viernes, 30 de abril de 2010

PEQUEÑA INCURSIÓN FUTBOLISTICA Y ROJIBLANCA


Se canta de nuevo eso del "Atleti, Atleti, Atlético de Madrid..." y resulta, después de lo visto en el Estadio de Anfield, Home of Liverpool Football Club, y un excelente recinto deportivo (¿Os quedásteis hasta el final de la retransmisión? ¿Hasta la despedida y cierre de ambos equipos?), resulta, decíamos, que en esos niveles de alto rendimiento, un jugador puede acabar siendo el mejor o un fiasco dependiendo de la confianza que el entrenador y los aficionados logren transmitirle.

Nos envían la siguiente opinión, de un gran conocedor del fútbol.

Reyes ha sido la clave de que el Atelti esté donde está ahora. Tiene una calidad que sólo le superan Iniesta o Xavi, pero un cerebro que si le miden el IQ sale negativo.



Evidentemente es mucho más simple (que no fácil; fácil en el alto rendimiento no hay nada) cautivar, convencer y luego dirigir soldados.
Es decir, ser el rotundo jefe. Pero hay algunos entrenadores que se atreven a ponerse en riesgo, y de vez en cuando les sale bien. Se comenta de Quique Sánchez Flores que es un tío rarísimo; que no socializa, que parece estar pensando sólo en el fútbol como un tema obsesivo, casi de ballet; que además, por lo visto, ha dejado una familia con 4 hijos (chismes, pero que añaden información).

Resulta que existe un IQ que no mide el intelecto sino las emociones. Y que deportistas, músicos, pintores… artistas, desarrollan mucho. El reto verdadero para un entrenador, lo realmente complejo, el esfuerzo intelectual (hacia el jugador concreto y hacia el resto del equipo), podría pasar entonces porque alguien como Reyes (un privilegiado dentro de un campo de fútbol, sin armas fuera de él) pusiera de verdad su privilegiado IQ emocional como un valor al servicio del equipo.

Lo que es evidente es que los dirigentes de la entidad han tenido una suerte notable. No es sólo que un tipo llegue de rebote, pase los primeros meses de rebote y consiga meter al equipo en dos finales casi de rebote (como juego que es, que no deporte, objetivo y proceso en el fútbol están muy poco relacionados)… Es que para una afición como la del Atleti, con tendencias protagonistas y autodestructivas, que el entrenador quiera comunicar un cierto mensaje artístico en el proceso, ¡y le salga bien!, se antoja como fundamental, porque inmediatamente traslada el foco al campo de juego… ¡¡y el aficionado ya sólo tiene una opción; animar a los suyos!! De repente, para ser ahora del Atleti hay que ir a ver a Reyes (hasta que se autodestruya), porque es protagonista futbolístico; y hay que animar al uruguayo aunque no quiera correr, porque se sabe que puede meter goles. E incluso de repente ya se puede ir a ver a Perea, un defensa más o menos competente en función de la energía que el entorno sea capaz de transmitirle...¡como casi cualquier defensa! oh no...

Supongo que nada de esto durará mucho, porque el fútbol no puede atraer de un modo tan masivo solamente con intenciones futbolísticas, sino que es necesario llenarlo de protagonistas externos enfocando la luz fuera del campo de juego. Pero mientras le dure al Atleti, aquí nos provoca un cierto erviosismo, conocido como sensación de camiseta propia de la infancia.

Le preguntó Robinson a Cruyff el porqué de su método futbolístico como entrenador.
"Es bien claro, hombre. Si tengo que sentarme 90 minutos en el banquillo, cada vez que juega el equipo, para aburrirme, encima de lo mal que se ve el fútbol desde ahí... Al menos que los de mi equipo me diviertan..."

...y que los aficionados sean como los del Liverpool Football Club, al menos como los que ayer cerraron el partido entre aplausos, por favor.

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