lunes, 20 de septiembre de 2010

DIALOGOS EN LA RED


Lo vi, y no he podido resistir la tentación de acercarlo.

Dice un atlético, gran tipo y gran aficionado, sobre la patada del domingo por la tarde:
“La entrada es dura, Ujfalusi va claramente a derribarle porque se le va. Esto es roja y expulsión. Y ahí se debería acabar el tema (…).
…Lo primero es pura mala suerte, no quería darle una patada con los tacos y mucho menos en el pie de apoyo. Las cosas se están sacando de quicio. Estas cosas pasan en este deporte, y yo sinceramente no veo intención de lesionar a nadie…”


Y contesta su amigo, seguramente menos grande y mucho menos aficionado al fútbol.


"Sabía que esto era un buen debate.
Tú no ves intención de lesionar, como la mayoría de atléticos: Mientras tanto, los barcelonistas hubieran metido a Ujfalusi directamente en la cárcel, por asesino.

Habrá que llegar a un punto intermedio, que aproxime la visión subjetiva de los que sienten y padecen, con la necesidad del deporte profesional de al menos parecer un sitio moderno sobre el cual operar con clientes y proveedores de servicios.

Empecemos.
El único que sabe si tenía o no intención de lesionar debería ser el propio Ujfalusi, y voy más allá que tú, aprecidado atlético, en la aventura de opinar: creo que en realidad es incapaz de saberlo. Un defensa, en un minuto 90 de un partido así, bastante tiene con aguantar la tensión y el cansancio (¡lo dan todo!), como para que le hagamos ir más allá del hecho en sí. Y como él no puede (ni debería) discernir sobre su propia intención (¿es ese defensa, observa la foto, su brazo derecho durante el partido, o es su brazo izquierdo el que domina sus impulsos?), debería ser el fútbol, como deporte moderno, el que podría hacerlo por él, con una regla muy simple.

-Todo jugador que se produzca de manera dura con un contrario (la patada de Ujfalusi nadie puede ‘discernirla’ pero cualquiera puede adjetivarla; tú lo has hecho: ‘entrada dura’ ¡Hasta un atlético como tú la adjetivas de forma que el diccionario nos aporta varios sinónimos, todos contundentes: ‘fuerte, áspera, ofensiva, violenta, cruel…!). Decía que todo jugador que se produzca así con un contrario, ya sea la jugada sancionada o no por el árbitro (y el vídeo siempre valdrá como prueba en el ámbito de una liga profesional...necesariamente tecnológica), con resultado de lesión, deberá ausentarse del juego el doble de los partidos que deba ausentarse el jugador lesionado, mientras su club recibirá una sanción económica estándar basada en la proporcionalidad de los días de baja referidos al sueldo del jugador/promedio de la competición que disputa.

De este modo, no sería tildada como una Ley Messi ni siquiera como una Ley Cristiana; y sí lógicamente como lo que es; una ley judía protectora de un negociado con absoluto interés en todas partes.

El apunte “con resultado de lesión”, discutido hace un rato en la comida con tipos tan duros como tú, no es otra cosa quela clave de la sanción y su imprescindible modernidad (salta el párrafo si quieres, y llegarás a la comparativa). “Y entonces, decían los tipos duros, ¿si hace lo mismo y no lesiona, se va de rositas?” Y uno, modestamente, contestaba, “sin lesión, sólo sería entonces aplicable la sanción futbolística actual, tan lírica, tan bien gritada: ‘¡eso es roja y expulsión!; ¿cómo ir más allá, cuando el defensa siempre podría decir que él no estuvo allí, y que si estuvo, no hizo nada, y que si hizo, su acción no tuvo mayores consecuencias que algo más de trabajo para el fisioterapeuta y masajista rival al día siguiente…?

y llegamos, por fin, a la hipótesis comparativa.
Una regla así, supongo, redactaría una liga como la NBA para proteger su negocio de los discernimientos de un defensa en el minuto 90 de un partido… porque, querido atlético que me discutes, queridos barcelonistas si escuchan, y todos los colores intermedios, el fondo del asunto de la patada y sus consecuencias no tiene nada que ver ni con Ujfalusi, ni siquiera con Messi, sino sobre todo con los millones de clientes que dan de comer a los dos protagonistas del ejemplo (mucho mejor, por supuesto, al delantero cazagoles, que al defensa cazatobillos), tan jóvenes -unos y otros-, tan fuertes y millonarios sobre todo los protagonistas que lo quieren seguir siendo. Es a los primeros, a los que sostienen el negocio de las acciones más o menos violentas, a los que el fútbol no debería dudar en proteger; y sólo puede hacerlo (aunque ellos no tengan por qué enterarse) mediante elementos de juicio que eviten al defensa la tentación de encontrar la segunda derivada de su pensamiento entre los minutos 1 y 90 (¿soy, o no soy un tipo violento?). Deberíamos articular el mecanismo del negocio para asegurarnos con una cierta fiabilidad (¡jamás completa, por Dios y por Stephen Hawking!) de que la única tentación de ese defensa será operar en las cercanías del rival sobre la derivada primera de su cerebro.

Si juego, y juega, cobro; si no juega, yo no juego, y no cobro, durante unas jodidas semanas.


Pero, lógicamente, estoy abierto a mejores propuestas… porque ninguna es la panacea; aunque advierto que, mientras tanto, estoy pensando en pedir daños y perjuicios al canal de pago del fútbol por quedarme sin ver a Messi durante un mes y no poder al menos evitar ver a Ufjalusi durante el mismo período…

Y que conste que el checo me cae bien, y que ha sido muy digna, y muy deportiva, su intervención posterior, lo que prueba que es un gran profesional, y que acataría sin dudar las consecuencias de su negocio profesional moderno y orientado al cliente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario