los jugadores más admirados en el mundo del golf, se puso en pie, saludó complacido, y por un momento creyó escuchar de nuevo el cohete con el que la Hermandad de pescadores de Hondarribia había celebrado sus dos triunfos anteriores.
Diario Público, abril 2008.

lunes, 9 de noviembre de 2009

MESSINA, PRIGIONI Y LOS 'CLÁSICOS'

El derbi futbolístico siempre fue el partido de la rivalidad local, por ejemplo el Atleti vs. Real del sábado, con el apellido rojiblanco correspondiente: jugamos como nunca, perdimos como siempre. Pero a veces se ha usado también para los Madrid vs. Barça. Al final parece que estos se quedan con la denominación de ‘clásicos’, o partidos de la ‘máxima’. En baloncesto, de cuando en cuando se traslada la denominación, pero no cala. No tiene un pase llamar derbi al Estudiantes vs. Real, ni al Barça vs. Joventut. Queda raro. El ‘clásico’ Madrid vs. Barça de basket tiene más recorrido previo, pero acaba por aburrir a los vendedores del término, los medios, cuando el sistema de competición lo propone seis, siete, incluso diez veces en un año.
Si el baloncesto quiere distinguirse, podría adoptar el término ‘partido clásico’ para un tipo de partido ACB que siempre responde a la expectativa. Por ejemplo un matinal Real Madrid vs. Alicante dos días después de que el Madrid se meriende al campeón de la Euroliga. O un Barça vs. Cajasol tras la victoria catalana en la lejana y fría Lituania ante la caliente afición del equipo presidido por Sabonis. La octava definición de ‘clásico’ en el diccionario de la RAE dice así: clásico, algo típico y característico. ¿Hay acaso algo más típico y característico que los graves problemas del equipo de Euroliga ante el simple conjunto ACB que viene de soportar siete entrenamientos de dos horas con un ‘yes we can’ de su entrenador cada diez minutos? En Rusia, el CSKA de Messina era Obelix, y los demás no eran rusos sino simples romanos. En la ACB, sin embargo, muchos aguantan las tortas hasta el final. Suponemos que por eso se empeñó en venirse a Madrid con ‘Asterix’ Prigioni, experto en desenredar el ‘clásico’ partido ACB tras la gloriosa victoria europea.

Diario Público, 9 nov 09

sábado, 7 de noviembre de 2009

MI HISTORIA (Lew Alcindor), parte 2


Seguimos con el tesoro de andar por casa; la revista Rebote de hace 40 años, y su motivadora asociación con Sports Illustrated a través de la vida de Kareem Abdul Jabbar (entonces conocido por su nombre de nacimiento: Lew Alcindor).
Ya saben, además, que fue una asociación sin conservantes ni colorantes. Tal y como vino del inglés.
“Mucha gente se maravilla de que siendo mi madre de estatura 5’11 (1’80 m. aprox. –nota del tesorero-) y mi padre 6’2 (1’89 m), yo haya llegado a alcanzar esa altura de 7’1 3/8 (2’16 m. aprox.) y 235 libras de peso (lo siento, el peso no lo sé traducir –nota fallida-). Quizá remontándonos a una generación anterior, hallaríamos la respuesta. Mi abuelo medía 6’8 (2’01 m.) y emigró desde Trinidad a Nueva York. Nunca lo conocía, pero mi madre dice que era un ser impresionante con sus grandes bigotes y sus largas barbas. El hablaba yoruba -lenguaje nigeriano-, inglés, y mi abuela hablaba inglés, español, francés y un dialecto de Trinidad, patois.
Nunca en mi casa se habló desconsideradamente de mis antepasados, ni jamás nadie se sintió avergonzado de ellos. Yo siempre me sentí orgulloso de ellos. Me halagaba cuando mi padre me contaba la historia de mi abuelo y como vino a Nueva York a rehacer su vida. Siempre creí que alrededor mío (sic) había algo real, auténtico, y todo ello ayuda a un niño a sentirse consciente de su propio valer y dignidad. Es por ello que nunca me he sentido inferior. Nunca me ha importado la propaganda que se hiciera de mi abuelo. Yo siempre mantuve el sentimiento de la propia estimación (sic). Vayan ustedes a Trinidad hoy mismo y encontrarían un lugar llamado Alcindor Trace, en el distrito de Balandra. Nosotros somos aquellos Alcindor. No somos retrógrados ni nostálgicos, y no nos avergonzamos de nosotros mismos. (…)
(…) Una de las cosas que más me confundieron sobre la mezcla de razas, era que en mi barrio convivían gentes llegadas de Cuba, Rusia, Inglaterra, Alemania, Puerto Rico, Irlanda, y todos convivíamos en nuestra infancia sin diferencias de razas, ni religión, ni color de piel.
Recuerdo que en mi tercer grado de estudios me sorprendió que mi padre me llevara a la calle 125 de Haarlem (sic) cada vez que necesitaba un corte de cabello. Había muchas barberías en nuestro barrio, pero nunca vi un barbero que cortara el pelo a un negro. Esa era la razón. Aunque cuando se lo pregunté a mi padre, me respondió que como la mayoría de los barberos eran blancos no querían servir a los negros. Esto me causó una penosa impresión. Algo así como si a uno le hicieran comer piedras y luego tuviera grandes dolores para digerirlas. Allí empecé a entender el problema racial, que comenzaba por tener que realizar un largo viaje en autobús para un simple corte de cabello".

miércoles, 4 de noviembre de 2009

MI HISTORIA (por Lew Alcindor)

