jueves, 3 de diciembre de 2009

AQUELLOS ACORDES DE FINALES DE LOS 80


Este 3 de diciembre se ha reactivado la necesidad de recordar a Fernando Martín. Es lógico. Son 20 años desde su fallecimiento. La excusa perfecta para un gran reportaje en Informe Robinson sobre la cordada española en la NBA. También Teledeporte dedicó el pasado día 2 un especial de excelente factura, con cuidadas intervenciones de sus compañeros de entonces (Corbalán, Iturriaga, Romay, Llorente...) junto a las de los profesionales que mejor le conocieron (el periodista Manolo Lama, por ejemplo), y con el altavoz familiar y único de su hermano pequeño Antonio. En mi humilde opinión, si realmente quieren guardar un recuerdo escrito de este vigésimo aniversario, tampoco deberían perderse las tres páginas de Paco Torres en la revista Gigantes. Paco fue otro de los profesionales que más supo sobre Fernando, y además es una referencia para todos los que amamos el baloncesto como un juego pero también como una profesión, ya sea ejercida dentro o fuera de la cancha.

Aunque el cierre perfecto del pionero Fernando se abrocha con Pau Gasol, el deportista Martín tuvo mucho más que ver con la estética de otros privilegiados. En Pau, la excelencia venía de serie, como la impagable historia (real o novelada) del David de Miguel Ángel en manos de cualquier gurú de la formación en habilidades.
- Le preguntaban a Miguel Ángel; "maestro, ¿cómo ha sido capaz de esculpir una cosa tan perfecta de un simple trozo de mármol blanco?
- "No me otorguéis mérito alguno; la figura estaba ahí, a la vista de cualquiera... lo único que tuve que hacer es eliminar lo que sobraba".
La sensación de casi todos es que Pau siempre estuvo ahí. Su baloncesto estaba dentro. Es evidente que había trabajo para quitar lo que nos impedía verlo, y los artistas se fajaron en la tarea. Algo parecido, seguramente mucho más acusado en su rasgo escultural, sucede por ejemplo con el tenis de Federer. Pero el baloncesto de Fernando (que perfectamente hubiera podido ser su balonmano, o su natación), como por ejemplo el tenis de Nadal, o el golf de Severiano, jamás demandó un escultor que lo puliera, sino un campo abierto y un enemigo a las puertas.

A Pau, la licencia de jugador NBA le costó un simple mate sobre un tipo de su talla –Kevin Garnett- y una pose con la grada. Él pertenecía a aquello. Fernando, al intuir que no le darían el carnet a la primera, y tal vez nunca, se volvió, pero la casualidad quiso que en el Barça aterrizara Audie Norris –al que solamente las lesiones se lo habían negado-. Y aquella realidad/casualidad superó durante tres años nuestros sueños como aficionados: fue puro ‘Basket Music’. Cada duelo de Fernando y Audie era como un directo de Leño en una pequeña sala heavy, y cada programa Cerca de las Estrellas de la NBA como el mejor concierto de los Rolling en un estadio de fútbol. La tragedia de Fernando nos cambió el ritmo, pero cada 3 de diciembre nos acordamos de la perfección de aquellos acordes que jamás antes se habían mezclado.

(Nota imprescindible: el coche de Fernando impactó contra otro vehículo cuyo ocupante que se llamaba –y se llama- Ricardo Delgado Cascales estuvo a punto de perder la vida, y al que le quedaron gravísimas secuelas. Es justo, lógico y humano que tengamos presente esta circunstancia, como señala con gran acierto Daniel Barranquero en ACB.com )

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