lunes, 16 de noviembre de 2009

EL PESO DE LA IDENTIDAD

La noticia más llamativa de estas primeras semanas NBA es la curiosa petición de Lebron James. El jugador favorito de David Stern -a tenor de sus recientes declaraciones-, ha solicitado que el número 23 sea retirado por completo de la liga en honor a Michael Jordan. La petición ha impactado mucho, primero porque Lebron es prácticamente el único aspirante a destronar a Jordan en el corazón de la NBA, pues Kobe Bryant dilapidó todas sus opciones tras sus problemas con la justicia, y lo segundo porque el 23 también es su número. Si la liga acepta la petición, James tendrá que modificar la trasera de su camiseta.
Si la liga acepta, Lebron llevaría el 6, su número en la selección norteamericana, y los Cavaliers podrían en realidad lograr un repunte en las ventas y en su imagen. James con el 23 siempre será comparado con Jordan, mientras que con el 6 tendrá menos competencia. (Se nos ocurren dos nombres legendarios; el gran Bill Russell de los Celtics dinásticos de finales de los 50, y Julius Erving, al que el baloncesto bautizó como Doctor J).
Siga adelante o no la campaña de James, y sea esta más o menos ‘egoísta’, sería bueno sacar una conclusión. La creación de una sólida identidad está ligada al éxito del negocio a largo plazo. Al fin y al cabo, James, con el 23 o con el 6, es jugador franquicia de Cleveland Cavaliers, equipo reconocido así mucho antes de que Lebron llegara a este mundo. Por el contrario, en la ACB pudimos presenciar una buena actuación este sábado del gran Tiago Splitter, jugador franquicia de un equipo al que sus aficionados sólo reconocen al grito de ¡Baskonia, Baskonia! -originario y lógico nombre-, pero al que los televidentes sólo somos capaces de respetar como TAU Vitoria –su nombre comercial durante 25 años-, los comentaristas nos lo anuncian como Caja Laboral –patrocinador actual-…y sus grandes rivales, cuando pueden, lo tratan como a un recién llegado.

Diario Público, 16 nov 09

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