viernes, 24 de junio de 2011

THE NEXT BIG THING


Jim Calhoun (10 de mayo 1942, EEUU) es el entrenador ‘jefe’ de la Universidad de Connecticut, cuyo diminutivo ‘UCONN’ y su apellido ‘HUSKIES’ han sonado bastante este año para los amantes del baloncesto, ya que conquistaron por tercera vez en su historia el campeonato de la NCAA, las prestigiosas siglas universitarias de deporte en Estados Unidos. Si pincháis en su nombre, os he adjuntado la página de wikipedia que detalla su carrera. Con un apunte significativo; Calhoun lleva desde el año 1986 como primer entrenador de baloncesto de esta Universidad.
En Estados Unidos es bastante habitual dejar por escrito las vivencias, las buenas historias que a uno le suceden, con el fin de inspirar a las futuras generaciones. El deporte no es una excepción a esta tendencia, y por supuesto ‘coach’ Calhoun ha dejado su legado; el libro se llama ‘A Passion to Lead'. Hace unos meses, tuve la suerte de recibir un ejemplar en casa, junto a tres más, gracias a mi amistad con Joe Ash, Director de ‘Scouting’ de los Indiana Pacers. Supongo que esto de regalar libros a los amigos se puede ver de dos formas distintas.
1. Una‘americanada’ más.
2. La necesidad de compartir ese concepto difícil de traducir; 'LOVE FOR THE GAME'

Os he dejado aquí, más o menos fielmente, uno de los capítulos finales que me ha llamado mucho la atención. En él, el entrenador Calhoun responde a algo que muchas veces le preguntan: el por qué de su renuncia a liderar un proyecto en la NBA. El nombre del capítulo da título a este post.


(…) La gente asume que al haber tenido éxito en mi carrera como entrenador universitario debería tener algún interés en entrenar en la NBA. Yo lo llamo el ‘factor de ambición’. (…) Es cierto que los entrenadores de la NBA ganan más dinero que nosotros, en general, y que mucha gente percibe el baloncesto profesional como si fuera más prestigioso. Yo no lo veo así. El dinero y el prestigio no siempre es motivo único de felicidad y, además, considero que mi actual trabajo es de un perfil superior al de muchos puestos de primer entrenador NBA.

Gracias al sólido proyecto de baloncesto de la Universidad de Connecticut, tengo mucha más seguridad de lo que tendría si me fuera a la NBA. Soy el responsable del 'programa'. Normalmente, somos capaces de atraer buenos jugadores y casi siempre acabamos luchando por el título de la
Big East Conference (…) La Universidad obtiene mucha publicidad con nuestro baloncesto; los medios nacionales hablan mucho de nosotros, y eso ayuda a la solidez del proyecto.

Hace dos años (el libro se escribió en 2007), cuando Phil Jackson (seguramente el entrenador más reconocido de la historia del baloncesto) tenía que renovar con Los Angeles Lakers, el dueño del equipo, Jerry Buss, intentó convencer a Mike Krzyzewsky (entrenador universitario que lleva 25 años en su mismo puesto; responsable del baloncesto de la Universidad de Duke) para que lo remplazara. (…) Por lo visto Mike se lo pensó seriamente, pero finalmente declinó la oferta. ¿Por qué lo haría?

No lo sé a ciencia cierta, pero supongo que Mike llegó a la conclusión de que, en La Universidad de Duke, y en el baloncesto universitario, tiene un proyecto demasiado bueno para dejarlo. (..) Y tal vez lo más importante de todo acaba finalmente siendo la capacidad que tiene, como yo, de ayudar a modelar la vida de tantos y tantos jóvenes. Esto es un tema tan profundo que, si se valora dentro de cualquier decisión, un cambio de carrera representaría una renuncia tan grande que acaba no mereciendo la pena, incluso hacia un puesto tan atractivo como es el de entrenador de Los Ángeles Lakers”.

lunes, 20 de junio de 2011

EL 'FLIPAO'


