jueves, 13 de octubre de 2011

HARPER WILLIAMS Y SU COACH PERSONAL



Colaboración especial para la página web BASKET AND TALENT.


Muchos de los aficionados más veteranos al baloncesto conoceréis a Harper Williams. Aunque Harper llegó a España en 1993, con tan solo 22 años, su carrera deportiva se alargó del tal modo en nuestro país que en el año 2009 todavía estaba dando guerra por la Liga Leb, concretamente en el Cáceres. No sé si tantos sabréis, sin embargo, que uno de los jugadores americanos con la carrera más extensa en España, tenía una de las trayectorias infantiles más complejas que al menos yo recuerdo entre todos mis compañeros de profesión. Harper procedía de la zona este de Estados Unidos, concretamente de Bridgeport, en Connecticut, de un entorno muy complicado; de uno de los barrios más conflictivos del país. Gracias al baloncesto, Harper consiguió una beca en la Universidad de Massachusetts, prestigioso programa universitario americano. Pero tanto en esa época, como en su andadura profesional en Europa, Harper siempre necesitó la compañía de una persona que era como un padre para él; su tutor Len. Cuando Harper llegó a Estudiantes en 1994, equipo en el que coincidimos, nos chocó el hecho de que su tutor estuviera junto a nosotros prácticamente toda la pre temporada.
Aquel año, Estudiantes había vuelto a rejuvenecer su plantilla, y solamente Juan Antonio Orenga, con 27 años, podía considerarse un veterano, pero en los años anteriores los jugadores norteamericanos del equipo habían sido jugadores de más edad con sus familias en Madrid. La juventud del jugador que tenía que ser una de las estrellas, y la compañía permanente de Len, llamaban mucho la atención. Inmediatamente, sin embargo, nos dimos cuenta del porqué de su presencia en Madrid.

Harper, un magnífico chaval, tenía una formación vital que los norteamericanos denominan ‘street boy’, un ‘chico de la calle’. Esa parte de su personalidad social, tan distinta a la de la mayoría de nosotros, afloraba en muchos momentos durante los entrenamientos, partidos o viajes, en forma de comportamientos muy difíciles de comprender y por tanto controlar. Harper tenía verdaderos problemas, por ejemplo, para aceptar la autoridad del entrenador en momentos de tensión o la de los compañeros en determinadas situaciones del juego, provocando con ello situaciones que pocas veces habíamos vivido en Estudiantes con anterioridad. Poco a poco, con el esfuerzo de un grupo extraordinario, (me acuerdo especialmente de la labor de Mike Hansen, jugador que volvía a España tras su etapa en la Universidad de Louisiana State University, por su perfecto conocimiento del inglés y su experiencia con chicos de ese entorno en Estados Unidos, pues muchos de ellos son excelentes atletas con beca universitaria), con el esfuerzo por supuesto de Len, al que todos acogimos casi como un miembro más del staff técnico, (viajaba con nosotros en el autobús y en los aviones, y dormía en los mismos hoteles), y por supuesto con el esfuerzo del propio Harper, un magnífico chico al que se le había privado simplemente de un entorno infantil capaz de transmitir valores y comportamientos, logramos completar una buena temporada como equipo, llegando a las semifinales de la Liga ACB y de la Copa del Rey.

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