miércoles, 14 de abril de 2010

AUGUSTA 2010



Suponemos que las risas y el champán habrán inundado el Chalet social del Augusta National Golf Club, en Atlanta, Georgia. Como cada domingo, desde aquél lejano 1934 en el que Bobby Jones y Clifford Roberts decidieron crear un evento que sirviera al deporte que tanto amaban, esta singular estancia del Campo de Golf más famoso de nuestro planeta habrá acogido la cena de los Maestros. Enfundados en sus chaquetas verdes, distinción escogida como seña de identidad en los felices y prósperos años 5o, los 100 “Miembros Honorables” y sus familias habrán compartido junto a los ganadores aún vivos del Torneo las anécdotas de los más veteranos, las ocurrencias de los últimos en llegar, los míticos momentos alrededor de un entorno inigualable.

Jack Nickalus habrá sido en esta ocasión un protagonista divertido. Este años se había unido a Arnold Palmer en ese rito único que tiene el torneo: el drive inaugural desde el tee del 1. El honor lo tienen solamente los más grandes...y muy mayores. Tan grandes como para provocar la mayor admiración a su paso, y tan mayores como para no poder responder al honor de disputar el torneo de forma competitiva, privilegio condecido a cada ganador de una sola Chaqueta Verde sin una fecha específica de caducidad.

Pero el principal protagonista suponemos que habrá sido lógicamente Phil Mickelson. Su victoria incontestable, la tercera de su vida, había dejado la mejor de las sensaciones en un año complejo para el torneo. ¿Cómo obviar el tremendo impacto mediático de lo sucedido con Tiger, y su decisión de volver precisamente en Augusta? ¿Cómo encarar desde un torneo que se siente -porque se lo ha ganado- muy por encima de cualquiera de los jugadores que lo disputen, aunque alguno de ellos sea considerado uno de los individuos más conocidos en el planeta?

La decisión de Augusta sobre el 'caso Tiger' había sido absolutamente sorprendente. Sus directivos habían estimado necesario dar un paso al frente en una nota pública que reprobaba absolutamente la actuación de uno de los jugadores más emblemáticos de su deporte, y uno de los más queridos por el público asistente al torneo desde que se hizo profesional. Nacho Gervás, la impagable voz experta de Canal +, nuestro particular Peter Alliss pero mucho más centrado que el original, no podía dar crédito a la decisión. ¿Quién les mandaba remover el tema cuando la magia del campo y del evento debía tomar el protagonismo?

Por eso, la victoria de Mickelson, de un Phil Mickelson cada vez más en forma física, con la pinta externa de un atleta, la sonrisa de siempre tan atractiva para el público norteamericano que lo ha tomado como su favorito de corazón, y este año además con el caso de la enfermedad de su mujer, un cáncer de mama que la ha llevado a pasar por diversas operaciones y todavía con un pronóstico incierto, su victoria había sido el mejor de los resultados posibles para este evento de impacto global.

Augusta 2010 ha terminado. Es una semana que pasa volando y que siempre se queda corta. La jornada final fue de una grandísima calidad, aunque los últimos hoyos no tuvieran la emoción de otros años, porque tuvo de todo; golpes buenos, alguno imposible (como el del hoy 13 de Mickelson, o el inesperado eagle de Tiger en el 7); los mejores disputándose el triunfo; con Tiger luchando hasta el final con lo que eso significa para las audiencias; con Lee Westwood como clara alternativa europea a Pedraig Harrington mientras Sergio, lamentablemente, pierde algo de crédito; con Anthony Kim maravillando en 4 hoyos seguidos imposibles de mejorar; con KJ Choi, un coreano, impidiendo que el mercado asiático -tan necesario para el negocio- se enfríe; y en la cima final, con Phil Mickelson paseando su educación, su cercanía al gran público, su comportamiento modélico y su talento por las calles del campo más famoso del mundo antes de enfundarse la chaqueta que lo distingue como campeón.

Por todo eso, el resumen de los expertos del torneo no podría ser otro; Augusta 2010, one definitively to remember.

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