Todos saben que en el Ramiro de Maeztu se juega al baloncesto. El club Estudiantes, creado en 1948 por unos alumnos que pidieron permiso al director, Don Antonio Magariños, para jugar "al deporte que viene de Estados Unidos y que no se parece nada al fútbol" (en palabras originales de uno de sus fundadores, Luis Martínez Arroyo), acampó con fuerza en el patio y se quedó para siempre.
Pero no mucha gente sabe que el Ramiro es un colegio por el cual han pasado varios tenistas que intentaban hacerse profesionales. La facilidad para compaginar los estudios y los entrenamientos de tenis que acababa dando el horario nocturno del Maeztu, volvía la mirada de muchos padres y entrenadores que lo veían como la única posibilidad para un adolescente con una raqueta en una mano y un libro en la otra.
En el año 2003, éste mismo que 'bloguea' estaba tratando de movilizar chavales, del horario diurno, para el nuevo invento llamado entonces Series Colegiales. Andábamos por las aulas motivando a los alumnos para que fueran a animar al Ramiro de Maeztu, cosa, por otra parte, impactante para los profesores, que jamás habían pensado que el colegio podía recuperar su nombre para jugar al baloncesto; tan atrevidos fuimos, por cierto, que al nombre original le pusimos hasta apellido; los ‘estudiantes’ de repente eran el Ramiro de Maeztu Delfines. En esas estábamos en el Aula de Música (una de las aulas de música de cole más bonitas de este país, por cierto) con unos 80-90 chavales. La idea era contarles lo que sucedería con Las Series Colegiales: partidos después de clase, todo el colegio animando... en resumen, las típicas ‘americanadas’ para despertarles un interés. De repente, entre risas y comentarios, uno de los chavales se levantó y comentó; "pues aquí hay uno de mi clase que es muy bueno al tenis". ¿Y quién es? Es ese de ahí, se llama Javi.
Nunca se me olvidará la primera imagen del chaval; vestido de chándal (obviamente de marca), con pecas, la sonrisa se le borró de un rostro que dio paso a la preocupación: “ya me han descubierto”, seguro que fue su primer pensamiento. Lógicamente no sabía con quién se estaba jugando el prestigio infantil. Javier Martí, actualmente 250 de la ATP con 18 años (ver foto), tuvo que salir al ‘encerado’ para ser obligatoriamente aplaudido por sus compañeros de clase, y tuvo que responder ¡obli-gatoriamente! a varias preguntas inoportunas para un niño español de 12 años: ¿Por qué juegas tan bien al tenis, Javi? ¿Te gustaría jugar contra los mejores cuando seas mayor? ¿Qué tal llevas los estudios?
Las consecuencias reales de aquel episodio, tan ‘colegial’ y tan ‘americano’, para el preadolescente alumno Martí, (cuya teoría podría haber sido, por ejemplo, la siguiente: qué suerte para el resto de alumnos compartir aula con un chico enfocado hacia una actividad tan universal y con unos valores tan necesarios más allá de la ‘pista’; esfuerzo, concentración, no dar nunca un ‘partido’ por perdido...), se me hicieron presentes el otro día, es decir casi 8 años después, en el Club Ciudad de La Raqueta de Madrid. Compartía una tertulia con los padres de Javi, gerentes de un entorno deportivo que funciona de maravilla, cuando les conté aquel episodio con su hijo. La madre, sorprendida, me respondió riendo; “¿no me digas que fuiste tú el que le hiciste pasar por aquello?” claro, ¿por qué?… “Porque a partir de ese momento su compañeros le llamaban ‘El Flipao’…” –dijo, riendo- ¿Y? –le pedí que continuara-. “No, nada, que como iba con chándal de marca, y se iba de vez en cuando a jugar torneos, los demás le tomaban el pelo”. ¿Y con sus profesores, qué tal? –Seguí insistiendo con curiosidad-. “Con los profesores, imagínate. Ni sabían que jugaba, ni les importaba, claro. A los dos años lo sacamos del colegio porque eras imposible compatibilizar los entrenamientos con el Ramiro. Allí nadie ayudaba”.

Pero, por supuesto, que nadie se preocupe; si en estos meses, en los que está luchando por ser un jugador ATP de referencia, alguno de los chavales de aquella clase lo ve por la tele, en algún reportaje, seguro que comentarán con su entorno: “mirad, mirad, es Javi, mi compañero del Ramiro”. Y que nadie se preocupe; en el Ramiro (y tantos y tantos colegios fuera de 'américa') podrán estar orgullosos de haber colaborado a formar un 'alumno-deportista', con las ventajas sociales y económicas que eso supone para un país. Siempre podrán hacer el papel de Scott Williams, compañero de Michael Jordan en los Chicago Bulls, en la rueda de prensa posterior al encuentro en el cual MJ dejó su mejor marca de puntos en 69: “¿Qué te ha parecido el partido, Scott?” “Bestial. Entre Michael y yo hemos metido nada menos que 71 puntos”.

martes, 7 de junio de 2011

#NADALISMO



“En la pista central de Roland Garros, el domingo, había muchos individuos alentando la derrota del HEXACAMPEÓN español, sin cuidar el mínimo decoro que disimulara sus intenciones” (opinión extraída de twitter al día siguiente)

¡Es indudable, por tanto, que existe una corriente provocada por Rafa!

