viernes, 7 de mayo de 2010

ESPERANDO A BOLT


Cuando suene esta tarde la musiquilla del I feel Devotion, himno de Euroliga, las miradas dispersas entre tantos campeonatos se concentrarán en la reunión de Paris. Dejando a un lado los desencuentros por el número de participantes, es incuestionable que el torneo acaba definiendo al corredor más completo del año. Ninguna competición de baloncesto de este calibre llega a proponer tres carreras diferentes antes de entregar la Copa al campeón. La fase regular, 10.000 metros entre octubre y marzo, mostró a Gebresilassie vestido de azulgrana (15-1 sumando el Top 16), un equipo capaz de ganar mucho, sonriendo. Se contaba de sobra con Olympiakos y Csska. Pero también con Panathinaikos, que dio la espantada.

Después vino un playoff exigente, 800 metros con los favoritos dudando en la salida; nada que su zancada de caballo no tuviera tiempo de solucionar. Real Madrid, Vitoria y Prokom fueron incapaces de aguantar dos vueltas al estadio. La cuarta plaza se la quedó el Partizan. Las dudas primero del Madrid y luego del Maccabi fueron resueltas amablemente en Belgrado, con unos fans absolutamente seguros de que allí sólo gana el equipo de casa.


Y por fin, París. En la Ciudad de la Luz -y de la sombra del tapón ilegal de Vrankovic a Montero-, se ha colocado la pista definitiva. Son tres carreras de 100 metros sin margen de error, ni dentro ni fuera de la cancha. Antes de su única victoria en 2003, el Barcelona caía a menudo en la tentación de prevenir la decepción con una puesta en escena equivocada frente al último esfuerzo; “somos los que más veces hemos llegado hasta aquí; y eso hay que valorarlo”. Desde entonces, ya no suele hacerlo. “El mejor es el que gana”, acaba de escribir Epi, el mayor referente sin Copa de Europa que podamos recordar. En Euroliga, guste o no, el mejor corredor solamente es el que acaba siendo mejor velocista de Los Últimos Cuatro.

DIARIO PUBLICO. 7-MAYO-2010

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