lunes, 23 de noviembre de 2009

OBI-WAN GASOL


Comentaba el pasado martes en una tertulia radiofónica Julio César Iglesias -maestro de periodistas y gran amante del boxeo-, que tal vez la mayor miseria que pueden vivir los boxeadores no es la secuela por la cantidad de golpes recibidos. “El boxeo –decía- alcanza tan grado de complejidad como profesión, que la mayor tragedia para un púgil es que cuando por fin domina los cuarenta o cincuenta recursos técnicos que lo harán invencible, ya no está en condiciones físicas de afrontar los intercambios de puñetazos con garantías”.
Regresó por fin esta semana Pau Gasol a las canchas de la NBA. Y lo hizo con el mismo traje amarillo de una franquicia que brilla como lo hacen las mejores joyas del deporte. Volvió, y nos ofreció otro partido para incorporar a su biografía de leyenda. Anotó la primera canasta de su equipo, y completó después un doble-doble (24 puntos, 13 rebotes) como tal vez ni siquiera Phil Jackson, el mejor entrenador título a título que jamás se haya sentado en uno de esos banquillos, podía imaginarse.
Y por supuesto lo hizo con la misma barba de estas últimas temporadas, la que lo asemeja al único personaje rescatable de las infantiles secuelas de la Guerra de las Galaxias; un maduro Obi-Wan-Kenobi (interpretado por Ewan McGregor), ya maestro de jóvenes ‘Jedis’, tal vez un punto menos sabio pero mucho más en forma que el inolvidable viejo interpretado por Sir Alec Guinness tres décadas antes. Pau, a sus 29 años, está iniciando su tercera etapa como profesional, precisamente la que los púgiles de Julio César temen tanto. La que lo llevará a un profundo conocimiento de la profesión que solamente podrá disfrutar en plenitud mientras le respeten las lesiones, pues es evidente que el maestro Yoda que se sienta en su banquillo posee la suficiente sabiduría para utilizar al máximo los recursos de un profesional casi perfecto.

DIARIO PUBLICO, 22 nov 09

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