Nadal es junto a Seve Ballesteros (del que ya comentamos, con motivo de su fallecimiento, su trascendencia en el mundo del golf) y seguramente Miguel Induráin, el único deportista español de la historia con impacto suficiente a nivel individual fuera de nuestras fronteras, y seguramente también es el más conocido de todos, por encima incluso de los futbolistas, ya que su deporte impacta en cualquier rincón del planeta y no ha de compartir ‘cartel’ con compañeros de equipo. Desde que surgió la figura de Nadal, se han ido incrementando sus adeptos incondicionales, sus partidarios. En España su imagen es imbatible. De Rafa se dice que es nuestro mejor embajador. “Es el deportista que todo deporte sueña tener”, y esa parece ser una verdad como un templo. España, por tanto, está llena de ‘nadalistas’ de norte a sur y, a medida que se incrementan sus logros, la admiración crece de forma evidente. Sin embargo, durante la final de Roland Garros, se sintió de un modo también evidente la reacción contraria. Quiere esto decir que ‘la corriente Nadal’ tiene sus detractores; que existe el ‘anti-nadalismo’, si se permite la expresión.
Empecemos analizando el hecho previo; el juego del tenis. Los tenistas descienden por línea ‘genético-deportiva’ de un señorito anglosajón que, con la vida resuelta, puso una red en mitad de su perfecto jardín para divertirse un rato. Si a esta caricatura le añadimos la perfección técnica hasta niveles de ‘Religious Experience’ (como escribió David Foster Wallace, un maldito y genial escritor estadounidense con un joven cadáver) tendremos lo más parecido a Roger Federer. Sin lugar a dudas, el individuo que mejor ha ‘interpretado’ el tenis de la historia.
Roger es la perfección de la ‘prima donna’, en un juego tan asociado a la ‘finneza’ como el engaño al área de penalti. Suficientemente distante, tirando a educado, técnicamente inmejorable (con lo que eso significa para los millones de niños que lo observan), el suizo es un ser humano sin excesivas virtudes pero con un don en la raqueta. Un tipo contra el cual sus rivales siempre han podido perder como el tenis merece, es decir, sin darle la más mínima importancia, pues, simplemente, jamás podrán jugar como él, y frente al que los diferentes públicos no podrán sentir sino la esencia de un invento tan británico; el profundo respeto que dispensaría un amante de la ópera a cualquier individuo a la hora del té sobre un manto verde con una red en medio.
Roger, por tanto, era el número uno ideal de este invento. El jugador aristocrático que todo tenista ha soñado con ser. Un tipo normal, con sus virtudes y defectos, a los mandos de una raqueta de leyenda, provocando un ‘oh’ y un ‘ah’ tras otro en amigos y rivales, desde Australia a Norteamérica pasando por Francia y Great Britain.
Y en esas estábamos, tan relajados, cuando un chaval de Manacor que crecía en un entorno de deportistas (¡incluso de futbolistas!), sin un mísero jardín donde tomar el té con una red en medio, y con la técnica del tenis enseñada por un hermano de su padre como simple herramienta para poder explorar, en realidad, los límites de la voluntad del ser humano ante cualquier reto, se entrenaba.
Mientras Roger jugaba y fluía, Rafa iba haciéndose un hombre, acampando su masculinidad poco a poco en el entorno de un bello juego con un finísimo patrón dominante.
Llegados a este punto del análisis, debo reconocer que en las primeras ocasiones en las que se enfrentaron Federer y Rafa, de una forma visceral también me sentí inclinado a desear la victoria del suizo, incluso la de cualquier otro rival que se enfrentara al tenista de Manacor, circunstancia que me sorprendió mucho, y que lógicamente llamó poderosamente la atención en mi entorno (con mayoría abrumadora de españoles, un ambiente, por tanto, lleno de ‘Nadalistas’ también viscerales), pero que tal vez me ha hecho reflexionar algo más de lo normal sobre lo que Rafa significa y provoca, que es mucho y muy potente, y como vimos ayer en París no tan homogéneo como sentimos en España.

El ‘Nadalismo’ resulta más apasionante porque existe el ‘Anti Nadalismo’. Os lo dice un enamorado del tenis que ha llegado a la conclusión de que jamás nadie jugará al tenis como Federer… pero que cada vez está más convencido de que Nadal es el firme candidato a ser el mejor jugador de todos los tiempos, con permiso de Rod Laver.