miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL DISCURSO DE OLAZABAL EN EL HALL OF FAME


Deportistas hay muchos; buenos, malos, regulares, mediopensionistas. Los hay que acaparan todas las portadas, los hay que epatan al público, los hay que viajan en aviones privados, y los hay que pierden partidos de Copa del Rey contra el Alcorcón y se les hunde la tierra bajo los pies por el peso de un millón de 'marcas' cabreados.
También está ese tipo de deportistas que se dedican toda una vida a un deporte, tanto que no se les conoce otra vida fuera de ese ambiente, y pasan por ser individuos de culto para una inmensa minoría. Son jugadores casi antes que personas, pero de las páginas de detrás de los diarios deportivos. De ellos se escriben maravillas; de ellos hablan maravillas sus compañeros de profesión; de ellos se cuentan hazañas. Pero no es posible saber mucho más pues en su país no forman parte de la cultura mayoritaria del deporte.
Evidentemente es el caso de Chema Olazábal en España, pero cuando vemos la repercusión que ha tenido su ingreso en el Salón de la Fama del golf mundial, nos damos cuenta de que algo precioso nos podemos estar perdiendo por el camino. En los países anglosajones, de clara devoción por los deportes de campo abierto y de equipo (fútbol y rugby en Inglaterra, Australia, o American Football y Baseball en el caso de EEUU), siempre les quedó un rincón para venerar esa mezcla de juego y religión que representa The Game of Golf.
Aquí, últimamente, le prestamos más atención con su irrupción como explosiva mezcla entre distracción y negocio; pero Chema Olazábal llegó antes de todo esto. Su reinado fue en realidad un estupendo principado; fue una especie de Sancho Panza en los años finales del gran ‘Sevvy’, nuestro Quijote del golf, hoy pasando un trance muy difícil tratando de superar un tumor cerebral.
Olazábal (‘ollie’, para los anglosajones), es una inspiración deportiva. Quizá una de las figuras más emocionantes para mí. Os dejo con su discurso de entrada en el Hall Of Fame. Será muy difícil que alguien describa con tanta brillantez su dedicación de toda una vida.

www.youtube.com/watch?v=0yBc_HmEihI


...y con un pequeño homenaje que me dejaron publicar en 2008.

OTRO COHETE EN LA HERMANDAD DE PESCADORES

(Un sueño) Las risas y el champán inundaban el Chalet social del Augusta National Golf Club, en Atlanta, Georgia. Como cada sábado, desde aquél lejano 1934 en el que Bobby Jones y Clifford Roberts decidieron crear un evento que sirviera al deporte que tanto amaban, esta singular estancia del Campo de Golf más famoso de nuestro planeta acogía la cena de los Maestros. Enfundados en sus chaquetas verdes, distinción escogida como seña de identidad en los felices y prósperos años 50, los “Miembros Honorables” y sus familias compartían junto a los ganadores aún vivos del Torneo las anécdotas de los más veteranos, las ocurrencias de los últimos en llegar, los míticos momentos alrededor de un entorno inigualable.
Arnold Palmer volvía a ser protagonista. En esta edición de 2008 se cumplía medio siglo de la primera de sus cuatro victorias. Cada segundo jueves de abril, ininterrumpidamente desde 1954 hasta 2004, Arnie había caminado los escasos 100 metros que separaban el campo de prácticas del primer hoyo del recorrido, con el mismo aire de ilusionado adolescente Y es que esta leyenda viva del golf había seducido uno por uno los 18 hoyos del campo con la perfección en su movimiento. El era el “swing”, la inigualable cadencia de un gesto milimétricamente repetido. El golpe de Palmer era una caricia que envolvía la pelota en el suave ritmo de un giro perfecto. Y esa cena, en la intimidad de una preciosa casa del sureste de los Estados Unidos, suponía el marco ideal para abrochar la nostalgia del mito, con el presente y futuro de los últimos ganadores
De repente, Arnie, levantó su copa y tras los brindis de rigor, quiso dedicar uno muy especial al sorprendente líder después de tres jornadas: “¡Oli -gritó-, gracias por venir Sería un honor que mañana mantuvieras el tipo ante Tiger y los demás!”.
Y José María Olazábal, Oli, uno de los jugadores más admirados en el mundo del golf, se puso en pie, saludó complacido, y por un momento creyó escuchar de nuevo el cohete con el que la Hermandad de pescadores de Hondarribia había celebrado sus dos triunfos anteriores.
Diario Público, abril 2008.

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