En casa de mis padres se encuentran tesoros. Son tesoros de andar por casa, lógicamente, pero lo son, de eso no hay duda. Por ejemplo, revistas de baloncesto de hace 40 años. En concreto han aparecido tres. Pido perdón si el tesoro no está a la altura de sus expectativas, pero a mi me hizo una ilusión bárbara, porque soy un mitómano confeso.
La revista, de la que como he dicho han aparecido tan solo 3 ejemplares (¿habrá más en otros séptimos pisos de calles céntricas de Madrid?)se llama REBOTE, y la voy enseñando por aquí y por allá. Pero como somos muchos, tomaré algún atajo para mostrarla; por ejemplo el blog. Sé que estamos en plena Euroliga (Madrid vs. Panathinaikos esta semana), y que el Unicaja del maestro Aíto no ha ganado ningún partido ACB (¡maestro, maestro...!). Como este rincón es polideportivo, sabemos que el tenis se acerca a la final de la Davis, o que Sergio García sigue siendo 'possibly the best player never to have won a Major' en el golf actual. Lo sabemos, y se tendrá en cuenta, pero todo eso no me hace tanta ilusión como enseñarles al menos alguna página de REBOTE; el tesoro.

En uno de los ejemplares recuperados (REBOTE, solamente baloncesto, Año XI - Num.10, diciembre 1969), un número, por cierto, especial de final de año, con 32 páginas al precio de 20 pesetas (¡!) aparece un gran póster de la Selección Nacional, pero sobre nos trae el verdadero tesoro deportivo de EEUU; un reportaje de la revista SPORTS ILLUSTRATED; la biblia del deporte. El sueño de todo lector de historias de balones y carrera deportivas. El reportaje es sobre LEW ALCINDOR (años después Kareem Abdul Jabbar), el extraordinario jugador de baloncesto, y hoy, por cierto, ayudante de Phil Jackson en Los Angeles Lakers de Pau Gasol. Se ofrece por capítulos imposibles de encajar en las actuales revistas llenas de publicidad. El primer capítulo (el único recuperado) son ¡4 páginas! completas de texto. El resto, se ofrecerían, supongo, en sucesivas publicaciones, pero seguramente estén en otros áticos de Madrid, porque en el de casa de mis padres no los pude encontrar.

En fin, esta es la historia de Lew. Trascribo de forma literal los dos primeros párrafos, sobre todo para que se sorprendan de la traducción ¡literal! Del inglés al español. Del resto, iré añadiendo pinceladas en próximos post. Lo prometo.

MI HISTORIA por LEW ALCINDOR.
"Mi nombre es Ferdinand Lew Alcindor jr. y también Abdul Kareem, pero eso lo narraré más adelante. Ahora les contaré la historia de mi vida tan remotamente (sic) como pueda recordar.
Las cosas siguen en Estados Unidos igual que hace 200 años. la historia de cualquier hombre negro tiene su significado, tanto si es un limpiabotas como un portero de vecindad. De ellos nada se ha sabido, tal vez lean algo sobre mi porque ustedes son aficionados al basketball. Que yo recuerde, en mis tempraneros años, solía sentarme cerca del Parque Central (¡Central Park! NY –nota del tesorero-). Entonces tenía 3 años. Mis padres recuerdan que tenía 22,50 pulgadas y 12 libras con 11 onzas cuando nací. Cuando tenía 3 años, recuerdo una pelota. La otra cosa que recuerdo de mi pasado es la música; toda clase de música. (…)
(…) Mi padre estudió la dirección de orquesta, pero en esa época había poca demanda de directores negros, por lo que mi padre debió emplearse de cobrador en una empresa de muebles”.
Un tesoro...de andar por casa.

lunes, 2 de noviembre de 2009

EL VIEJO ASUNTO DEL LIDERAZGO

El tema del liderazgo está de actualidad en otras zonas del periódico. Ya habrán leído, supongo, eso de que más vale que el tema –o cosa, que diría Umbral- tenga una sola voz, un solo camino y, “a ser posible”, un solo líder. En las postrimerías del diario, mientras tanto, seguimos a lo nuestro: es decir, al mismo y viejo asunto del liderazgo. Compartía hace meses tertulia de gran nivel (mejorando la presente) escuchando como el Madrid de Bullock tendría siempre un tope europeo. Mientras el equipo sea de Louis, se decía más o menos, podrá bastar para algunas glorias deportivas que campean por España, pero las aventuras europeas serán una quimera. Aquel Madrid de Bullock estuvo a punto de ser un excelente Madrid de Plaza, pero una compleja decisión,‘triple o falta’, ante Maccabi, frenó en seco la progresión. Digamos que a Plaza tampoco le ayudó excesivamente las entretenidas peripecias del trasatlántico. El Real Madrid C.F. de Calderón era una juerga constante, y lógicamente las canastas acabaron en el agua. Parece que a Florentino no le hubiera importado nada que siguieran allí, pero ya que había que sacarlas bien lustrosas… que se ocupe Messina. El italiano se cayó en la marmita la influencia y la persuasión, y es probable que acabe revolcando la tesis de aquella tertulia; ahora mismo no sería descabellado apostar a favor de un Madrid ganador de Euroliga con Bullock anotando.
El contraste baloncestístico en la capital siempre ha sido evidente; en la otra acera vive el Estudiantes, con muchos patios, muchas canastas, y muchos cojones, pero siempre con la lengua fuera y los bolsillos vacíos. Con este panorama, es mucho más necesario que alguien sea capaz de marcar el camino correcto. Nunca se me olvidará la frase de uno de los fundadores. “Pablo, ¿por qué os empeñáis con el mismo viejo Estudiantes: no te das cuenta de que ha durado ya demasiado? Habrá que inventar otra cosa”.

Diario Público, 2 nov 09.