viernes, 5 de marzo de 2010

LA VIEJA DAVIS


La Copa Davis es uno de los eventos más curiosos del deporte mundial, junto a la Ryder Cup de golf. Son dos preciosas rarezas con las que buscar nuevas emociones. Normalmente un deporte se crea y, si crece y se multiplica, encuentra su marco de referencia en el entorno. El fútbol, por ejemplo, y los deportes de equipo y de campo abierto en general, fueron la respuesta social de los altos niveles de testosterona en tiempos de paz. Sobre todo el rugby, y su primo lejano, el fútbol americano, tratando de replicar en algo menos de una hectárea la conquista de un terreno a golpe de riñones, tácticas y fe. Quizá nuestro fútbol no pueda ceñirse de un modo tan exacto a este patrón, sino más bien al puro juego con el mínimo posible de reglas y el máximo estrés. Los que lo jueguen habitualmente, y lo respeten de verdad, sabrán responder bajo este prisma a ese absurdo tópico que trata de rebajarlo: “anda, estos, que casi no entrenan y sólo pueden jugar dos días a la semana”.

Cuando enmarcamos el fútbol, el rugby, el baloncesto… estamos enmarcando deportes de equipo, más o menos intensos, más o menos complejos. Todo lo que gira a su alrededor, se ordena bajo esos parámetros. Esto es así, hasta tal punto de que se puede penalizar la actitud de un jugador por individualista. Son deportes de equipo, y sólo pueden jugarse oficialmente así. Un gran jugador de baloncesto, podrá ser el mejor del mundo en tiro, o en asistencias, o machando defensores de uno en uno, pero esas fortalezas individuales sólo resaltarán de verdad en función de que gane su equipo.

Conectemos con la Davis y la Ryder Cup. Sus deportes (tenis y golf), son deportes fundamentalmente individuales, pero durante estos dos eventos se convierten en deportes de equipo. No sólo se juega, por ejemplo, un partido de dobles en el tenis, o la modalidad de ‘fourball’ (una pareja de jugadores frente a otra, cada uno con su pelota, puntuando el que menos golpes de en cada hoyo de los 4 jugadores) y foursomes’ (una pareja juega contra otra, con una sola pelota por pareja y puntuando la pareja que menos golpes de en cada hoyo) en el golf, sino que el objetivo del evento –enfrentar dos equipos y ver cuál se lleva la victoria- sólo es posible perseguirlo de forma conjunta. No hay ganador individual, sólo puntos a favor del equipo.

España está disputando en Logroño, este fin de semana, la eliminatoria de la Copa Davis frente a Suiza. El equipo español es el vigente campeón de las dos últimas ediciones y, por tanto, es una referencia; es el equipo a batir. Enfrente, Suiza es el país de Roger Federer, del cual se dice que es el mejor jugador de tenis de todos los tiempos. Anticipado así, España vs. Suiza en la Copa Davis, debería representar lo que en rugby representa un enfrentamiento entre Inglaterra y Francia en el torneo Seis Naciones, o lo que en fútbol podría ser un partido del Mundial entre España e Italia, por ejemplo, las selecciones campeonas de Europa y del Mundo, respectivamente.

Pero la vieja Copa Davis no permite hacer esa comparación. La Copa Davis se creó como un evento social de los chicos burgueses que jugaban al ‘tennis’ a principios de siglo, y que necesitaban la excusa perfecta para poder viajar a otros países y ampliar sus contactos. La vieja Copa Davis jamás llevó en los genes un duelo a muerte, o una batalla sin cuartel. Todo eso está copiado después. Aquí pensamos que Roger Federer, por ejemplo, jamás podrá ser el mejor tenista de todos los tiempos, sin haber ganado una Ensaladera de Plata con su país, Suiza. Pero, frente a Federer, esos pensamientos caen en saco roto. Para motivarle, tal vez deberían haberle contado la historia de Logroño, donde jamás podrá ir a jugar al tenis si no es con la excusa de uan eliminatoria de la vieja Copa Davis en juego. Seguramente no funcionaría, porque los inventores de esta rareza deportiva, estudiantes de Harvard, jamás pensaron que el tenis acabaría siendo una profesión donde hacerse millonario, sino que lo veían simplemente como un juego para millonarios con el que olvidar durante un rato la profesión.

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