sábado, 21 de noviembre de 2009

MI HISTORIA por LEW ALCINDOR (y IV).


Este es el último capítulo por el momento de la historia de Lew Alcindor (el gran Kareem Abdul Jabbar). Prometo volver con él, o con otros como él, en caso de encontrar más tesoros como éste de la revista Rebote de 1969. Espero que mi promesa no ahuyente posibles lectores. Uno, ya saben, nació mitómano, y tal vez la mayoría de lectores no se acerquen a esta nueva fórmula de lectura rápida buscando historias de héroes, sino flashes directos y concretos sobre la actualidad.
Espero estar equivocado. Y ahora, vayamos con Lew. El gran Alcindor contaba en 1969, en la revista Sports Illustrated, el final de su etapa en High School.

“En Mi segundo año en Power High School llegué a ser casi lo que ahora soy. (Nota: recuerden que está hablando en 1969). Me hice a la idea de cómo tenía que jugar empleándome a fondo. Pronto todos los equipos conocieron a los Óscar Sánchez, Jackie Etridge, Bobby Erickson y Jorge Barbazar. No había quien nos parara y nadie pudo hacerlo. Fuimos los católicos (sic) invencibles de aquel año. Yo obtuve un promedio de 19 puntos y 18 rebotes. La gente empezaba a hablar de mí. Empecé a ver cambios alrededor de mi persona. Todos querían quedar bien conmigo e incluso llevarme a otros colegios mejores. Cuando esto sucedió, míster (sic) Donahue prometió ejercer influencia en mi favor. Habló largamente con mis padres y quedamos de acuerdo en que cualquier carta que llegara con remitente de un colegio o una universidad sería entregada a Mr. Donahue. Además, nunca pude hablar con la prensa ni hacer declaraciones. Mr. Donahue tuvo cuidado de que no lo hiciera. Por ello es que ahora es ésta la primera vez que explico mi vida a cualquiera.
Lo más agradable de explicar acerca de Mr. Donahue es que todo esto no me costó nada y me ayudó alcanzar las más altas cimas del deporte amateur. (…) Mr. Donahue esquivó toda clase de ofertas y justamente las desechamos. Resultando a través del tiempo lo que sería mi mejor escuela. Yo me sentía muy satisfecho por estar en un gran equipo y tener todas las facilidades, pero no había negros, y eso me significó no ser del todo feliz. Mr. Donahue creyó que estaba ayudándome, pero pese a las victorias, a lo mucho que jugué en el Power Memorial, no puedo olvidar lo muy autoritario que conmigo fue…
(Nota; como verán, hay pasajes de la traducción que parece se hubieran hecho de madrugada y sin demasiadas ganas de cambiar no ya el estilo, ni tan siquiera el orden de los sujetos, verbos y predicados de un idioma al otro).
…Poco a poco nuestras relaciones fueron enfriándose. El dijo en cierta ocasión. ‘Ahora no te necesito si estás en Haarlem’. El temía que me codeara con lo peor de la gente de Haarlem, vividores, extorsionistas, es decir, gente de mal vivir. Pero me ofendió que se inmiscuyera en mi vida privada, dado que soy un hombre que tanto si vivo en Haarlem, como en Atlantic City como en Port Lyautey, no me codearé con esa clase de gente. Haarlem significaba mucho en mi vida deportiva, pero muy poco en mi vida social. Pero él no comprendía eso. Era una de esas figuras deportivas de raza blanca que sólo ven a los negros atletas como propiedades pero ausentes de toda clase de humanidad (sic). (…) En un partido de prueba de cara a nuestro siguiente encuentro contra la escuela católica de Hittaswile, las cosas nos salieron mal, y sólo teníamos seis encestes en la media parte. Cuando bajamos a los vestuarios, Mr. Donahue, dirigiéndose a mí, me dijo: ‘usted no se mueve ni hace las cosas que tendría que hacer y que esperamos que haga. ¡Usted actúa igual que un negro!’
Quedé atónito, máxime cuando en el equipo estaban dos hermanos negros: Eric Brown y Norwood Torman”


…Y nosotros, querido Lew. Gracias por contarlo, y a Rebote por haber existido (aún traduciendo como de madrugada y dejando el estilo para otras empresas periodísticas…).

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